Apatridia: Un solicitante de asilo romaní ve más cercana la ciudadanía

Asylum-seeker Muqishta Nuqi never gave up in his determination to become a Bosnian citizen, like his parents and siblings, and his persistence is paying off. [for translation]

Un oficial de protección de ACNUR saluda a un pequeño amigo de etnia romaní en un asentamiento de Sarajevo.  © ACNUR/M.Jasarevic

SARAJEVO, Bosnia y Herzegovina, 5 de diciembre (ACNUR) – Muqishta Nuqi ha sido durante mucho tiempo un caso excepcional dentro de su familia. Durante años, las personas de etnia romaní han carecido de ciudadanía y han vivido bajo la amenaza de expulsión de Bosnia y Herzegovina, que ha sido su hogar durante casi 20 años.

Sin embargo, este solicitante de asilo nunca se ha dado por vencido en su determinación de convertirse en ciudadano bosnio, igual que sus padres y sus hermanos, y su constancia está dando sus frutos. Tras los esfuerzos realizados por Nuqi y ACNUR, el Gobierno bosnio ha otorgado recientemente la residencia temporal a este romaní de 35 años de edad y a sus hijos, basándose en que ha adquirido bienes en Sarajevo.

Ello significa que tiene derecho por ley a residir en el país, si bien debe solicitar todos los años la residencia temporal, la cual no le otorga algunos derechos fundamentales como la asistencia sanitaria y económica. A los tres años puede solicitar la ciudadanía bosnia con todos los derechos asociados a la misma.

Sin embargo, el éxito de Nuqi es una excepción. No obstante, la ley bosnia relativa a la ciudadanía está siendo objeto de examen y ACNUR espera que otros centenares de familias vulnerables pronto puedan beneficiarse de la misma y obtener la ciudadanía de este país azotado por el conflicto en la década de 1990, a raíz de la disolución de la ex-Yugoslavia.

Su familia es de Djakova, Kosovo occidental, pero se trasladó a Sarajevo, la capital de Bosnia y Herzegovina, cuando era niño. Tuvo una infancia feliz en esta ciudad rodeada de colinas, si bien nunca se registró como residente, igual que otros miembros de su familia.

En el año 1992, el conflicto estalló de nuevo en la región de los Balcanes por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial y Nuqi huyó a Kosovo con su madre y algunos de sus hermanos. El resto de la familia permaneció en Sarajevo y el tío de Nuqi murió en la contienda.

Pero a los pocos años Kosovo también fue presa de la violencia y la persecución y el conflicto concluyó con la campaña de bombardeos que la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) llevó a cabo entre los meses de marzo y junio de 1999 contra objetivos del Gobierno de Yugoslavia. Forzados por los paramilitares a abandonar su hogar, Nuqi y su familia regresaron a Bosnia, país en el que, al igual que otros romanís que huyeron de Kosovo, obtuvieron la residencia temporal, que permite el acceso a ayudas, alojamiento, educación y asistencia sanitaria.

Para reunirse con su familia se trasladó a un asentamiento romaní de Sarajevo, donde ha vivido desde entonces y donde ha adquirido algunos bienes. Se gana la vida recogiendo y vendiendo materiales de desecho.

Sin embargo, en el año 2007, la incertidumbre irrumpió de nuevo en la vida de Nuqi, cuando fue devuelto a Kosovo – su último lugar de residencia registrado – y tuvo que separarse de su familia, después de que el Gobierno le denegara la admisión temporal. En 2009 solicitó asilo, pero la solicitud le fue denegada y apeló la decisión con ayuda de ACNUR.

"No tengo a nadie en Kosovo. Mis padres, mis hermanos y mis parientes son todos ciudadanos de Bosnia y Herzegovina. Seis de mis nueve hijos han nacido aquí y van al colegio aquí. He construido mi casa con mis propias manos y siempre he cumplido la ley", explica Nuqi a ACNUR. "Lo único que he deseado siempre es ser reconocido como ciudadano de este país", añade.

Ha mantenido una ardua batalla contra la decisión del Gobierno, dado que, al igual que otros romanís que se encuentran en una situación similar, él no residía en ningún centro de acogida para solicitantes de asilo y, por consiguiente, no tenía derecho a la asistencia jurídica o financiera del Gobierno. Además, tampoco tenía permiso de trabajo, aunque ello era imprescindible para mantener a su familia.

No obstante, Nuqi estaba decidido y, aunque es analfabeto y no puede leerlos, gastó tiempo, esfuerzo y dinero en recopilar y presentar documentos para justificar su solicitud de permanencia en Bosnia y obtener la ciudadanía y demostrar que es un buen ciudadano, que cumple la ley y merece este reconocimiento.

Para ello ha contado con la ayuda de ACNUR y el Consejo de Europa, cuyo Comisario para los Derechos Humanos, Thomas Hammarberg, se entrevistó con Muqishta hace un año e instó al Gobierno bosnio a redoblar los esfuerzos para buscar una solución duradera para los desplazados forzosos y promover su integración a nivel local.

"Debería prestarse especial atención a los romaníes que han tenido que desplazarse forzosamente de Kosovo y han vivido muchos años con sus familias en Bosnia y Herzegovina. El regreso no es una opción real para estas personas, ya que todavía necesitan protección internacional", dice el funcionario humanitario de Suecia.

Hay buenas perspectivas de cambio. A primeros de mes, los Gobiernos de Bosnia y Herzegovina, Croacia, Montenegro y Serbia, reunidos en Belgrado, expresaron con firmeza su apoyo a un plan de trabajo en el que se establecen medidas concretas para eliminar todos los obstáculos que impiden una solución duradera para los refugiados que aún quedan tras el conflicto de los Balcanes que tuvo lugar entre los años 1991 y 1995. Entre estas medidas cabe señalar la provisión acelerada de documentación civil que permita a estas personas disfrutar de sus derechos y reanudar sus vidas con normalidad.

El Ministro bosnio de Asuntos Civiles ha empezado a elaborar propuestas de enmienda de la ley de ciudadanía para facilitar a los refugiados y apátridas la obtención de la nacionalidad.

Naveed Hussain, ex representante de ACNUR en Bosnia y Herzegovina, confía en que la ley ayuda a mejorar las vidas de los que se ven obligados a desplazarse de nuevo a pesar de residir en Bosnia desde hace tiempo y tener sólidos vínculos familiares en este país. "El señor Nuqi y las personas que se hallan en su misma situación deberían poder convertirse en ciudadanos bosnios y quedarse aquí para siempre", subraya.

Por Eoin Ansbro y Miradije Hodža en Sarajevo, Bosnia y Herzegovina