Ante el temor a la agitación del mar, los refugiados prueban suerte con la ruta por tierra en Bulgaria

Cerca de 13.000 solicitantes de asilo han recorrido un camino a través de Bulgaria este año, una expedición en busca de una ruta hacia Europa por tierra más segura

Aveno, una viuda de 24 años de edad procedente de Qamishli, Siria, sentada en una cama junto a sus dos hijos en un centro de registro de refugiados de Harmanli, Bulgaria.  © ACNUR/G.Welters

HARMANLI, Bulgaria, 23 de octubre de 2015 (ACNUR) – Cuando Faisal, un conductor de camiones de Alepo, salió de una Siria devastada por la guerra hacia Europa, su mujer Frida y sus cuatro hijas consideraron la idea de cruzar el Mediterráneo amontonadas en un barco, pero desecharon la idea: ninguno de ellos sabía nadar.

"Lo único que me importa es la seguridad de mi familia", dijo Faisal, señalando a sus hijas, de edades comprendidas entre los 7 y los 13 años, mientras se sientan juntas en su habitación dentro de un antiguo y enorme cuartel militar en Harmanli, no muy lejos de la frontera con Turquía.

En lugar de eso, la familia, perteneciente a la religión yazidí, que se ha convertido en el blanco de los militantes, desembolsó 6.700 dólares estadounidenses a un traficante de personas para que les ayudara a cruzar la frontera terrestre con Bulgaria. El coste era considerablemente mayor en comparación al del peligroso cruce por mar hacia Europa, el cual se ha llevado la vida de al menos 3.135 personas en lo que va de año.

Esta familia se encuentra entre los 13.000 solicitantes de asilo que han trazado su trayectoria a través de Bulgaria este año en búsqueda de una ruta más segura hacia Europa, un viaje que presenta muchos peligros por sí solo, habida cuenta de las condiciones cada vez más difíciles en las fronteras.

La familia de Faisal acabó en la cárcel tras ser descubierta durante su primer intento de llegar a Bulgaria. Confiscaron sus carnets de identidad antes de enviarlos de regreso a Turquía, donde intentaron cruzar de nuevo la frontera, a pesar del endurecimiento de los controles.

A medida que se acerca el invierno, Bulgaria tiene intención de ampliar la valla que actualmente se extiende a lo largo de su frontera con Turquía de los actuales 50 kilómetros a 160 kilómetros. La valla cuenta con guardias armados y equipos de vigilancia con alta tecnología.

La semana pasada, un refugiado afgano murió a causa de un disparo de un guardia de frontera búlgaro cerca de la ciudad fronteriza de Sredets. ACNUR condenó el hecho y exigió que se inicie una investigación. Sin embargo, la oposición pública de Bulgaria en relación a los refugiados se ha endurecido.

Mientras tanto, en un dormitorio femenino en la cuidad de Harmanli, en Bulgaria, Aveno, una joven madre kurda procedente de Qamishli, en el norte de Siria, removía de una pequeña estufa una cazuela con sopa que hervía a fuego lento. Se tenía que encargar de varias cosas a la vez, acunando a su bebé de cuatro meses en un brazo mientras su hijo de un año tiraba de su falda, reclamando atención. "Se cansaron mucho en el camino hacia aquí", afirmó.

Los refugiados permanecen en un centro dentro un antiguo cuartel militar de Harmanli en Bulgaria.  © ACNUR/G.Welters

Después de que los militantes mataran a su marido, Aveno había reunido 4.500 euros para llegar hasta aquí, en vez de arriesgar la vida de sus hijos en el azaroso viaje por mar hacia Grecia. Espera que su hija, que sufre de una afección cardíaca, pueda recibir cuidados médicos.

Una mujer de mediana edad que ayudaba a Aveno con la cocina narraba cómo recientemente había pasado tres días perdida en un bosque búlgaro cerca de la frontera. Fue golpeada por la policía, robada y enviada de regreso a Turquía, aunque encontró la forma de regresar. "Las mujeres debemos permanecer unidas para estar seguras", afirmó.

Dada la afluencia masiva de refugiados que llegaron al centro de acogida de Harmanli durante los últimos meses, las autoridades establecieron un campamento de tiendas de campaña sustituyéndolo, posteriormente, por prefabricados. No obstante, este se ha vaciado notablemente durante las últimas semanas, ya que los refugiados y migrantes optan por dirigirse hacia otros países europeos.

Bulgaria dispone de seis centros de acogida operativos, con un total de 5.130 camas, pero actualmente los centros se encuentran aproximadamente al 70% u 80% de su capacidad.

"Ahora casi nadie quiere quedarse en Bulgaria", afirma Gospodin Gospodinov, un trabajador social de Harmanli, cuyo escritorio está lleno de solicitudes de asilo. "Algunos esperan a oír nuestra decisión; otros no lo hacen y continúan su viaje de forma ilegal".

Gracias a la Voluntaria en Línea Carmen Juárez Junquera por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.