Los refugiados emprenden viajes desesperados para reunirse con sus seres queridos en Europa

Un niño de 10 años sobrevivió al desierto y al mar pero sus esperanzas de reunirse con su tía en los Países Bajos se están desvaneciendo.

Solomon*, un refugiado eritreo de 14 años, en el exterior de un centro de acogida de refugiados en Milán.
© ACNUR/Alessandro Penso

Solomon* solo tenía 10 años cuando se vio obligado a huir de su hogar en Eritrea. Ahora, ya con 14 años, ha estado viviendo solo en un centro de recepción de tránsito durante meses.


Solomon es uno de los cerca de 33.000 niños no acompañados que llegaron a Italia por vía marítima entre enero de 2016 y junio de 2017. Durante el viaje, muchos de ellos han sido víctimas de diversas formas de abuso, incluyendo la violencia sexual y de género, y han tenido que afrontar ellos solos a problemas psicológicos y físicos.

Solomon fue objeto de explotación por parte de los traficantes mientras se desplazaba a través del Sudán y Libia con la esperanza de llegar a Europa. "Nos vendieron en el Sáhara y luego en Libia, donde permanecimos durante siete meses", dice. "Era muy difícil, muy difícil. La vida no tenía ningún valor. Nos obligaban a pagarles mucho dinero. Te compran y luego te venden y luego te vuelven a vender".

"Fue muy difícil, muy difícil. La vida no tenía ningún valor."

En Libia, los traficantes lo retuvieron durante un mes. Vivía en una habitación con otros centenares de refugiados y migrantes; la comida era escasa y las palizas frecuentes. Finalmente Solomon y el resto del grupo fueron conducidos a bordo de una embarcación rumbo a Italia donde viajaron hacinados con otros cientos de personas.

"Había 900 personas en la embarcación", recuerda Solomon. "Zarpamos de noche, hacia las seis o las siete. Fue duro, el mar estaba agitado, la gente se peleaba, algunos morían, unos de ansiedad y otros en las peleas. Muchas personas perdieron la vida. Fue terrorífico pero ¿qué puedes hacer cuando no tienes elección? No puedes tener miedo porque más pronto o más tarde tienes que cruzar".

Después de dos días en el mar, la embarcación de Solomon fue rescatada y conducida a Italia, y él ingresó en un centro comunitario para niños no acompañados.

Aunque finalmente se encontraba en un lugar seguro, Solomon no perdía la esperanza de reunirse con su tía en los Países Bajos. Al igual que tantas otras personas que viven separadas de sus seres queridos, los prolongados períodos de espera le obligaron una vez más a resolver el problema a su manera, enfrentándose al riesgo de sufrir abuso, violencia y explotación.

"Los niños no deberían exponerse a tales riesgos", dice Stephane Jaquemet, Representante Regional del ACNUR para Europa Meridional. "La reunificación familiar transfronteriza debe mejorar, no solo para evitar estos riesgos sino también para restaurar la esperanza y la confianza de los niños como Solomon".

"Era muy difícil, muy difícil. La vida no tenía ningún valor", dice Solomon.  © ACNUR/Alessandro Penso

Con un grupo de adolescentes, Solomon se puso en marcha por la noche tan solo con una mochila y una linterna, siguiendo las vías del tren. Cuando las vías entraban en un túnel en las montañas, él y sus amigos echaban a correr rezando para que no viniera ningún tren en ese momento, dado que, de ser así, no habrían podido evitar ser atropellados.

El viaje terminó cuando la policía de fronteras los detuvo y los devolvió a Italia. Hoy Solomon sigue esperando poder reunirse con su querida tía.

En un informe publicado por el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, se explica cómo muchas personas como Solomon, movidas por la desesperación realizan viajes peligrosos debido, en parte, a la falta de vías seguras y legales.

El informe concluye que, si bien el número de travesías por el Mediterráneo se redujo de forma importante en el primer semestre de este año, en comparación con el mismo período de 2016, la probabilidad de morir entre las personas que intentan llegar a Europa sigue siendo alarmantemente elevada.

El informe indica que, según las estimaciones, 2.253 personas perecieron o desaparecieron en el mar durante ese período y al menos 40 perdieron la vida en las rutas terrestres o en las proximidades de las fronteras europeas. Dado que la mayoría de estas personas viajan de manera clandestina, esta información es difícil de confirmar y estas estimaciones se consideran conservadoras. La violencia y los abusos durante el viaje, en particular en Libia, son problemas generalizados.

El ACNUR ha instado a los Estados a simplificar los procedimientos increíblemente largos y engorrosos para las personas que desean reunirse con sus familiares. Y también alienta a los Estados a acelerar la reubicación de los solicitantes de asilo en Italia que cumplan los requisitos pertinentes, incluidos los niños no acompañados, en un gesto de solidaridad hacia este país.

A pesar del gran número de solicitantes que cumplen los requisitos, como es el caso de Solomon, solo se ha logrado la reubicación en unos cuantos casos aislados de menores procedentes de Italia. Para hacer frente a esta situación, deben adoptarse medidas concretas dirigidas a los niños no acompañados y los Estados miembros de la Unión Europea deben compartir esta responsabilidad con mayor eficacia y reforzar la solidaridad entre ellos.

"Adoptar medidas para reducir el número de refugiados y migrantes que llegan a Europa, sin reforzar al mismo tiempo las operaciones de establecimiento de la paz, el desarrollo y las vías seguras es moralmente inaceptable", dijo en una declaración Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

* El nombre se ha cambiado por motivos de protección.

Por Barbara Molinaro en Milán, Italia

Gracias a la Voluntaria en Línea Luisa Merchán por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.

Esta historia pertenece a una serie sobre los viajes desesperados. En este enlace podrá leer una historia sobre el funesto tráfico de personas a través del Níger.