Hassan y Marzia se preparan para pasar un Año Nuevo muy especial – el primero que pasarán juntos después de 10 años de estar separados. Para este joven matrimonio afgano, reencontrados en Chile en el mes de agosto, el Año Nuevo llega en medio de su segunda luna de miel.
Hassan tenía 18 años y Marzia 14 cuando se casaron. A los pocos meses, Hassan huyó a Azerbaiján debido al conflicto desatado en Afganistán. Ambos creyeron que se reunirían más tarde en aquel país, si embargo esto no ocurrió.
La situación en Afganistán empeoró y Hassan perdió todo rastro de ella y de su familia. Cuando terminó sus estudios en Azerbaiján, además de extrañar profundamente a su mujer, experimentó graves problemas para obtener documentos que lo habiliten para trabajar y ganarse la vida.
Fue entonces cuando descubrió, a través de la agencia de la ONU para los refugiados, que tenía la posibilidad de ser reasentado en Chile. Le pareció una buena oportunidad para un nuevo comienzo. Llegó allí en marzo de 2003 con tres refugiados afganos, un refugiado iraquí y un iraní.
Aunque nunca perdió la fe de que iba a encontrar a su esposa, jamás se hubiera imaginado tener noticias de Marzia estando en Sudamérica. Hassan aún se emociona mientras recuerda cómo en abril de 2003, recibió un dato que le permitió estar hoy con su esposa. “Durante años no supe nada de ella, aunque también me estaba buscando a mí. Hasta que una persona me comentó que una familia en Pakistán estaba buscando a alguien con mi nombre. Era la familia de Marzia.”
Un llamado telefónico confirmó lo que parecía algo demasiado bueno como para ser verdad. A partir de ese momento, el tiempo hasta que pudiese verla nuevamente parecía estirarse infinitamente. No obstante, Hassan hizo todo lo posible para integrarse a la sociedad chilena. Aprendió español, que hoy domina perfectamente e hizo amigos chilenos. También trabajó en un negocio de alfombras, cuyos dueños son afganos, uno de ellos refugiado.
El ACNUR llevó a cabo el procedimiento para la reunificación, el momento de su llegada se acercaba. Muy consciente de los cambios que habrían atravesado desde que habían estado juntos, Hassan enfrentó con entusiasmo el desafío de la reunificación en un contexto tan diferente.
Sin embargo, en el día del tan esperado encuentro con su mujer, sus nervios lo traicionaron. ¿Le gustaría a ella vivir en la casa que alquilaba? ¿Se adaptaría a la vida en una sociedad tan diferente? ¿Sería feliz? Las dos horas de demora del avión no ayudaron, tampoco el equipaje perdido. Finalmente llegó a Santiago.
A pesar de las difíciles primeras semanas, ya que Marzia extrañaba a su familia, lloraba con frecuencia y casi no comía, el optimismo de Hassan no fue en vano. Marzia pronto comenzó a tratar de adaptarse a la sociedad chilena, atiende regularmente las clases de español y ya está pronunciando sus primeras frases en ese idioma.
La llegada de Marzia fue noticia y dondequiera que vaya es bien recibida. “Aún me cuesta creer que estamos juntos otra vez”, expresa, “Cada día que pasa me voy sintiendo más cómoda y estoy contenta de estar aquí”. Hassan, quien brinda a su esposa todo el cariño que ha querido darle en estos largos años, también es un nuevo hombre: más abierto, seguro de sí mismo y lleno de planes para el futuro.
El programa de reasentamiento
Como Hassan, más de 100 refugiados originarios de la ex Yugoslavia, Irak, Afganistán y posteriormente, en su mayoría de Colombia han encontrado una segunda oportunidad en Chile. Estos refugiados han llegado de otros países al que habían huido primero, y en los cuales continuaron atravesando problemas de protección, o enfrentaban serios obstáculos en la integración.
El programa de reasentamiento en Chile se inició en el año 1999 cuando el Gobierno de Chile, la Vicaría de Pastoral Social y el ACNUR firmaron un acuerdo para recibir a un grupo de 27 refugiados de la Ex Yugoslavia. Esa primera experiencia no fue fácil, en especial debido a que los refugiados no estaban lo suficientemente preparados para enfrentar los problemas económicos, como les toca vivir a todos los refugiados que llegan a un nuevo país.
Su descontento en los primeros meses repercutió también entre todos los que habían trabajado para recibir a los refugiados y facilitar su integración – el Gobierno de Chile, la agencia de la ONU para los Refugiados y su socia local la Vicaría de Pastoral Social.
Esta experiencia sirvió para aprender y replantear ciertos aspectos del programa. Por ejemplo se ha dado crucial importancia a asegurar que previo a su llegada los refugiados tengan acceso a la mayor cantidad de información posible acerca de las condiciones de vida en Chile y sobre los desafíos que probablemente deban enfrentar en especial durante la primera etapa en el nuevo país.
Para brindar la información en un formato accesible, el ACNUR junto con el gobierno Chileno y la Vicaría han producido un video que describe la vida en Chile y el cual muestra los testimonios de otros refugiados que viven en el país.
Marta González coordinadora del Area de Refugio de la Vicaría explica que el programa ha tenido una evolución positiva en estos años. “El programa ha ido creciendo. Hoy existe un enfoque más integral y multidisciplinario que permite apoyar y facilitar mejor el proceso de integración de los reasentados, con más actores involucrados. Esto ha ayudado definitivamente a los refugiados”, dijo.
González también cree que este enfoque integral ha acelerado la inserción de los refugiados en el mercado laboral. Es así como actualmente aproximadamente el 80% de ellos está trabajando, en áreas tan variadas como venta de seguros, chofer de camiones y algunos incluso han abierto un cíber café.
Todos han recibido orientación sobre el mercado laboral, apoyo en la búsqueda de trabajo y según sus necesidades, capacitación laboral y pequeños préstamos otorgados por ACNUR y la Vicaría.
Últimamente el Gobierno de Chile ha hecho importantes avances para demostrar su continuo compromiso con el reasentamiento –una prioridad contemplada en el Plan de Acción de Mexico. Uno de los principales avances en este ámbito ha sido la creación en abril de este año de la Sección de Refugio y Reasentamiento del Departamento de Extranjería y Migración del Ministerio del Interior, actualmente presidido por Gabriela Saavedra.
Saavedra explica que el programa de reasentamiento refleja el compromiso del Gobierno de Chile por expandir las responsabilidades hacia los refugiados según lo establecido en la Convención de 1951, ratificada en 1972. “En nuestro país los refugiados que no han podido reconstruir sus vidas en el primer país de asilo, ahora pueden vivir en paz”, dice. “Tienen acceso a documentos de identidad y a una visa que les permite nacionalizarse en Chile. Pueden buscar empleo, un lugar donde vivir, y pueden mandar a sus hijos a la escuela”.
El gobierno también aprobó recientemente la llegada de un grupo de 18 refugiados colombianos que estarán a Chile probablemente a principios de 2006.
Mientras tanto, Hassan y Marzia continúan celebrando.
Fabiola Aburto en Santiago y Nazli Zaki en Buenos Aires
Fecha: 30 Diciembre 2005