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República del Congo se convierte en el nuevo hogar de las familias que huyeron de la inseguridad en RDC

Historias

República del Congo se convierte en el nuevo hogar de las familias que huyeron de la inseguridad en RDC

La comunidad local de Ngabé comparte lo poco que tiene con las personas refugiadas que han llegado de la República Democrática del Congo.
2 Agosto 2023 Disponible también en:
Una mujer en un mercado en República del Congo le entrega a su clienta una hogaza de pan envuelta en papel

Gaëlle (derecha), una refugiada de la RDC, vende pan en un mercado de Ngabé.

Al amanecer, Gaëlle camina a la panadería en el pequeño pueblo de Ngabé, al sureste de la República del Congo.

Gaëlle, de 28 años, tiene seis hijos; en la panadería, selecciona las hogazas recién salidas del horno y negocia con el panadero el precio al por mayor del día, que hoy suma 4.500 francos (es decir, USD $7,50). Enseguida, con la esperanza de obtener ingresos que le permitan satisfacer las necesidades básicas de su familia, se dirige al mercado para revender el pan que acaba de comprar.

Gaëlle llegó a República del Congo en octubre del año pasado, junto a su esposo y sus hijos. Ella y su familia tuvieron que abandonar su granja y el resto de sus pertenencias a causa de la violencia intercomunitaria que azotó al territorio Kwamouth, al otro lado del río Congo, al oeste de la República Democrática del Congo (RDC).

Más de 3.000 personas perdieron la vida mientras las comunidades teke y yaka se disputaban las tierras violentamente entre julio de 2022 y junio de 2023, una situación que obligó a no menos de 50.000 personas a huir de Kwamouth para ponerse a salvo en otras partes del país. Gaëlle fue una de las 5.000 personas que recibió protección en la República del Congo. La mayoría de las personas refugiadas se han establecido en el pueblo de Ngabé y en otros cincuenta pueblos aledaños o en los campamentos de pesca que bordean el río.

Al igual que Gaëlle, Charlotte no tuvo más opción que dejarlo todo atrás para huir en una canoa que atravesó el río. Luego de su llegada a la República del Congo, una embarcación – gestionada por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, en colaboración con las autoridades locales – la llevó, junto a otras personas refugiadas, a Ngabé, donde ahora vende pescado para sostenerse.

“Les compro el pescado a los pescadores; luego, lo cocino y lo revendo en el mercado”, contó. “Mi pescado se vende mucho; lo compran refugiados y locales por igual”.

Una mujer que lleva un vestido blanco con negro mira fijamente a la cámara

Desde que huyó de la República Democrática del Congo, Charlotte prepara y vende pescado en el mercado para obtener ingresos. 

Las comunidades locales en Ngabé y alrededor de este pueblo han sido sumamente generosas con las personas recién llegadas, quienes viven junto a la población que les dio acogida, comentó Harlette Mafouenta, Oficial de Protección Comunitaria de ACNUR, quien añadió que: “Aquí no hay campamentos de refugiados: luego de la invitación que hicieron las autoridades locales con el apoyo de ACNUR, la población de Ngabé convino recibir a las personas refugiadas en sus tierras”.

En total, con ayuda de personas refugiadas que se establecieron en la cercanía luego de haber huido de la violencia intercomunitaria que estalló al oeste de la República Democrática del Congo en 2018, se han construido 115 albergues y unidades prefabricadas de vivienda.

Aunque es poco lo que tienen, “algunos miembros de las comunidades locales han abierto sus puertas o han puesto sus propias casas a disposición”, indicó Harlette. “El que estas familias se hayan asentado en los vecindarios – es decir, en las propias comunidades – facilita su integración y posibilita que se comparta la prestación de servicios básicos que beneficien tanto a las personas refugiadas como a la población de acogida”.

Aquí podemos vivir en paz, y eso es lo más importante

Con la esperanza de que se estabilice la situación en su país, Gaëlle, Charlotte y otras personas refugiadas se han ido adecuando a las circunstancias junto a las comunidades que les han dado acogida. Han encontrado un empleo (como la venta de pan o de pescado en el mercado), han recibido atención médica, y envían a sus hijas e hijos a la escuela; sin embargo, los servicios sociales estaban ya sobrepasados incluso antes de que llegaran estas personas refugiadas, por tanto, necesitan fortalecerse para hacer frente a la creciente demanda.

Nell Mouandza, un oficial del consejo local de Ngabé, solicitó que la infraestructura local mejore porque existe la posibilidad de que lleguen más refugiados. “Si la violencia persiste, llegarán más personas de la República Democrática del Congo, pero temo que no podremos darles acogida”, recalcó. “Enfrentamos dificultades en el acceso al agua; también hay escasez de medicamentos y de personal médico”.

La República del Congo ha dado acogida a un total de 61.200 personas refugiadas y solicitantes de asilo; casi la mitad de ellas provienen de la República Democrática del Congo. Aun así, ACNUR tan solo ha recibido el 16% de los $37,4 millones de dólares (USD) que requiere para satisfacer las necesidades de estas personas en 2022; además, hasta ahora, solo ha recibido el 8% de los USD $40,3 millones que solicitó para este año.

“Nos quedaremos aquí hasta que la seguridad mejore en nuestros pueblos y aldeas en la República Democrática del Congo”, señaló Gaëlle, quien añadió que está muy agradecida por la bienvenida que le dieron en Ngabé. “Aquí podemos vivir en paz, y eso es lo más importante”.