Refugiados enfrentan una larga, fría y húmeda noche en un paso fronterizo en los Balcanes

Amr y su familia se acurrucan bajo un refugio improvisado, ligeramente iluminado por un fuego cercano, en una pequeña colina situada cerca de la frontera serbo-croata.

En Berkasovo, bajo el resplandor de una luz en el puesto de frontera, unos 2.000 refugiados y migrantes esperan en el lado serbio de la frontera con Croacia.  © ACNUR/Mark Henley

BERKASOVO, Serbia, 21 de octubre de 2015 (ACNUR) – Son las 6 de la tarde y cae la noche rápidamente. Amr y su familia se acurrucan bajo un refugio improvisado, ligeramente iluminado por un fuego cercano, en una pequeña colina situada cerca de la frontera serbo-croata.

Es una noche de frío y viento, y la temperatura ha caído cerca de 7 grados.

Amr y su familia se encuentran entre los 2.000 refugiados y migrantes atrapados en la frontera durante la noche del martes 19, entre crecientes retrasos y demoras administrativas. Han estado esperando desde mediodía.

Nadie sabía cuándo podrían cruzar, por lo que se prepararon para pasar la noche en un campo embarrado, en mitad de tierra de nadie entre Serbia y Croacia. La gente temblaba de frío, los niños lloraban, sus ropas estaban empapadas y mugrientas por los días de viaje.

Amr y su primo fabricaron un refugio para las mujeres y los niños con lo poco que pudieron encontrar. "Lo hicimos con lo que encontramos. El tejado es un saco de dormir. Este lugar es demasiado peligroso para los niños. Hace frío", añade Amr.

Se aplican duros procedimientos de gestión de fronteras, y no se permite cruzar a los refugiados durante un determinado período de tiempo a fin de evitar hacinamientos y dar margen a los centros de tránsito para que dispongan de capacidad para recibir a más refugiados.

Entre la media noche y las cuatro de la mañana, el movimiento se aceleró de nuevo y aproximadamente 450 personas pudieron cruzar; después volvió a estancarse. Entre tanto, la masificación de personas en el lado serbio creció rápidamente hasta los 3.500.

A fin de ayudar a los refugiados a la hora de hacer frente a una coyuntura realmente difícil, en especial para los jóvenes, ACNUR distribuyó 460 mantas, 1.000 barritas energéticas y 260 botellas de agua; aun así, esta es una espera miserable y peligrosa para los más jóvenes.

Amr, de 33 años de edad, huyó de Damasco hace algunas semanas con su hermana viuda y sus dos hijos, dos primos y un amigo. El marido de su hermana falleció a causa de un misil.

El grupo decidió dirigirse hacia la seguridad de Europa, aunque no sabían exactamente a dónde. Lo único que sabían es que querían estar a salvo, aunque el camino es tortuoso. En ocasiones es difícil mantener la sonrisa.

"En Siria, no hay una guerra de dos bandos, sino de muchos. No saben por qué se matan unos a otros. ¿Cómo podría saber yo la razón por la que matan a la gente? No veremos un final en uno o dos años. Esto llevará mucho tiempo. No puedo vivir allí con mi familia", añade Amr.

"Mi cuñado murió a causa de un misil. El edificio se derrumbó. Su mujer y sus hijos no se encontraban en la casa".

Este año, más de 643.000 refugiados y migrantes llegaron a Europa a través del mar Mediterráneo; ya solo a Grecia llegaron 502.500. Muchos de los refugiados y migrantes están desesperados por acelerar su marcha hacia Europa occidental, con el temor de que puedan cerrarse las fronteras del camino.

Para hacer frente a la situación actual, ACNUR ha instado a adoptar una serie de medidas de estabilización, entre ellas, prestar un sólido apoyo a los países que acogen a la gran mayoría de refugiados de Siria, Irak y Afganistán; una campaña informativa acerca de los peligros que comporta el viaje por mar, y el desarrollo de vías legales para buscar protección en Europa.

En la mañana de ese mismo martes había más de 27.500 personas en las islas egeas, ya sea esperando a registrarse o a su posterior transporte a tierra firme, y se registraban 5.000 recién llegados cada día.

Al lado del grupo de Amr, ocho jóvenes afganos, entre ellos algunos menores de edad, encienden un fuego con el embalaje de una pasta de dientes, madera y lo poco restante que pueden encontrar. Llegados a este punto, ya es noche cerrada y las temperaturas han bajado aún más.

"Nuestro país está en guerra desde hace 20 años. ¿Qué se supone que debemos hacer?" pregunta uno de ellos, Saber, de 15 años.

Entre tanto, un funcionario de ACNUR Croacia encargado de la protección de refugiados camina a través de la multitud con objeto de identificar a aquellas personas vulnerables que necesitan asistencia inmediata. Encuentra a Mohamed, a su mujer Fatima y sus dos hijos pequeños.

"Será un viaje demasiado largo para ellos. Cerca de 500 personas se encuentran de camino hacia Croacia, justo antes de la frontera. 1.000 personas más se dirigen al centro de acogida de Opatovac y más de 2.000 personas están ya en el centro de recogida. Los autobuses ni siquiera pueden conducir por la carretera", informa Diana Difor.

Por Céline Schmitt, Berkasovo, Serbia.

Gracias a la Voluntaria en Línea Carmen Juárez Junquera por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.