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Una familia siria refugiada prospera en una ciudad universitaria en Portugal, país en el que fue reasentada

Historias

Una familia siria refugiada prospera en una ciudad universitaria en Portugal, país en el que fue reasentada

Estudiantes, profesores y vecinos de una pequeña ciudad portuguesa se unieron en torno a los Albakkar, ayudando a facilitar la transición de la familia reasentada y haciéndoles sentirse bienvenidos.
31 Agosto 2023 Disponible también en:
Cuatro jóvenes con pañuelos en la cabeza sostienen una bandeja de galletas

Las hermanas refugiadas sirias Taimaa, Fatima, Saja e Ilaf muestran un lote de galletas sirias caseras en su apartamento de una residencia universitaria.

Durante los periodos de exámenes finales, cuando casi todos sus vecinos se encuentran en la biblioteca o detrás de un montón de libros, es casi seguro que la familia Albakkar esté ocupada en la cocina. 

Desde hace dos años, los Albakkar – una familia de ocho personas refugiadas sirias a las que les apasiona la cocina casera – viven en una residencia universitaria de una localidad rural de Portugal. 

“Todos los vecinos son estudiantes”, explica Ilaf, de 14 años, la menor de los seis hermanos reasentados desde Türkiye a Portugal, junto con sus padres, en 2020. “Son muy simpáticos”.

La idea de alojar a los Albakkar en una residencia de estudiantes mientras se adaptan a un país nuevo y desconocido fue idea de Leonor Cutileiro, Coordinadora de UBI Acolhe (UBI Acoge), el proyecto responsable de supervisar el traslado de la familia a la pequeña ciudad portuguesa de Covillana.

Leonor Cutileiro en un campo de largas hierbas secas.

Leonor Cutileiro, Coordinadora de “UBI Acolhe”, proyecto que ha proporcionado alojamiento a familias refugiadas sirias en residencias de estudiantes del campus de la Universidad de Beira Interior en Covillana.

“La idea central fue usar la residencia como un espacio donde las personas refugiadas pueden vivir y, más importante, ser parte de una comunidad inclusiva”, recuerda Leonor, de 47 años, quien estaba cursando un doctorado en una universidad británica cuando se le ocurrió la idea. “La comunidad ha ayudado a esta familia a crear un sentido de pertenencia”, explica Leonor. “Solo cuando sientes que perteneces, te sientes en casa”.

Aunque ninguno de los Albakkar es estudiante de la Universidad Interior de Beira (UBI), vivir en la residencia de la institución, donde están rodeados de estudiantes curiosos y participativos, ha desempeñado sin duda un papel crucial para que se sientan bienvenidos, cuenta Leonor. Formar parte de la unida comunidad universitaria también ha ayudado a la familia a adaptarse a la vida en esta remota localidad de apenas 30.000 habitantes, donde son de los pocos musulmanes y araboparlantes.

Esperanza de un futuro mejor

Originarios de Alepo, una de las ciudades más afectadas por el conflicto en Siria, los Albakkar escaparon a la vecina Türkiye en 2013. Como muchos de los 3,6 millones de personas refugiadas que se estima que hay en Türkiye – el mayor país de acogida de refugiados del mundo –, la familia luchó por recuperar la misma estabilidad de la que habían disfrutado en su país. Se las arreglaban a duras penas con trabajos esporádicos, sobreviviendo pero sin llegar a prosperar.  

La esperanza de un futuro mejor llegó con el inicio de su largo proceso de reasentamiento, que se vio interrumpido a mitad de camino por la pandemia de COVID-19. El reasentamiento busca ofrecer protección a las personas refugiadas cuyas necesidades específicas no pueden satisfacerse en el país en el que solicitaron asilo por primera vez. También ayuda a repartir de forma más equitativa la responsabilidad de hacer frente a la situación de los refugiados, reubicando a las personas que hayan sido evaluadas y a sus familias desde países que acogen a grandes poblaciones de refugiados a otros, con menos personas desplazadas por la fuerza, donde puedan quedarse de forma permanente y reconstruir sus vidas. Portugal, una nación de 10 millones de habitantes situada en el extremo occidental de Europa, se ha comprometido a aceptar a cerca de 300 personas reasentadas al año en 2022 y 2023.

Tras varias entrevistas y una espera más larga de lo previsto, Muna Albakkar, su esposo Moustafa y seis de sus siete hijos emprendieron el vuelo de Estambul a Lisboa, la capital portuguesa. Ahí fueron recibidos por Leonor, la coordinadora del proyecto, y trasladados en coche unos 280 kilómetros hasta Covillana, situada en una región montañosa y rural del este del país, cerca de la frontera con España.  

“No sabía que existía un país llamado Portugal”, comenta la más joven, Ilaf, en un portugués casi perfecto, y añade riendo que, antes de aterrizar en Lisboa, ella y sus hermanas solo sabían “una cosa de Portugal, y es Cristiano Ronaldo”.

Una cálida acogida

Mientras la familia se instalaba en la residencia, en un apartamento sencillo pero espacioso situado en la última planta de una torre residencial, Leonor y un grupo de voluntarios se encargaron de limar asperezas en lo que, de otro modo, podría haber sido una transición accidentada. Aunque el traslado a la residencia resolvía una de las necesidades más acuciantes de los refugiados reubicados – la vivienda –, sin hablar portugués, incluso las tareas aparentemente más sencillas parecían al principio desalentadoras para los Albakkar.

UBI Acolhe, un grupo formado por unas dos docenas de voluntarios entre profesores, empleados y estudiantes de la universidad, así como habitantes de la zona de todas las edades y condiciones sociales, acompañó a los Albakkar a lo largo de todo el proceso: desde la inscripción en la escuela y las clases de portugués, hasta entender el horario del autobús; les ayudaron a encontrar trabajo; les llevaron a las citas médicas; e incluso les guiaron por los pasillos desconocidos del supermercado local, con su intimidante surtido de productos novedosos.

El supermercado resultó ser de especial importancia para los Albakkar, ya que a lo largo de sus años de desplazamiento forzado, la comida se había convertido en un ancla de sus antiguas vidas en Alepo, un recordatorio de su herencia y su historia. En Portugal, su pasión por la comida siria se convirtió también en una fuente de ingresos extra, que complementaba los sueldos que Moustafa y sus dos hijos adultos, Ayman y Ahmed, traían a casa de sus trabajos en fábricas cercanas. Impresionados por las delicias caseras de los Albakkar, los miembros del grupo de voluntarios les sugirieron que instalaran un puesto en una feria callejera – donde vendieron todo – y animaron a las mujeres de la casa a poner en marcha un servicio de catering en línea. ¿Su producto más popular? El falafel.   

Aunque la integración de los Albakkar es un trabajo en curso, ya que dominar el portugués ha resultado un reto para gran parte de la familia, aseguran que se sienten parte del pueblo de Covillana, en gran parte gracias a la cálida acogida de la universidad y su grupo de voluntarios de la comunidad.

“Las universidades son lugares muy integradores”, comenta Leonor. “Todos son extranjeros – en el sentido de que hay estudiantes de todas partes – lo que significa que en realidad nadie es extranjero”.

“La comunidad ha ayudado a esta familia a crear un sentido de pertenencia”.

Leonor Cutileiro, Coordinadora de UBI Acolhe