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Nuevo asentamiento revive la esperanza de los refugiados que huyen del conflicto en Somalia

Historias

Nuevo asentamiento revive la esperanza de los refugiados que huyen del conflicto en Somalia

Tras huir de los enfrentamientos en busca de protección en Etiopía, Hinda y sus hijos se han unido a otras personas refugiadas en un nuevo sitio en Mirqaan, donde planean empezar de nuevo en condiciones seguras.
11 May 2023
Hinda Mahdi y sus hijos fueron parte del primer grupo de personas somalíes refugiadas que fue reubicado en el nuevo asentamiento de Mirqaan, en la región somalí de Etiopía.

Hinda Mahdi y sus hijos fueron parte del primer grupo de personas somalíes refugiadas que fue reubicado en el nuevo asentamiento de Mirqaan, en la región somalí de Etiopía.

Hinda Mahdi y sus hijos se estremecieron con el abrupto cierre de la puerta a sus espaldas. Su familia es la última que abordó el transporte a Mirqaan, un nuevo asentamiento en la región somalí de Etiopía en el que se espera albergar a personas somalíes que huyen de la violencia en su país. El portazo evoca, momentáneamente, aquel día de febrero en que los disparos y los gritos interrumpieron los rezos matutinos.

“Parecía que todo el mundo había perdido la cabeza”, señaló Hinda Mahdi, una madre de 30 años. “Los disparos se escuchaban por todos lados, por toda la casa”. Una vecina de Hinda y sus ocho hijos fueron asesinados en el fuego cruzado, y la casa de Hinda quedó hecha cenizas. Su esposo sigue desaparecido. “No sé si está vivo o muerto”, comentó.

Hinda y sus hijos se sumaron a un grupo que huyó de la ciudad de Laascaanood, en la región de Sool, Somalia, en busca de protección en Etiopía, un país vecino. Desde que empezaron los enfrentamientos (a mediados de febrero), casi 100.000 personas de Somalia han cruzado la frontera. Muchas de ellas son mujeres, niñas y niños, así como personas mayores o con discapacidad, quienes han llegado a un área con pocos recursos que ha sido golpeada por la sequía. 

La travesía de Hinda y de sus hijos comenzó con una caminata de tres horas y continuó en un autobús en el que cruzaron la frontera. Luego de haber llegado a Etiopía, un conductor les sugirió dirigirse a Goob, un pequeño pueblo a unos once kilómetros de la frontera en el que podrían rentar un lugar donde vivir.

“Debo pagar quince dólares al mes por este lugar. Estando sola y sin trabajo, no puedo costearlo. No puedo hacerlo sola”, compartió Hinda, quien describió la cómoda vida que llevaba en Laascaanood, donde todos sus hijos asistían a la escuela y la familia contaba con un ingreso seguro, que se obtenía de un negocio familiar de carnicería.

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Personas en grave situación de vulnerabilidad

Desde que empezaron a llegar las personas refugiadas, el Servicio para refugiados y retornados del Gobierno de Etiopía, la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y otras agencias humanitarias se han apresurado para apoyar a los recién llegados y brindar asistencia a las personas en mayor situación de vulnerabilidad (entre ellas, Barbaqad Abdi Aden, un joven de 27 años).

Si bien nació con una discapacidad, Barbaqad Abdi Aden estudiaba ciencias computacionales en Laascaanood y soñaba con convertirse en profesor algún día. Cuando empezaron los enfrentamientos, escuchó disparos afuera de su casa.

“Los bombardeos y los asesinatos ocurrían a plena luz de día. Cada quien empezó a correr hacia distintos lugares”, recordó mientras describía cómo se separó de su familia. “Me tomó una semana llegar a la frontera con Etiopía. Saludé a un conductor que iba pasando; él me ayudó”.

Barbaqad enfrentó dificultades al tratar de integrarse en el pueblo de Goob, donde sufrió discriminación por vivir con una discapacidad, así que permaneció en las afueras, junto a amistades con las que se reencontró en Etiopía.

Más de 84.000 personas somalíes refugiadas han recibido productos alimenticios del Programa Mundial de Alimentos; por otra parte, las personas con necesidades más apremiantes han recibido mantas y otros artículos esenciales. Sin embargo, en vista de que más y más personas llegan cada día para escapar de la incesante violencia en su país, las necesidades continúan creciendo.

El 22 de marzo, junto con otros socios humanitarios, ACNUR publicó un plan de respuesta para los refugiados en el que solicita $116 millones de dólares (USD) para satisfacer las necesidades de las personas refugiadas y de las comunidades de acogida en el área.

Un gran número de refugiados ha sido acogido por familias etíopes en sus propias casas; la mayoría, no obstante, se está alojando en sitios informales, albergues hacinados, escuelas y centros médicos, o bien duermen a la intemperie.

En respuesta a la situación, el Gobierno de Etiopía destinó 400 hectáreas de tierra para instalar un asentamiento al que puedan trasladarse las personas refugiadas recién llegadas. ACNUR y sus socios han desarrollado el sitio y, con apoyo de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en abril arrancó la reubicación de cientos de refugiados al día.

Apoyo para las personas refugiadas y las comunidades de acogida

Hinda y su familia hacían parte del primer grupo de refugiados somalíes que llegó, en autobús, a Mirqaan. Se les asignó una tienda de campaña familiar y se les facilitó el acceso al agua. Hinda se registró para recibir la ayuda que tanto necesitaba y, ahora, es una líder comunitaria que está ayudando en la instalación del sitio.

“Me siento muy feliz. Me alegra haber llegado a Mirqaan”, confesó esta mujer que estaba por quedarse sin recursos económicos y sin opciones en Goob. Con miras al futuro, Hinda espera que sus hijos puedan reanudar sus estudios. “Mis hijos iban a la escuela [en Somalia], así que espero que aquí puedan seguir estudiando. Sueño con que mis hijos reciban una buena educación”.

ACNUR ha estado colaborando con las autoridades locales de Mirqaan y de otras localidades en la zona de Doolo, donde las personas refugiadas desean permanecer, para ayudarlas a integrarse, convivir y coexistir con las comunidades de acogida. En Mirqaan, ACNUR y sus socios han estado evaluando las necesidades existentes para garantizar que todo apoyo que se brinde abone al bienestar tanto de los refugiados como de quienes les han dado acogida. Hasta ahora, para apoyar la respuesta del centro médico de Mirqaan a ambas poblaciones, ACNUR ha logrado suministrarle medicamentos y agua.  Se tiene previsto ampliar el apoyo a otras áreas que han dado generosa acogida a las personas refugiadas.

“El Gobierno de Etiopía, ACNUR y sus socios están haciendo todo lo posible para facilitar la inclusión de los refugiados en las comunidades locales y para que, con nuestro apoyo, puedan compartir los servicios”, explicó Hughes Bissot, coordinador de emergencia de ACNUR. “Hemos estado colaborando con nuestros socios para mejorar esos servicios aumentando la capacidad de las escuelas y de los centros de salud, lo cual beneficiará tanto a las personas refugiadas como a las comunidades de acogida”.