Sirios buscan alivio para su sufrimiento en el exilio en los campamentos iraquíes

El empeoramiento en la situación económica provoca que miles de familias de refugiados sirios en la Región de Kurdistán Iraquí busquen seguridad en los abarrotados campamentos.

Acompañado por miembros del personal del ACNUR, el refugiado sirio Ahmed, visita su nuevo hogar en un campamento en la Región de Kurdistán Iraquí.  © ACNUR/Bathoul Ahmed

ERBIL, Región de Kurdistán Iraquí, 15 de marzo de 2017 (ACNUR) – En una invernal mañana en las afueras de Erbil, Ahmed, un sirio padre de ocho, se prepara para mudarse con su familia de nuevo. Sin embargo, esta vez es diferente: cuatro años después de que se convirtieran en refugiados, la familia pidió mudarse a un campamento de refugiados.

"Cuando me llamaron para decirme que ya podríamos mudarnos, nos sentimos muy felices", dijo Ahmed, de 46 años. "Por supuesto que fue una decisión difícil. Nunca quise mudarme a un campamento. Me vi obligado a mudarme por las circunstancias. En el campamento recibiremos asistencia, no tendremos que pagar la renta y mis hijos podrán volver a la escuela".

"En el campamento recibiremos asistencia, no tendremos que pagar la renta y mis hijos podrán volver a la escuela"

El alivio de la familia ante su inminente mudanza al campamento de refugiados cerca de Erbil, el cual es operado por el ACNUR, contrasta con sus esfuerzos de los últimos cuatro años de vivir una vida tan normal como les fuera posible, fuera de un campamento.

La familia huyó de su hogar en la ciudad de Kobane, al norte de Siria, en 2013, poco antes de que grupos armados tomaran el área. Después de llegar a la Región de Kurdistán Iraquí se asentaron inicialmente en Makhmour, una ciudad a cerca de 80 kilómetros al sureste de Mosul. Aquí Ahmed trabajaba como guardia de seguridad en una granja, pero en 2014 se vieron obligados a huir de nuevo cuando grupos armados tomaron la ciudad.

Durante el último año y medio ellos han vivido en un pequeño edificio sin terminar en una granja a las afueras de Erbil, la capital de Kurdistán Iraquí, donde Ahmed, su esposa Ameera y dos de sus hijos recogen lechugas. Ellos pueden ganar $7 dólares cada uno por ocho horas de trabajo, pero el empleo es ad hoc y a menudo no hay trabajo durante días.

Su hijo mayor, Alan de 19 años, trabaja en un concesionario de autos a 30 kilómetros de su casa. A menudo, debido a las condiciones climáticas adversas o los turnos que salen tarde, él no puede volver a casa y tiene que dormir en el trabajo, donde no tiene ni una cama ni alimento.

Ahmed se reúne con su familia en una habitación fría y oscura sin electricidad y un solo calentador de gas y reflexiona sobre el cambio drástico en sus circunstancias que provocó que sus hijos pasaran de ser estudiantes prometedores a futuros trabajadores infantiles.

"La vida en el exilio es muy difícil. En Kobane, teníamos amigos, amigos de la infancia con los que crecimos y una familia que amábamos. Cuando llegamos aquí no conocíamos a nadie", dijo él. "Tenemos que racionar todo, tenemos que recortar muchas cosas en nuestras vidas para pagar la renta, a veces incluso nos saltamos comidas".

"La vida en el exilio es muy difícil . . . Cuando llegamos aquí no conocíamos a nadie"

Mientras el conflicto en Siria cumple su sexto aniversario, hay cerca de 228.000 refugiados sirios en Kurdistán Iraquí, una región productora de petróleo que en los últimos años ha sido golpeada por los bajos precios del petróleo. La situación se ha agravado aún más por las disputas presupuestarias que han impactado tanto a los iraquíes como a los refugiados.

A pesar de la cálida bienvenida con la que recibieron a los refugiados sirios, quienes en su mayoría viven fuera de los campamentos formales, la deteriorante situación económica ha llevado a una gran competencia por las limitadas fuentes de empleo, las casas a bajo costo, y el acceso a la educación y los servicios de salud, dejando a muchas personas incapaces de hacer frente a los altos costos de vida.

Como resultado, más de 4.300 familias sirias en la región están actualmente en lista de espera para ingresar a campamentos de refugiados. Pero los espacios están limitados debido a la falta de terrenos para la construcción o expansión de campamentos, por lo que ACNUR está trabajando para identificar a las familias más vulnerables para la reubicación. Quienes se encuentran en la lista de espera son evaluados por el personal del ACNUR y cuando es posible, se les brinda asistencia monetaria mientras esperan su reubicación.

Sin embargo, en general, la preferencia del ACNUR ha sido ayudar a las familias a que logren la autosuficiencia fuera de los campamentos. El apoyo incluye asistencia monetaria multipropósito para las personas vulnerables, la cual está prevista para cubrir una serie de requerimientos diarios.

El principal factor en la decisión que tomaron Ahmed y su familia de reubicarse a un campamento fue el futuro de sus hijos, dijo Ahmed. Sin la capacidad de costear el transporte, él ha tenido que mantenerlos fuera de la escuela durante los últimos cuatro años. En el campamento, ellos podrán inscribirse de nuevo en la escuela y espera que retomen su oportunidad de lograr algo con sus vidas.

"Queremos volver a casa. Pero la situación de seguridad actual no nos lo permite"

Mientras tomaban té y esperaban el auto que los llevará al campamento, Ahmed y su familia miraron fotografías de su antigua vida en Siria; los niños con sus uniformes escolares, en paseos escolares con sus amigos, los viajes familiares a Alepo, y su hermoso jardín en Kobane.

Últimamente, Ahmed sueña con regresar a Kobane y retomar sus antiguas vidas, pero por ahora, lo mejor que puede esperar es una paz relativa que le ofrece el campamento.

"Por supuesto que queremos volver a casa", dijo él. "Pero por ahora la situación de seguridad no nos lo permite. Nuestro hogar quedó destruido, reducido a los escombros. Así que por ahora no es posible regresar. No hay empleos ni un futuro para mis hijos".

Por Bathoul Ahmed