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Reír en medio de la desesperanza

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Reír en medio de la desesperanza

El municipio de Buenaventura, en el Pacífico colombiano, es el principal expulsor y receptor de población desplazada en el país, de acuerdo con la Unidad de Víctimas.
9 Septiembre 2017
Presentación de Payasos sin Fronteras en Buenaventura.

BUENAVENTURA, Colombia, 9 de septiembre de 2017 (ACNUR) – Popularmente se dice que la risa es la cura para muchas enfermedades. Diversas investigaciones indican que reír reduce la presión sanguínea, el riesgo de infartos, disminuye los niveles de estrés hormonal, libera endorfinas, lo que aporta al bienestar físico y emocional y ayuda a que las personas se sienten mejor.

Aunque la risa es un factor universal que lleva felicidad a todos los rincones del planeta, ciertamente hay lugares, momentos y personas que necesitan dosis elevadas de sonrisas en medio de situaciones adversas, como la guerra, el desplazamiento forzado y la extrema pobreza. Este es el caso de Buenaventura, una ciudad ubicada en la costa pacífica colombiana, que por décadas ha sufrido los flagelos de la violencia y el conflicto armado interno en el país.

Según cifras oficiales, Buenaventura tiene cerca de 400.000 habitantes, 97% de su población es afrodescendiente y 3% indígena. Más de 180.000 personas han sido víctimas de desplazamiento forzado en la región. El municipio, además, es el principal expulsor y receptor de población desplazada en el país, de acuerdo con la Unidad de Víctimas. Sumado a lo anterior, ha sido un municipio con una presencia institucional e inversión social muy débil, lo que ha significado que gran parte de su población viva en condiciones de extrema pobreza, ello exacerba la vulneración de derechos en situaciones como el desplazamiento forzado, especialmente en grupos étnicos.

En medio de esta situación y en un día cualquiera en la acalorada Buenaventura, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y Payasos Sin Fronteras han sorprendido a chicos y grandes en un espectáculo que además de robar sonrisas, logra capturar la atención de todos y todas para enfocarse en el divertido momento que quedará guardado para siempre en sus memorias y corazones.

Pepo, Curruquilla, Lola Mento y Felimin, son la familia Frijol. Han llegado desde el lejano país de España y son parte de una familia mucho más grande que se llama Payasos Sin Fronteras, una organización que lleva 24 años llevando sonrisas y narices rojas a niños y niñas desplazados, refugiados y en condiciones de vulnerabilidad. En la vida real son Pepe Rueda, Silvia Arriscado, Beatriz Carrido y Nacho Morán, y aunque sus decisiones para convertirse en payasos son muy diversas, los unió la casualidad. "Soy ingeniero, pero un día un taller de clown se me cruzó en el camino y desde entonces he usado la técnica del clown como una herramienta de lucha social dentro de la sociedad tan individualizada en la que estamos, en la que sólo nos reímos de los demás, entonces el payaso se expone él, para que se rían con él y de él, no de otros, sino de él! Eso me gustó mucho y desde entonces he estudiado circo, teatro y otras muchas cosas", cuenta Nacho.

Entre tímidas miradas y enérgicas expresiones de bienvenida, chicos y grandes empiezan a llenar la cancha del barrio San Antonio. Son las 10 de la mañana y aunque el sol es inclemente, tanto los payasos como la comunidad están ansiosos por divertirse y olvidar el hostil ambiente en el que viven. Muchos niños nunca han visto un payaso en sus vidas.

Primero suena la música, y acto seguido, la familia Frijol hace su entrada triunfal en medio de un divertido baile en el que le dan la vuelva al público y se sientan con él esperando a los payasos. ¡Luego recuerdan que ellos son los payasos y salen despavoridos al escenario! Todos ríen animados.

Presentación de Payasos sin Fronteras en Buenaventura.

"Tener a Payasos Sin Fronteras en un territorio como Buenaventura significa que, a través de un espectáculo de 50 minutos, estamos generando espacios comunitarios de protección a través de la construcción de tejido social, pues a través de pequeñas acciones se fortalecen las relaciones entre los líderes, los niños y las niñas, los jóvenes, etc. ACNUR como agencia de protección le apuesta a estos espacios y ha logrado establecer una gran alianza con Payasos Sin Fronteras para lograrlo", menciona Sulma Rodríguez, Oficial de Protección de ACNUR.

En medio del espectáculo, Jeffry, un chico de la comunidad, es escogido dentro del público para hacer un show de magia. Pasa al frente y luego de ponerse el traje de mago, junto con Lola, hace que un libro con dibujos a blanco y negro se vuelva multicolor de repente. Todos aplauden asombrados, incluso él. "Me llamo Jeffry y tengo 10 años. Esta es la primera vez que veo un payaso y me divertí mucho porque me escogieron para hacer magia. quiero que los payasos vuelvan a Buenaventura para que los niños podamos seguir divirtiéndonos".

Presentación de Payasos sin Fronteras en Buenaventura.

"La situación de los niños y niñas en todos los lugares donde actuamos es terrible, pero una cosa que me llama la atención es esa explosión de alegría y esos ojos llenos de felicidad cuando escuchan la música y ven a los payasos. Eso me da una lección de dignidad y una lección de vida como europeo a quien no le falta lo básico", comenta Pepo.

El show ha terminado, ha sido cerca de una hora, en que chicos y grandes no han parado de reír. Curruquilla sigue repartiendo sonrisas y abrazos. Cada presentación ha sido un desafío. Temperaturas de más de 30 grados centígrados con una humedad típica de la selva. Todos terminan con un cansancio físico que desaparece rápidamente tras recibir las muestras de agradecimiento y las expresiones de felicidad de las comunidades que han visitado.
La expedición de Payasos Sin Fronteras en Colombia recorrió por 20 días los departamentos de Valle del Cauca, Nariño, Meta y Cundinamarca, y alcanzó a más de 3.600 niños y niñas afrodescendientes, indígenas, campesinos y mestizos en todas sus presentaciones.

Por Ángela María Méndez, desde Buenaventura Colombia