Bangladesh: un modesto voluntario que ayuda a los niños refugiados a alcanzar las estrellas

A former national basketball player is providing renewed hope to refugee youth in Bangladesh and encouraging Muslim girls to break out of conservative roles. [for translation]

Basketball coach Pero (centre, with beard) gives hope to his Muslim refugee friends in Bangladesh that they can accomplish much in life – on and off the court. [for translation]  © ACNUR

COX'S BAZAR, Bangladesh, 8 de junio de 2009 (ACNUR) – Cuando los niños de los dos campos de refugiados cerca de aquí hablan de sus ídolos, estrellas de Bollywood y jugadores de fútbol italianos, ellos también nombran en primer lugar a un hombre alto, discreto y modesto al que conocen como Pero.

Petar Ristic, apodado Pero, acompañó su pareja, la trabajadora de ACNUR Olivera Markovic, en su misión a Bangladesh, donde desde el pasado año ayuda a reasentar a los refugiados musulmanes de Myanmar en países como Australia, Canadá y Reino Unido.

Ex-jugador de la selección de baloncesto junior de la antigua Yugoslavia y entrenador infantil desde hace 10 años, Pero se ha sorprendido al ver la falta de educación y la escasez de oportunidades de que disponen los niños refugiados en los campos en Bangladesh, en especial las niñas y los minusválidos. Pero se dio cuenta de que contaba con la experiencia para poder ayudarles.

"Los niños en mi país requirieron una atención especial tras la guerra", recuerda el ex-jugador de 40 años. "Practicando deportes de equipo, aprenden la importancia de valores como el trabajo en equipo y el respeto a los demás. Los niños refugiados en Bangladesh también necesitan ayuda para superar parte de la frustración que genera el vivir en un campamento".

Los refugiados musulmanes de Myanmar llevan más de 18 años viviendo en los dos campos de Nayapara y Kutupalong en Bangladesh. Los ñinos suponen más de la mitad de los 28.000 residentes.

Sin embargo, Pero no podía imaginarse cómo sus esfuerzos irían en aumento. Tras comenzar hace un año como voluntario trabajando con 25 niños, hoy en día enseña ping pong, voleyball, baloncesto y fútbol a 700 niños y niñas de todas las edades, incluidos los niños minusválidos.

Technical Assistance Incorporated, una ONG local, le contrató, construyó una cancha de baloncesto, compró más equipamientos deportivos para satisfacer la creciente demanda, y comenzó a organizar campeonatos de fútbol con la ayuda de una iniciativa deportiva surcoreana llamada "Copa Sueño de Paz".

A pesar de lo inusual en esta sociedad tan conservadora, algunos padres han comenzado a permitir que sus hijas participen en las actividades deportivas. Los partidos de fútbol entre campamentos han tenido un gran éxito tanto entre jóvenes como entre los mayores. Para no excluir a nadie, algunas veces se puede ver a los policías del campo jugando al fútbol con los niños. Y cada vez más a menudo, los campos deportivos se convierten en un lugar seguro en el que los niños pueden hablar de sus problemas con otros niños y con el personal de ACNUR.

"El deporte nos ofrece una perspectiva positiva", dice Mohammed Salam, un refugiado de 15 años que ha nacido en el campamento de Kutupalong. "Pero es una inspiración para todos nosotros".

"Vivir durante toda la vida en un campo de refugiados no es fácil para los niños", explica Pia Prytz Phiri, representante de ACNUR en Bangladesh. "Quieren ir al colegio, jugar con sus amigos, y estar protegidos frente a la violencia. Sueñan con convertirse en médicos, enfermeras y profesores. Pero está empezando a ayudarles a darse cuenta de que pueden alcanzar las estrellas".

El deporte es una de las muchas actividades que ACNUR y sus socios acaban de poner en marcha para ayudar a los refugiados en los campamentos. También se está consolidando el sistema educativo nacional recientemente creado por UNICEF y las actividades de protección de la infancia.

ACNUR está construyendo nuevos alojamientos, así como mejorando las actividades para la generación de ingresos en los campamentos. Mientras las condiciones se mantienen por debajo de los estándares internacionales, estas iniciativas proporcionan nuevas esperanzas a los refugiados en Bangladesh.

El admirador de Pero, Mohammed Salam, de 15 años, no tiene ninguna duda acerca de la importancia de las contribuciones del entrenador de baloncesto. "Hasta que empezaron las actividades deportivas en los campamentos, no teníamos nada que hacer, estábamos desocupado", cuenta Mohammed, y añade: "espero poder seguir jugando al baloncesto e incluso poder ir algún día a la universidad".

Por Arjun Jain, en Cox's Bazar, Bangladesh