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Un equipo de ACNUR ayuda a las mujeres en el este de Libia

Historias

Un equipo de ACNUR ayuda a las mujeres en el este de Libia

El equipo de ACNUR en Bengasi incluye a cuatro mujeres que están trabajando para ayudar a los desplazados forzosos de Libia, poniendo especial énfasis en la protección de las mujeres.
06 de julio de 2011 Disponible también en:
Reem Alsalem (a la derecha) con sus compañeras en el este de Libia.

BENGASI, Libia, 5 de Julio (ACNUR) – La Agencia de la ONU para los Refugiados participa en una misión de Naciones Unidas desplegada en la ciudad portuaria de Bengasi, en el este de Libia, para asistir a los civiles afectados por el conflicto. El pequeño equipo de ACNUR incluye a cuatro mujeres que están trabajando para ayudar a los desplazados forzosos de Libia, poniendo especial énfasis en la protección de las mujeres.

Reem Alsalem, que dirige el equipo de ACNUR en Bengasi, ha estado trabajando con la Agencia de la ONU para los Refugiados desde 1999. Ella ha trabajado tanto en campo como en la sede de ACNUR en Ginebra como oficial de protección. Ahora dirige la oficina de la Agencia en Barranquilla, en el norte de Colombia. Reem Alsalem habló recientemente por teléfono con la responsable de redes sociales de ACNUR, Alexandra Eurdolian. Estos son los extractos de su entrevista:

¿Cómo acabaste en Libia?

Cuando empezó la crisis libia, empecé a recibir e-mails prácticamente desde el principio preguntándome si estaría dispuesta a trasladarme a la zona. Quizás se deba a que hablo árabe, y en segundo lugar porque, como responsable del área para el Norte de África en Ginebra en 2009, trabajé mucho con Libia y viajé allí a menudo. En aquel momento hacíamos frente a los retornos forzados hacia el Norte de África de personas que llegaban en barcos, en el contexto de los flujos mixtos de inmigrantes y refugiados, entre los que había personas con necesidades especiales de protección que habían sido interceptadas en el mar por Italia. Así que cuando se desencadenó la crisis actual, supongo que es natural que mis compañeros pensaran en mí.

¿Puedes describirnos a algunas de las mujeres libias que has encontrado?

Hace poco hablamos con una limpiadora acerca de la vida en Libia y cómo las cosas habían cambiado para las mujeres. Como en cualquier país en conflicto, existen siempre pros y contras. Por un lado, al menos en el este, muchas mujeres y hombres se sienten mucho más libres y orgullosos de lo que su gente ha logrado. Por otro lado, temen por su seguridad de cara al futuro. También atraviesan dificultades económicas porque sus maridos no están trabajando. Las mujeres tienen que salir a trabajar y mantener a sus familias. Como esta limpiadora, que es la única fuente de ingresos en su familia.

Al mismo tiempo hay un gran sentimiento de solidaridad y compasión entre ellos y también hacia la nación árabe en el sentido más amplio por lo que está pasando en la región. Pero también son conscientes de que ésta es la primera vez que los libios se han convertido en desplazados y están deseosos de conocer cómo han respondido otros países. Estoy sorprendida por el nivel de apertura de las autoridades locales y de la población en general. Hemos tratado de dar respuesta y hemos llevado a cabo tres sesiones de formación para el Ministerio de Justicia, las autoridades locales y las ONGs.

¿Qué nos puede decir sobre las denuncias de violencia contra las mujeres en Libia?

Aunque no tenemos información de primera mano sobre esto, no podemos excluir la posibilidad de que se haya producido violencia sexual contra mujeres y niños – en el contexto del conflicto-. Sabemos que si hay mujeres en el país que han sido víctimas de esta violencia, debe ser muy difícil para ellas el vivir con las consecuencias físicas y psicológicas. Además no pudiendo hablar de esta terrible experiencia ni siquiera con sus familiares más cercanos ni pudiendo recibir el tratamiento adecuado. Una de las mayores barreras para las mujeres que buscan ayuda es el temor a quedar expuestas. Ese es uno de los grandes retos y consecuencias en materia de protección para las mujeres, tanto para las refugiadas en Túnez y Egipto, como para las desplazadas aquí en Libia.

También estamos tratando de establecer un método adecuado para la derivación de pacientes y de reforzar la presencia de trabajadores sanitarios y de atención psicosocial, especialmente fuera de Bengasi. Otra prioridad es reforzar los mecanismos de prevención junto a las autoridades locales, otras agencias de la ONU y las ONGs.

¿Puedes describirnos a la gente con la que trabajas?

Cuando llegué aquí, me uní a un equipo de cuatro personas, todas ellas mujeres a excepción de un oficial de seguridad. Dos de estas mujeres son árabes: Maryem, de Marruecos y Walaa, que también es jordano-palestina, como yo. Ana es española. Todas estamos en la misma franja de edad y llevamos trabajando para ACNUR entre 8 y 12 años. Tenemos un carácter fuerte y resuelto, no aceptamos fácilmente un no por respuesta, pero sobre todo amamos nuestro trabajo.

Dado que todas sois mujeres, ¿os podéis mover libremente?

Tenemos muchas restricciones de movimiento dadas las normas de seguridad. Estamos en el proceso de creación de una oficina. Antes trabajábamos desde nuestras habitaciones en la casa de huéspedes de la ONU, y ahora lo hacemos desde la oficina de la Organización Mundial de la Salud. Las mujeres pueden conducir, pero no es habitual ver a una mujer conduciendo sola, así que intentamos ir en grupo o con algún hombre que nos acompañe.

¿Vuestro origen ha tenido un impacto sobre vuestro trabajo?

Aunque tres de nosotros somos árabes, la cultura en Libia es bastante diferente porque venimos de lugares menos conservadores. Esto implica que nos tenemos que adaptar un poco. Aún así, creo que nuestros orígenes nos dan una ventaja inmediata, automática, porque la gente es más abierta, receptiva y cariñosa con nosotras. Hay muchos palestinos y marroquíes viviendo en Libia, así que en cierta medida, no nos consideran extranjeras. Hay una conexión instantánea que hace que el trabajo sea más fácil. Entendemos automáticamente lo que piensa la gente, sus preocupaciones y los mensajes entre líneas que pueden no ser tan obvios para otras personas.