Nuevas llegadas de refugiados sirios a Líbano

Cuando la guerra se acerca a su tercer aniversario, los sobrevivientes de la ofensiva más reciente llegan a un país que ya está lleno de refugiados.

La refugiada siria Hind Al-Hussein y sus tres hijos hacen parte del reciente flujo de nuevas llegadas en Arsal.  © ACNUR/A.Purvis

ARSAL, Líbano (ACNUR) – Las lágrimas se acumularon en los ojos de Alia Abdelqader, de 65 años, mientras contaba sobre el renuente regreso de su esposo a Siria esa mañana – sólo unos días después de que la pareja había escapado a Líbano. Su hija, que es ginecóloga, está atrapada en la ciudad asediada de Yabrud con sus dos hijos. No ha respondido a su teléfono móvil en cinco días, así que su padre ha regresado a buscarla. Alia está sumamente preocupada. De su apresurada huida la semana pasada, dijo: "Rezo para que Dios nunca te muestre lo que he visto: proyectiles caían como lluvia". Se secó los ojos con un velo negro y añadió: "Es un milagro que hayamos sobrevivido".

Alia está entre más de 10.000 sirios que han huido por las montañas hacia el Líbano desde que una nueva ofensiva contra la ciudad de Yabroud y sus alrededores comenzó hace poco más de una semana. Los recién llegados representan una segunda oleada de refugiados que escapan de los combates en la misma región de Siria, después de una afluencia anterior, en noviembre de 2013.

"Estamos asistiendo a una de las mayores llegadas de refugiados procedentes de Siria hacia el Líbano desde el comienzo de la crisis", dijo Rayan Koteiche, oficial de enlace del Gobierno con el ACNUR en el valle de la Bekaa. "Miles de hombres y mujeres están haciendo fila cerca de aquí para recibir suministros básicos y a medida que continúan los combates, se esperan más", agregó.

Dada la magnitud de la afluencia, proporcionar asistencia es todo un desafío. El ACNUR y sus socios, como el Consejo Danés para los Refugiados y el Comité Internacional de la Cruz Roja, y organizaciones no gubernamentales locales, están construyendo albergues, repartiendo mantas y alimentos y atendiendo las necesidades básicas. Las necesidades son enormes. "Lo que estamos haciendo ahora es tratar de asegurarnos que todos tengan un lugar para quedarse y que todos puedan estar abrigados durante la noche", dijo Koteiche. Las noches son frías, por lo que el alojamiento es la primera prioridad.

Los nuevos refugiados están llegando a un pueblo que ya ha recibido un gran número de refugiados en los últimos meses. La población de Arsal, normalmente de 35.000 personas, superó las 83.000 esta semana, con mucho más sirios ahora que libaneses. Los centros comunitarios, mezquitas y otros "albergues colectivos" se han quedado sin espacio. Al otro lado de la ciudad, un mosaico de carpas azules y blancas y alojamientos improvisados se están llenando. Algunos recién llegados viven en furgonetas y en la parte de atrás de camiones. Con esta nueva afluencia, el número de asentamientos informales de tiendas de campaña en los alrededores de la ciudad ha pasado de seis a más de 30.

El último éxodo de Siria comenzó realmente cuando los bombardeos se intensificaron en la noche del 12 de febrero. Hind Al-Hussein es madre de tres hijos, de 9 meses a dos años. Aún sin cumplir los 20, huyó con sus hijos cuando se iniciaron los bombardeos en Yabrud. "Nos dieron un aviso de 24 horas para evacuar la zona", dijo. "Me llevé a los niños y nos las arreglamos para entrar con los demás en una furgoneta. El área fue intensamente bombardeada y no se sabía de donde caían los proyectiles. Nuestra casa fue alcanzada dos veces. Mi marido me dijo que me llevara a los niños y me fuera. Él no pudo venir con nosotros". Ahora ella está esperando a que él los alcance en Arsal.

Para evitar los bombardeos, muchos de los que huyen de Yabrud están encontrando vías alternativas por las montañas a lo largo de caminos pedregosos aún cubiertos de nieve. Camiones y motos de fabricación china, una forma común de transporte, apilados con colchones y otras pertenencias, están llegando a Arsal cubiertos de barro.

Para muchos de los refugiados, la huida a Líbano es la última etapa de varios años de desplazamiento y privaciones en Siria. Hind Al-Hussein, por ejemplo, ya había sido desplazada forzadamente dentro de su propio país. Originaria de Homs, ella huyó a Yabrud hace siete meses. Su marido, un mecánico, no podía encontrar trabajo y la familia vivía de pan seco y limosnas de los vecinos. Dos de sus tres hijos, le dijo a un entrevistador, ya estaban débiles y enfermos antes de hacer el viaje nocturno de ocho horas hacia el Líbano.

Alia Abdelqadir logró aguantar en su pueblo natal, en las afueras de Yabrud hasta que comenzaron los últimos combates. A principios de este mes, los proyectiles que anteriormente pasaban por encima de la aldea comenzaron a caer en el interior, y ella se vio obligada a abandonar el país en el que había pasado toda su vida. Cinco niños lograron acompañar a Alia y su marido cuando escaparon en una camioneta llena de gente a Arsal la semana pasada. Ahora ella pasa cada día esperando y orando para que su esposo, su hija y sus nietos puedan reunirse con ella en el exilio.

Por Andrew Purvis en Arsal, Líbano