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Un periodista iraquí perseguido se forja una nueva vida en Rumania

Historias

Un periodista iraquí perseguido se forja una nueva vida en Rumania

An Iraqi journalist is targeted, kidnapped and held captive for three months before escaping. After a perilous journey, he finds refuge in Romania. [for translation]
16 July 2012
Saad practica sus habilidades con el balón ceca de la fuente de los Puntos Cardinales, en Rumania. Saad, un periodista iraquí, fue perseguido por ejercer su profesión y ahora está refugiado en Rumania.

TIMISOARA, Rumania, 16 de Julio (ACNUR) – De niño Saad* tenía los mismos sueños que millones de niños en todo el mundo: al principio quería ser piloto y después jugador de fútbol profesional. Pero la guerra de Irak lo cambió todo y decidió que quería contarle al mundo el sufrimiento que se vivía en su tierra.

Se convirtió en un periodista político para intentar darle un sentido al mundo que le rodeaba y explicárselo a los demás. Pero lo que comenzó como una inspiración lo llevaría a ser víctima de la persecución y, finalmente, a huir de Irak. Hoy este joven de 28 años vive en Rumania y es feliz intentando retomar su carrera lejos del peligro.

Saad trabajó en un diario nacional en Bagdad durante tres años. Trabajó sin descanso para buscar la verdad pero pronto descubrió que en el Irak asolado por la violencia el periodismo era "más peligroso que otros trabajos porque eres perseguido por muchos grupos".

Pronto se convirtió en un objetivo a causa de sus historias. Le seguían y recibió cartas amenazadoras, pero el asesinato de un compañero delante de él fue especialmente duro de afrontar. En octubre de 2009 Saad fue secuestrado y estuvo cautivo durante tres meses. Pensó que nunca saldría con vida. "Fue muy difícil. Vi a la muerte, mi propia muerte, muchas veces, miles de veces" cuenta al equipo de ACNUR.

Cuando ya casi se había rendido, Saad logró escapar durante una operación de búsqueda de las tropas americanas. Tras permanecer en una casa durante una noche, el periodista decidió huir de Irak a petición de su familia. Todavía está preocupado por su familia y por cómo su caso les afectó.

Saad logró llegar a Turquía con la esperanza de poder alcanzar Alemania, donde pensó que estaría más seguro. Dice que pagó 12.500 dólares a los traficantes del norte de Turquía pero el viaje que hizo en camión fue todo un reto. Estuvo confinado en un pequeño espacio tras la cabina del conductor, junto a un iraquí kurdo que también intentaba llegar a Europa.

"Era difícil respirar. No te podías mover. Era invierno, el mes de febrero, pero sentíamos calor porque el espacio era muy pequeño" recuerda Saad, que dice que no podían comer, beber o ir al baño. Ahora maldice a los traficantes, a los que llama "mercaderes de carne humana", que le trataron meramente como "dinero andante".

Después de tres días de viaje el camión fue registrado en la frontera entre Rumania y Hungría y Saad y su compañero fue detenido por las autoridades rumanas. "Vi nieve a mi alrededor, era la primera vez que veía la nieve. Me di cuenta que estaba realmente lejos de mi país. Quizás estaba a salvo."

Después de solicitar asilo en Rumania, Saad recibió finalmente el estatuto de refugiado en noviembre de 2011. A diferencia de muchos otros refugiados en Europa central, él no tiene previsto irse al oeste. Hoy vive en una animada zona de estudiantes de Timisoara, la segunda ciudad de Rumania, y poco a poco está reconstruyendo su vida. "Era mi destino estar con gente aquí. En pocos días ya había hecho amigos" dice.

Saad ha aprendido rumano y trabaja como freelance para un periódico local, aunque todavía no gana lo suficiente con su trabajo como periodista como para vivir de ello. Su sueño es cubrir grandes noticias, incluso de política internacional, para un gran medio.

Este joven iraquí agradece el apoyo que recibe de los rumanos, entre ellos de los periodistas locales, que le están dando una oportunidad. Y aunque reconoce que las cosas no serán fáciles en una Rumania deprimida económicamente, Saad sigue siendo optimista y decidido.

"Nada es imposible" reflexiona. "Llegué a Rumania. Pensé que ni siquiera sobreviviría aquí, pero después de dos años conozco el idioma e incluso trabajo como periodista. Quizás es difícil para otras personas, pero yo puedo hacerlo".

Y aunque su sueño de infancia de convertirse en jugador de fútbol profesional nunca se hizo realidad, el deporte sigue siendo una parte importante en la vida de Saad. Juega al fútbol y corre dos horas cada día para mantenerse en forma física y mentalmente. "Cuando practico deporte no pienso en otras cosas" dice, añadiendo: "lo dejo todo atrás".

* Nombre cambiado por motivos de protección

Por Ariane Rummery en Timisoara, Rumania