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Ucrania: los desplazados internos luchan por salir adelante

Historias

Ucrania: los desplazados internos luchan por salir adelante

La historia de Tamara es complicada y triste. Ella es una persona desplazada interna en su propia ciudad de Nikolaevka, un lugar pobre de 16.000 habitantes en Ucrania.
18 de septiembre de 2014 Disponible también en:
Tamara cocina en la habitación donde vive desde hace poco. Es una desplazada interna en su propio pueblo, forzada a mudarse tres veces desde que su apartamento fue bombardeado.

NIKOLAEVKA, Ucrania, 18 de septiembre de 2014 (ACNUR) – Tamara es una mujer mayor desplazada en el este de Ucrania. Sentada en su cama mira fijamente el baño que hay en su pequeña habitación y se desahoga: "Soy un ser humano, no soy un perro", dice. "Yo no pedí que me bombardearan. Tenía todo. Ahora no tengo nada".

Los combates que han arrasado la región desde la primavera han forzado a huir de sus casas y registrarse como desplazados internos a unas 310.000 personas. Los trabajadores de ACNUR creen que el número real podría ser mucho mayor ya que muchos desplazados simplemente se van a vivir con sus parientes o amigos y no lo dicen a nadie.

La historia de Tamara es más complicada y triste. Es una desplazada interna en su propio pueblo, Nikolaevka, una empobrecida localidad de 16.000 habitantes devastada desde hace tiempo por el desempleo.

Después de décadas cargando carbón y ahorrando dinero, Tamara tenía una pensión y su propio apartamento con una televisión nueva y una nevera. Luego vino el conflicto. Los proyectiles de artillería destruyeron su edificio, muy cerca de la Avenida de la Paz de la localidad. Escapó del edificio en llamas cuando ya se estaba derrumbando con sólo la ropa que llevaba puesta.

"Me quedé allí y se me saltaban las lágrimas. No quería llorar, pero igual se me saltaban. Llevo así ya dos meses y ahora voy por el tercero".

El pueblo no tenía nada que ofrecerle excepto dormitorios húmedos y ruinosos. Se mudó tres veces. En su casa actual las paredes gotean y el empapelado está desconchado. Tuvo que reemplazar los cristales de las ventanas rotas con el dinero de su pensión.

A principios de julio, Nikolaevka fue uno de los centros del conflicto. Hoy es un refugio para los desplazados internos, más de 170, que han huido de áreas más al sur donde el conflicto continúa.

Una vez a la semana, Tamara cojea hasta el ayuntamiento para recibir un paquete de ayuda distribuido por ACNUR con comida, papel higiénico y otros artículos de primera necesidad. A ella se unen otros desplazados, tanto del pueblo como de fuera. La administración local puede ofrecerles muy poco y el gobierno nacional prácticamente nada.

El Representante de ACNUR en Ucrania, Oldrich Andrýsek, dice que el gobierno tiene hacer más. "El gobierno ucraniano, con muchas prioridades compitiendo – elecciones presidenciales, ahora elecciones parlamentarias, la pérdida de Crimea – no puede centrarse en el problema del desplazamiento", señala.

"Está centrado en recuperar el control del territorio que no está bajo el control estatal y de alguna manera no está dedicando suficientes recursos y atención para ayudar a los desplazados", añade Andrýsek.

Entre los desplazados internos está Sveta. Huyó de su pueblo natal al este de Ucrania, Debaltsevo, cuatro veces durante el verano. Volvió hasta tres veces con la esperanza de que los combates hubieran acabado y siempre para descubrir que estaba equivocada.

Sveta llegó a Nikolaevka a finales de agosto con su marido y sus tres hijos. Su marido volvió inmediatamente a Debaltsevo para vigilar su apartamento. Los hijos de Sveta van al colegio en Nikolaevka y los locales han sido amables, pero Sveta está resentida por la falta de claridad y ayuda oficial.

"Ahora mismo no veo ningún futuro", dice. "Nadie sabe la verdad. Nadie habla sobre la verdad. No le creo a nadie, no le creo a nadie".

Sveta dice que le gustaría volver a casa con el alto el fuego pero todavía no se atreve. Habla con su marido por teléfono todos los días, a veces cada hora. Pero todavía hay disparos.

Ella tiene, al menos, una casa a la que podría volver. Tamara únicamente tiene el desmoronado edificio de dormitorios y su pequeña habitación. En ella se sienta en la cama y mira fijamente a través del cristal que instaló. Ve los escombros de los edificios destruidos entre los árboles. Ve su pasado, y no ve un futuro.

"Ellos [las autoridades] dicen que me darán un apartamento nuevo cuando lo construyan. Así que por ahora esto es lo que tengo. Estoy sola. No soy de utilidad para nadie".

Por Don Murray en Nikolaevka, Ucrania