Los refugiados en Kenia sienten los efectos de los recortes de las raciones de alimentos

Nyachot muestra un puñado de granos de maíz que forman parte de la ración de alimentos que recibe en el Programa Mundial de Alimentos, que restituyó las raciones completas en enero, pero la situación financiera sigue siendo incierta y el PMA y el ACNUR han hecho llamamientos conjuntos a los donantes.

Nyachot muestra un puñado de granos de maíz que forman parte de la ración de alimentos que recibe en el campo de refugiados de Kakuma, donde vive con sus cuatro hijos. Los recortes de las raciones en noviembre y diciembre han hecho más difícil su situación.  © ACNUR//I.Charnetski

CAMPO DE REFUGIADOS DE KAKUMA, Kenia, 9 de enero de 2015 (ACNUR) – Nyachot entrecierra los ojos para mirar el sol que hay sobre el campo de Kakuma mientras remueve la comida del día para su familia. Antes del pasado noviembre, esta refugiada sursudanesa de 34 años podía cocinar dos veces al día, pero cuando el Programa Mundial de Alimentos (PMA) tuvo que recortar las raciones al 50% ese mes, la mujer temió por el futuro de sus hijos.

"La comida no ha durado ni las dos semanas que debería", contaba Nyachot a los visitantes de ACNUR mientras vigilaba a su bebé. Al igual que miles de mujeres en este campo situado en el noroeste de Kenia, Nyachot depende por completo de las raciones que recibe, en ausencia de cualquier ingreso económico. Las raciones completas se retomaron el 1 de enero, pero la situación sigue siendo grave y se necesitan nuevos fondos para evitar el riesgo de más racionamientos en el futuro.

Nyachot huyó de Sudán del Sur en febrero del año pasado tras escapar de los intensos combates entre las fuerzas gubernamentales y los rebeldes. Desesperada por salvar a sus hijos, se embarcó en un arduo viaje que la llevó desde su ciudad natal, Maiwat, en el estado de Alto Nilo, hasta Nadapal, el punto fronterizo con Kenia.

Sus ojos se llenan de lágrimas cuando recuerda el trauma. "Viajé en una barca con otras 40 personas durante cinco largos días hasta Juba y después cogimos un autobús hasta Nadapal" cuenta. "Mis hijos estaban hambrientos y sedientos".

Cuando la familia llegó finalmente a Nadapal, los trabajadores de ACNUR y de otras agencias humanitarias estaban allí para recibirles con galletas energéticas y agua. Después, en el centro de recepción de Kakuma, recibieron comida caliente, sacos de dormir y un lugar donde descansar antes de ser trasladados a Kakuma 4, el nuevo asentamiento para los recién llegados sursudaneses.

Para Nyachot encontrar refugio en Kakuma y recibir asistencia alimentaria fue un gran alivio. Los materiales no alimentarios, como las mantas, los utensilios de cocina, el hornillo y los bidones, fueron también una gran ayuda para que su familia pudiera asentarse en su nuevo hogar. Pero en noviembre, con los recortes en las raciones de comida, las preocupaciones de Nyachot pronto empezaron a aumentar.

En una de las casas cercanas hechas de barro, Stephen y Gawar comparten las preocupaciones de Nyachot. Ellos huyeron de Pagank, en el estado sursudanés de Jonglei, y al igual que Nyachot, buscaron refugio en Kakuma. "La situación es muy mala" apuntaba Stephen cuando fue entrevistado -antes de que se retomaran las raciones completas de alimentos la semana pasada-. "Comemos una vez al día y la comida puede acabarse después de cinco días. Algunos están pensando incluso en regresar a casa. No es la solución ideal, pero la gente está desesperada".

Nyagai, una vecina de 36 años añade: "Cuando se acabaron las raciones sobreviví mendigando comida a mis vecinos. Es una pena hacer eso pero ¿qué otra opción tenía?".

Su amiga, Nyapel, sonríe con tristeza cuando revela que no pudo dar el pecho a su hijo de 11 meses por su situación médica. "Tuve que vender parte de mis escasas raciones para comprar leche para él. Si no lo hubiera hecho mi hijo no hubiera sobrevivido".

Después de que los recortes de las raciones de alimentos tuvieran lugar en noviembre, se hicieron esfuerzos por parte del PMA para conseguir más fondos y restablecer las raciones completas, cosa que ha sido posible a comienzos de este mes. Sin embargo, la situación económica sigue siendo incierta y el PMA y ACNUR han lanzado llamamientos conjuntos para obtener los fondos que se necesitan.

Mientras tanto, ACNUR y sus socios de las ONGs siguieron trabajando con los refugiados a través de sus líderes comunitarios para garantizar un apoyo continuo durante los meses de noviembre y diciembre. Estos esfuerzos fueron resultado de un Llamamiento Interagencial conjunto para la Respuesta de Emergencia para Sudán del Sur.

Aunque se aseguró a los refugiados que sería una situación temporal, ellos siguen preocupados. "Si prosiguen los recortes de las raciones, muchas personas sufrirán, sobre todo los ancianos, las mujeres y los niños" dijo Gawar. Stephen cree que su esperanza residen en ACNUR.

Mientras retoma su actividad en la cocina, un rayo de esperanza asoma a los ojos de Nyachot. Ella, al menos, cree que las cosas mejorarán; si no para ella, al menos para sus hijos.

Por Cathy Wachiaya y Kibebu Berta en el campo de refugiados de Kakuma, Kenia