Desplazados gais en la línea del frente del conflicto de Ucrania

Los combates no son la única causa de desplazamiento en el este de Ucrania. Las personas LGBTI se ven obligadas a huir de sus casas también debido a la persecución.

Oleg, quien huyó del conflicto y la persecución en Donetsk, habla con un amigo en Kiev, Ucrania.
© ACNUR/Anastasia Vlasova

Cuando Viktor*, un hombre gay de 27 años, abrió su puerta a la policía una mañana, supo que su secreto había sido descubierto.


Cuando dijo que tenía una novia no le creyeron – uno de sus vecinos ya les había dicho todo. A menos que Viktor pudiera presentar a la mujer en 24 horas o dar un soborno que no podía pagar, sería arrestado.

En pánico, hizo una maleta y esa misma noche se fue.

Trágicamente, la historia de Viktor es la misma de muchas otras personas gais, bisexuales, trans e intersex (LGBTI) que viven en Ucrania, donde la homosexualidad se legalizó solo en 1991, pero todavía se considera tabú.

"Debes llevar una vida oculta."

La discriminación se exacerba aún más en las regiones orientales, como Donetsk, donde el devastador conflicto ha desarraigado a dos millones de personas y ha costado más de 10.000 vidas.

Muchas personas LGBTI enfrentan el estigma, el acoso y los ataques violentos. En algunos casos, el mismo lugar donde viven se vuelve tan aterrador que la única opción es huir.

Junto con otras personas desplazadas LGBTI de territorios no controlados por el gobierno en Ucrania, Viktor recibió ayuda de una organización llamada Insight, que gestiona un albergue y ofrece asistencia legal a aquellos que carecen de medios para mantenerse.

"No es fácil ser LGBTI en el Este", dice su directora, Olena Shevchenko. "Pueden golpearte, pueden violarte. No es posible ser abiertos, porque nunca puedes saber qué sucederá después. Debes llevar una vida oculta".

Olena Shevchenko, una activista de derechos humanos, sentada en su escritorio en la oficina de Insight en Kiev.  © ACNUR/Anastasia Vlasova

Incluso en Kiev, la capital de la nación que este año acogió su cuarto desfile de orgullo gay, los abusos a raíz de la discriminación homófoba no son inusuales. Un grafiti recientemente pintado en la pared de una tienda de Lush, que participa en el mapa LGBTI de la ciudad de Kiev, dice: "Ucrania no quiere perversiones. ¡Váyanse!"

Viktor pasó cuatro meses en el albergue de Insight en Kiev, tratando de encontrar un trabajo y un lugar para vivir. Para las personas desplazadas internamente (PDI) que se enfrentan a estereotipos negativos en Ucrania esto puede ser difícil. Pero para las personas gay o trans, el estigma se duplica.

Además de esto, existe la constante preocupación por el conflicto en el lugar de origen y por los seres queridos que se quedaron.

"Muchas personas que vienen al albergue todavía tienen sus padres en Donetsk y Luhansk", dice Shevchenko. "Siempre hay alguna operación militar, por lo que nunca se sabe si tu casa será afectada. No tienes ingresos, porque no puedes encontrar un trabajo, y si alguien te lastima ¿a dónde vas? Es una vida horrible".

"Me atormentaron durante horas."

Oleg, un estudiante de teatro de Donetsk de 22 años, fue denunciado a la policía por su propia madre, quien lo obligó a ver a un psicólogo.

"Cuando mi madre se enteró de que era gay, no entendía", dice. "Fue muy impactante para ella. Llamó a la policía tres veces para asustarme – las dos primeras veces que llegaron a nuestra casa, sólo hablaron conmigo, pero la tercera vez me llevaron a la estación. Me atormentaron durante horas y me dijeron que era un maricón. Estaba aterrado. Cuando llegué a casa, recuerdo que le dije: "Tú no eres mi mamá, porque las madres no hacen esto". No hablamos por mucho tiempo".

En la secundaria, a Oleg le pegaban y lo insultaban.

"Yo la llamo caza del zorro", dice. "Corrían tras mío y yo me tenía que esconder. Los muchachos solían empujarme por las escaleras. Sucedió muchas veces".

Folletos en exhibición en la oficina de Insight en Kiev.  © ACNUR/Anastasia Vlasova

"No entendemos lo valiosas que son las cosas hasta que las perdemos."

En el verano de 2014, cuando estalló el conflicto, decidió que no podía esperar más y se trasladó al norte, en Kiev. Su madre huyó unos meses más tarde, cuando su calle fue alcanzada por los combates. Milagrosamente, su casa permanece intacta, pero por estar en una zona de conflicto vale poco y ellos no piensan regresar.

"Es como una gran bola de nieve", dice Oleg. "Para mí, no se trataba solamente de la guerra, sino también de la discriminación y de la identidad LGBTI. Todo se vino a la vez y no me quedó más remedio que desaparecer. Sientes que nadie te entiende, estás perdido". Suspira Oleg, encogiéndose de hombros. "No entendemos lo valiosas que son las cosas hasta que las perdemos".

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, trabaja para ofrecer asistencia individual a los desplazados internos LGBTI más vulnerables en Ucrania, brindando asesoría legal y capacitación para el personal en el terreno. También apoya una iniciativa pública ucraniana llamada 'T-ema', que ayuda a las personas trans desplazadas y es dirigida por los participantes de un grupo de discusión instituido recientemente por ACNUR junto con los representantes de la comunidad LGBTI desplazada. En julio, la agencia participó en el Kiev Pride.

"Se necesita coraje, se necesita valor."

Para Oleg y muchas otras personas en su situación, el futuro en Ucrania es incierto. "No puedo ir a mi casa porque me pondrían en la cárcel o me matarían. No creo que pueda tener una vida normal en Ucrania, ni siquiera en Kiev. Es una lucha diaria y es algo que no quiero. Quiero una vida normal – una casa, un marido y gatos". Sacude la cabeza, tristemente. "Todavía no hemos luchado por nuestros derechos. No tenemos este tipo de historia. Se necesita coraje, se necesita valor".

Olena, de Insight, está entre los que se sienten preparados para asumir esta responsabilidad.

"La gente en Ucrania necesita sus derechos y necesita protección", dice. "Y están dispuestos a exigirlo".

*Nombre cambiado por razones de protección.

Por Kate Bond y Anastasia Vlasova en Donetsk, Ucrania

Gracias a la Voluntaria en Línea Violeta Chávez Bautista por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.