Cerrar sites icon close
Search form

Search for the country site.

Country profile

Country website

Familias afectadas por el terremoto en el noroeste de Siria necesitan ayuda para sobrevivir

Historias

Familias afectadas por el terremoto en el noroeste de Siria necesitan ayuda para sobrevivir

Después de reconstruir su vida tras huir del conflicto, la catástrofe de febrero forzó a Shamseh y a su familia a instalarse en un remoto campamento donde, como millones de personas en toda la región, necesitan ayuda urgente.
27 April 2023
Shamseh y sus hijos frente a su alojamiento en el asentamiento de desplazados internos de Barmaya, en el distrito de Afrin, noroeste de Siria.

Shamseh y sus hijos frente a su alojamiento en el asentamiento de desplazados internos de Barmaya, en el distrito de Afrin, noroeste de Siria.

Tres años después de escapar de los bombardeos de su ciudad natal, Andzara, cerca de Alepo, en 2020, Shemseh y su familia por fin sintieron que sus vidas volvían a la normalidad. Después de huir a la ciudad de Jandairis, en el distrito de Afrin, al noroeste de Siria, habían alquilado una casa, su hijo mayor asistía a una escuela local y la pareja acababa de tener su cuarto hijo.

Pero el 6 de febrero, sus vidas volvieron a sumirse en el caos tras los fuertes terremotos que sacudieron el norte de Siria y el sur de Turquía, que causaron la muerte de más de 56.000 personas y desplazaron a millones más en los dos países.

“Estábamos durmiendo cuando la tierra empezó a temblar. Recuerdo que corrí a buscar a mis hijos y salí corriendo”, relató Shamseh. “Nuestra casa no se derrumbó, pero sufrió daños”.

Tengo miedo de regresar a mi casa

Sin otro lugar adónde ir, se reunieron con familiares que vivían en un remoto campamento rural para personas que habían sido desplazadas previamente durante los 12 años de crisis en Siria, uniéndose a más de 100 familias que se quedaron sin hogar a causa del desastre natural. Tiendas de campaña y otros alojamientos improvisados salpican la ladera baja y rocosa del asentamiento de Barmaya, que no dispone de instalaciones de saneamiento ni electricidad y se encuentra a 10 kilómetros de la fuente de agua más cercana.

La pareja y sus cuatro hijos se apiñaron en un refugio de paredes bajas de barro y piedra cubierto con un techo de láminas de plástico. Shamseh contó que un día encontró una serpiente en el alojamiento, pero comentó que vivir ahí seguía siendo preferible a volver a la casa que habían alquilado.

“Tengo miedo de regresar a mi casa en Jandaris”, explicó. “Necesitamos comida, ropa para nuestros hijos y agua corriente, [pero] quedarnos aquí en una tienda de campaña sigue siendo más seguro que quedarnos ahí en un edificio”.

Empeoramiento de la crisis humanitaria

Incluso antes de que se produjeran los terremotos, el nivel de sufrimiento humano en el noroeste de Siria era inmenso. Dos tercios de la población total de 4,5 millones de personas ya habían sido desplazadas durante el largo conflicto del país, mientras que más de 4 millones dependían de la ayuda humanitaria para cubrir sus necesidades.

Después de la catástrofe, la situación se ha vuelto aún más crítica. Miles de familias como la de Shamseh, que antes podían mantenerse por sí mismas, lo han perdido todo, lo que agrava la necesidad urgente de asistencia de primera necesidad, como alojamiento, alimentos, agua, atención de salud y saneamiento.

Hacer llegar la asistencia a quienes la necesitan con urgencia supone otro gran reto, ya que la entrega de ayuda en la zona depende en gran medida de los convoyes transfronterizos procedentes del sur de Turquía. ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, estableció sus operaciones transfronterizas en 2014, trabajando con ONG locales para entregar artículos domésticos básicos y soluciones de alojamiento, así como servicios de gestión y protección de campamentos, incluidos apoyo psicosocial y asesoramiento sobre derechos de propiedad y acceso a documentación civil.   

En respuesta a los terremotos, ACNUR puso inmediatamente a disposición suministros de ayuda de sus almacenes para cubrir las necesidades más urgentes y ha ampliado sus operaciones en la región. Entre las personas que han recibido ayuda se encuentra Shamseh, quien recibió recientemente una tienda de campaña de ACNUR, que proporcionará a su familia un lugar seguro para dormir y les permitirá utilizar su anterior alojamiento como área de cocina.

La hermana de su esposo, Warda, viuda y madre de ocho hijos y quien se mudó con ellos a Barmaya después del terremoto, describió los constantes desafíos a los que se enfrenta para cuidar de sus hijos en el remoto asentamiento.

“No tenemos letrinas ni duchas, así que tenemos que bañarnos dentro de nuestras tiendas”, explicó. “Recibimos agua del camión [cisterna], pero no tenemos mucha y no es suficiente para lavar nuestra ropa, nuestras sábanas y a nosotros mismos. Recogemos leña de la montaña y cocinamos dentro de nuestro alojamiento”.

Perder la educación

Sin embargo, la preocupación más acuciante para ambas mujeres es la falta de educación de calidad para sus hijos y lo que esto significa para su futuro. El hijo mayor de Warda ya ha tenido que abandonar la escuela para encontrar trabajo con el que mantener a su madre y a sus hermanos, mientras que Hasna, la hija mayor de Shamseh, de 7 años, asiste a una pequeña escuela cerca del campamento.

“Tengo miedo de que mis hijos no reciban una buena educación”, señaló Shamseh. “La escuela de Jandairis era mucho mejor. Esta es provisional y tiene pocos profesores”.

Tras haberlo perdido todo dos veces, Shamseh y su familia – como millones de personas en el noroeste de Siria – se aferran ahora a la supervivencia y dependen de la asistencia humanitaria continua para mantenerse a flote. Sin saber cuándo podrán regresar a su hogar o ver una mejora en su situación, las esperanzas de Shamseh para el futuro son sencillas.

“Todo lo que quiero es paz y una buena educación para mis hijos”.