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Sobrevivientes de las inundaciones en Derna recuperan la fortaleza de manera colectiva

Historias

Sobrevivientes de las inundaciones en Derna recuperan la fortaleza de manera colectiva

La oficial de misiones adjunta de ACNUR en Libia escuchó desgarradoras historias de pérdida cuando se entrevistó con sobrevivientes de las mortíferas inundaciones; no obstante, también fue testigo de la valentía y la resiliencia de las comunidades que se organizaron para brindar ayuda.
28 Septiembre 2023 Disponible también en:
Derna fue arrasada por el rompimiento de dos presas. Cuando llegué a la ciudad un par de días después de la catástrofe, parecía una pesadilla. Las resquebrajadas carreteras estaban repletas de rocas que habían sido arrastradas desde las montañas circundantes. El agua arrastró edificios enteros, que albergaban escuelas, hogares y hospitales. Mi mente hacía lo posible por procesar la violencia detrás de lo ocurrido.

Me acompañaban colegas de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y de otras agencias de la ONU. Nuestra tarea consistía en evaluar el impacto humanitario de la tormenta Daniel, así como coordinar la asistencia y el apoyo que había que brindar a decenas de miles de personas afectadas por las inundaciones. Como directora del equipo de protección de ACNUR en Libia, me corresponde garantizar que nuestra respuesta se centre en las necesidades inmediatas y a largo plazo de los sobrevivientes y de las comunidades de acogida.

Nuestro trayecto duró más de un día. Luego de haber conducido durante horas en lo poco que quedaba de la vía principal que llevaba a la ciudad, finalmente bajamos del vehículo, y nuestras narices percibieron un olor a muerte que nunca olvidaré. Hace diecinueve años que trabajo en el sector humanitario, así que he estado en muchos países – en Medio Oriente y el Norte de África, en Europa y en las Américas – que han sido azotados por el conflicto y la destrucción; sin embargo, no estaba preparada para lo que viví aquel día.

Mientras coordinábamos el traslado y la distribución de toneladas de artículos básicos de ayuda, la destrucción que nos rodeaba nos obligó a guardar silencio. La dimensión de la tragedia, no obstante, se hizo patente cuando quienes ahí residían compartieron el dolor y la pérdida que les embargaba por haber visto cómo el agua se llevaba sus hogares, su ciudad y a sus seres queridos.

Dos trabajadores de ACNUR caminan frente a un edificio en ruinas

Rana y un colega de ACNUR pasan por edificios llenos de escombros en Derna, Libia.

Más de 40.000 personas han sido desplazadas al noreste del país (esta cifra incluye a las 30.000 personas afectadas solo en Derna). ACNUR ha ampliado el alcance de sus operaciones para responder a las crecientes necesidades de decenas de miles de personas refugiadas, desplazadas internas y otras afectadas por las devastadoras inundaciones. Los equipos de ACNUR en Libia empezaron a distribuir artículos básicos de ayuda – como mantas, kits de cocina, lámparas solares y lonas de plástico – tres días después de que ocurrieran las inundaciones, es decir, tan pronto tuvieron acceso a las áreas más afectadas al este del país.

Historias desgarradoras

Estuve en el vecindario Ras al Mongar, en Bengasi, un par de días después de haber vuelto de Derna. Esta ciudad ha dado acogida a cientos – más bien, miles – de familias que lo perdieron todo: sus hogares, sus pertenencias, sus medios de vida y, peor aún, a sus seres queridos. Estuvimos ahí para evaluar las necesidades de las familias que vivirían temporalmente en un complejo que había sido donado – por un hombre de negocios – para albergar a las personas desplazadas que provenían de Derna.

Durante mi estancia conocí a sobrevivientes cuyas desgarradoras historias me conmovieron mucho más que las horrendas escenas que vi en Derna un par de días antes. Mi papel consistía en dar ánimos y escuchar para comprender de qué manera ACNUR y sus socios podían responder de mejor forma para satisfacer las necesidades de estas personas.

Entre ellas estaba Amal*, quien estaba en casa de su madre en Derna, junto con sus tres hijas (Fadwa, de ocho años; Dunia, de seis; e Ibtisam, de cuatro), el día de la tragedia. Su hermana, quien vivía en Trípoli, también estaba de visita con sus cinco hijos.

“Hubo mucho viento y tormentas aquella noche, pero no prestamos demasiada atención. Cerca de las once, cuando los niños ya se habían ido a dormir, estaba pasando el tiempo en Facebook cuando vi una publicación que decía que una de las presas había reventado. Entré en pánico, así que corrí a buscar a mi madre y a mi hermana. Mi madre dijo que eso era imposible, porque, de ser el caso, no quedaría nada de la ciudad. Le creí y me fui a la cama”.

Amal continuó contando su historia: “Desperté casi a las dos de la mañana, por el ruido que hacían los automóviles golpeándose entre sí. El sonido era tan extraño, que pensé que estaba soñando, pero sabía que no era así. Invadida por el pánico, volteé a ver a una de mis hijas: ella dormía debajo de una ventana, así que corrí para protegerla de aquello que no tardaba en llegar. Sin embargo, no lo logré. En cuanto puse la mano sobre su brazo, un torrente de agua entró violentamente a la casa y me empujó hacia arriba; por poco toqué el techo de la sala. Traté de sostenerme de los muebles flotantes para mantenerme cerca de mi hija, pero la corriente era mucho más fuerte que yo”.

“Le grité a mi hermana, a mi madre y a mis hijas para decirles que se sostuvieran de cualquier cosa a su alcance. Estaba desesperada; tenía la esperanza de que me escucharan, pero la única que respondió fue mi hermana. De pronto, el nivel del agua empezó a bajar, pues el agua empezó a salir por las ventanas para seguir su camino por el valle. Se llevó todas nuestras pertenencias y a su paso dejó ramas, partes de automóviles y muebles. En ese momento, creí haber escuchado la voz de mi hija, así que corrí hacia la fuente del sonido, pero no volví a escucharla jamás. No sé si ella estaba realmente ahí o si fue producto de mi imaginación”.

Amal no volvió a ver a sus hijas. Corrió a la calle para buscarlas, pero habían desaparecido. Por desgracia, encontró a su madre, quien yacía muerta afuera de la casa. Más tarde encontró a su hermana, pero, al igual que sus hijas, sus sobrinas también estaban desaparecidas.

“No estaba preparada para lo que viví aquel día”.

Rana G. Ksaifi, ACNUR

 

Un hombre y una mujer que llevan puestos chalecos con el logo de ACNUR observan cómo se suben suministros a una aeronave

Rana y otro colega observan cómo se suben los suministros de ayuda a una aeronave en el Aeropuerto Internacional de Benina, en Bengasi.

“Mi madre siempre odió el mar”, compartió Amal. “Solía decir que sentía que se sofocaba con tan solo ver las olas, como si se estuviera ahogando. Era como si durante toda su vida hubiera sabido que moriría de esa manera. Sé que, como yo, muchas otras personas han perdido lo más importante en sus vidas. Conozco y comparto su dolor, porque es igual al mío. Nos ayudaremos para aprender a vivir con él”.

Me quedé sin palabras al darme cuenta de que no podía hacer ni decir nada para aliviar su inmensa pena; también quedé impactada con la compasión que Amal le mostraba a otras personas que estaban sufriendo tanto como ella. La abracé tan fuerte como pude, con la esperanza de que ese pequeño gesto la ayudara a sentirse escuchada y considerada de alguna forma.

Una situación sumamente traumática

Más tarde, conocí a Ikhlas* y a su esposo. La pareja sobrevivió a las inundaciones, pero Ikhlas perdió a veintiún miembros de su familia, incluido su hermano, con quien tenía una relación muy estrecha.

Cuando ingresamos al hogar temporal en el que estaba viviendo en el complejo, Mohammed*, el esposo de Ikhlas, estaba sentado en pedazos de cartón dispuestos en el suelo. Si bien nos dio la bienvenida cortésmente, en su expresión podía verse el impacto de los sucesos. Mientras Ikhlas contaba lo ocurrido aquella noche, era dolorosamente evidente que estaba en estado de shock y que el trauma había sido profundo.

“Estaba despierta cuando ocurrieron las inundaciones”, me dijo Ikhlas. “Estaba viendo el mar desde el balcón; de pronto, escuché un sonido horrendo. No sabía qué estaba pasando. Pensé que era un sismo, pero el suelo no se estaba moviendo. De la nada, las enormes olas nos empujaron a mi esposo y a mí hacia el baño. Me sostuve de su camiseta; y él, de la mía. Le dije: ‘Mohammed, moriremos o sobreviviremos juntos esta noche’. No tuvimos descendencia, así que él es todo lo que tengo”.

Ikhlas dijo que parecía que un tsunami había irrumpido en su hogar, destruyendo todo antes de seguir bajando hacia el valle para arrasar más casas. Recuerdo haber pensado que Amal había hecho un comentario similar; es decir, ambas sobrevivientes no solo presenciaron la destrucción de sus hogares y de sus familias, sino que vieron cómo la corriente arrasaba con la ciudad entera.

“Mi casa quedó vacía. Doy las gracias por estos colchones y estos utensilios de cocina, pero extraño mi casa, mis muebles, mi propia cocina. No puedo creer que molestaba a Mohammed diciéndole que debíamos buscar otra casa, una que estuviera mejor, y que debíamos comprar muebles nuevos. Daría lo que fuera por volver a nuestra casa”.

Recuperación a largo plazo

Nuestra determinación – la mía y la del equipo de ACNUR en Libia – para hacer todo lo posible para abonar a la recuperación de estas personas es mayor luego de haber escuchado estas y otras historias, y tras ser testigos de la dignidad y la fortaleza de sobrevivientes como Amal e Ikhlas, aun en medio de una tragedia de esta magnitud. Las acciones que hemos estado llevando a cabo incluyen la distribución de medicamentos y artículos básicos de ayuda para satisfacer las necesidades más apremiantes, así como ofrecer asesoría y apoyo psicosocial para que las personas puedan reponerse del trauma y de la conmoción que provocó esta tragedia.

Una fuente de esperanza en una de mis visitas fue ver cómo las personas se unen para ayudar a otras que se han visto afectadas; también para ayudarse entre sí ante circunstancias tan duras. Esto incluye el increíble trabajo realizado por el personal de LidAid, un socio de ACNUR, que también se vio afectado por las inundaciones. Pude ver, de primera mano, cómo Malak, una joven voluntaria libia, brindaba asesoría inmediata a las familias que estaban sumidas en el dolor.

“Conozco y comparto su dolor, porque es igual al mío”.

Amal

 

Dos hombres están por recibir mantas en un almacén de ACNUR

Personas desplazadas por las inundaciones que están por recibir mantas y otros artículos básicos de ayuda en un centro de distribución en Al Marj, Libia.

Sin embargo, sanar las cicatrices psicológicas y las vidas destruidas por una tormenta devastadora tomará tiempo.

ACNUR empleará los recursos adicionales que recibió para instalar una línea de atención para personas que necesiten terapia en cualquier momento. Además, junto con sus socios brindará servicios comunitarios para que las personas tengan acceso a espacios seguros, puedan compartir sus experiencias y logren encontrar la ayuda que necesitan. Algunas acciones relativamente sencillas, como crear grupos de apoyo, marcarán una gran diferencia en la vida de sobrevivientes como Amal e Ikhlas, no solo porque recibirán apoyo, sino también porque podrán ayudar a otras personas a reavivar la esperanza y la fe, que sin duda vi en ellas a pesar de sus dolorosas pérdidas.

Los equipos de ACNUR continuarán con las conversaciones para comprender las necesidades de estas personas y para estar al tanto de su evolución a lo largo del tiempo. Esto garantizará que los programas de ACNUR se basen en las necesidades y los deseos de las personas afectadas; de ese modo, la asistencia que se brinde será oportuna y pertinente.

No hay más inundaciones en Derna, pero la devastación sigue presente en la vida de sobrevivientes como Amal e Ikhlas; por tanto, no es momento de darles la espalda.

*Los nombres se cambiaron por motivos de protección.

We cannot turn our backs on them now

Rana G. Ksaifi, UNHCR