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El pueblo Wounaan resiste al terremoto y al desplazamiento forzado

Historias

El pueblo Wounaan resiste al terremoto y al desplazamiento forzado

21 Septiembre 2026
Mujeres Wounaan de espaldas frente a imágenes religiosas

Mujeres Wounaan participan en un ritual de sanación tras el terremoto, en el resguardo Puerto Pizario  ubicado a orillas del bajo río San Juan. 

"Después del terremoto, estamos en un espacio de ritual, pidiendo por la sanación de toda la humanidad”, señala Darío Chamapuro García, Consejero de Derechos Humanos del pueblo Wounaan.

El terremoto del 10 de agosto impactó con fuerza al pueblo indígena Wounaan, que ya sufría una prolongada crisis humanitaria. “Hay familias que se encuentran sin hogar, perdieron todo lo que tenían. Hay daños en viviendas, escuelas y centros de salud. Tenemos familias en el albergue y necesitamos apoyo para alimentar especialmente a los niños”, enfatiza Dario Chamapuro.

En el Pacífico colombiano, los territorios ancestrales del pueblo indígena Wounaan se extienden por distintas zonas del Chocó y el Valle del Cauca, incluyendo el Bajo San Juan, el Bajo Baudó, Juradó y el Bajo Atrato.

En estos territorios, el pueblo Wounaan resiste desde hace décadas al conflicto armado, el confinamiento y el desplazamiento forzado. Tal es su intensidad, que en 2009 la Corte Constitucional declaró el riesgo de extinción física y cultural de este pueblo.

Para documentar y evaluar estos impactos, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, junto con UNICEF y ONU Derechos Humanos, recorrieron estas comunidades en el Bajo Calima (Valle del Cauca) y el Litoral del San Juan (Chocó).

El terremoto afectó viviendas, escuelas, muelles, centros de salud y espacios comunitarios y espirituales de varias comunidades Wounaan, agravando aún más las difíciles condiciones históricas y los impactos del conflicto armado que ha vivido este pueblo.

Las múltiples afectaciones profundizan las necesidades de las comunidades y, especialmente, las de mujeres, niños y niñas que hoy no pueden asistir a la escuela y enfrentan episodios recurrentes de miedo y llanto.

Hay familias que redujeron sus actividades agrícolas, de pesca y cacería por temor a nuevos sismos, lo que aumenta la preocupación por el acceso a alimentos. La vida comunitaria está trastocada por los daños en sus espacios colectivos.

"Para las comunidades Wounaan, acceder a sus medios de vida se ha vuelto muy difícil. Ir a cultivar es prácticamente imposible y, si no hay una respuesta oportuna, la población podría enfrentar una situación de hambre”, señala Giovanni Lepri, Representante de ACNUR en Colombia. “Son comunidades que ya estaban aisladas y que ahora enfrentan una afectación adicional por el terremoto. Hoy, más que nunca, requieren nuestro acompañamiento".

El terremoto también afectó a comunidades Wounaan desplazadas forzadamente y asentadas fuera de sus territorios ancestrales. En Bugalagrande (Valle del Cauca) y Quibdó (Chocó), familias Wounaan perdieron en cuestión de segundos las viviendas construidas con tanto esfuerzo tras huir de la violencia.

"El terremoto hizo aún más visible la necesidad de contar con viviendas dignas para nuestras familias. Los techos ya no aguantan las lluvias o los vientos fuertes; nuestras paredes y nuestra confianza están fracturadas", señala Nevilio Chivirico, gobernador del Cabildo Indígena Wounaan en Bugalagrande.

El pueblo Wounaan ha resistido históricamente para preservar sus territorios, cultura y autonomía. Sin embargo, el conflicto armado, el confinamiento, el desplazamiento forzado y las presiones sobre sus territorios se han agravado durante los últimos años.

Solo durante 2026, según el monitoreo de ACNUR, unas 3.750 personas en el Litoral del San Juan han sido declaradas en situación de confinamiento debido a la presencia y enfrentamientos entre grupos armados no estatales. En los municipios de Bajo Baudó y Juradó, otras 7.080 personas pertenecientes a comunidades indígenas Wounaan han sufrido diferentes situaciones de confinamiento en sus territorios.

A las restricciones de movilidad, que dificultan el acceso a tierras de cultivo, pesca y caza, se suman ahora los impactos del terremoto. Emergen necesidades urgentes de asistencia alimentaria, apoyo psicosocial y recuperación de infraestructura educativa, comunitaria, espiritual (como las casas de rogativas) y de salud.

Junto a las alcaldías, la Defensoría del Pueblo, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) y otros actores humanitarios, ACNUR ha entregado lámparas solares, e insumos básicos de higiene y hábitat para las personas y comunidades más vulnerables.

Considerando los conocimientos y prácticas tradicionales Wounaan, ACNUR avanza en la donación de materiales para la construcción y reparación de casas culturales, fundamentales para el bienestar físico, cultural y espiritual de las comunidades.

Pero aún queda mucho por hacer. Mientras la atención sobre el sismo disminuye, la emergencia humanitaria que enfrenta el pueblo Wounaan continúa.