Salzburgo, sorprendida por la cifra de refugiados, se apresura a preparar centros de acogida

Beneath hustle and bustle of Salzburg's main station now lies a streamlined operation which welcomes around 450 refugees per day. [for translation]

Salzburg's railway station is the last stop for many refugees transiting through Austria. Although Salzburg provides three emergency shelters most are keen to stay close to the tracks where dozens of refugees gather to discuss their plans and share information.  © ACNUR/F.Rainer

SALZBURGO, Austria, 28 de septiembre de 2015 (ACNUR) – En Salzburgo nadie esperaba que la crisis de los refugiados los golpeara tan de cerca. Por eso, cuando Michael Haybäck, el director del orden público de la ciudad, recibió una llamada a las 8:30 p. m. una noche a principios de septiembre, tuvo que pensar rápido.

Martin Floss de la oficina del alcalde estaba en la línea. "Él dijo que cerca de 1.500 refugiados llegarían en las próximas dos horas", recordó Haybäck. "Yo estaba muy sorprendido. Regresé la llamada y pregunté si el número era correcto".

Cuando Floss y Haybäck llegaron a la estación de tren, luego de conversar con la Cruz Roja y los políticos, apenas podían creer lo que veían sus propios ojos. En un estacionamiento subterráneo se encontraban cerca de 1.000 refugiados desesperados que habían viajado desde países devastados por la guerra como Siria e Irak. La mayoría planeaba viajar hasta Alemania.

"Nunca antes había visto algo como eso", dijo Floss con voz suave. "Es una experiencia que nunca olvidaremos".

A la medianoche llegaron las primeras camas de campamento y se suministró alimento. Ahora, unas tres semanas más tarde, debajo del ajetreo de la estación central de Salzburgo, se encuentra un ágil operativo que recibe alrededor de 450 refugiados por día.

Entre esas paredes, hombres, mujeres y niños toman una oportunidad única de descansar, ya sea antes de buscar asilo en Austria o de viajar a Múnich. Las camas están apretadas en cada centímetro de espacio disponible. Alimentos, bebidas, primeros auxilios, ropa, duchas, un área de juegos para niños y tomas de corriente se encuentran a disposición gracias a organizaciones como la Cruz Roja, Caritas y los Scouts.

"Tienes que manejar la situación", dijo Floss, mientras acompañaba al ACNUR en su visita. "No tiene sentido discutir si esto es bueno o malo. Aquí, no puedes discutir. Los trenes llegan y tienes que actuar".

Pero responder a una crisis creciente como esta no es una tarea sencilla y en ese momento Haybäck y Floss estimaban que había aproximadamente unas 1.300 personas en la estación. Las camas escaseaban.

En la frontera de Salzburgo con Alemania, la situación no era diferente. Cuando ACNUR llegó, cientos de personas aguardaban sobre el puente que actúa como línea divisoria. Había muchas mujeres y niños entre ellas.

Cada uno tenía un número que determinaba su posición en la fila y, para aquellos al final de esta, un refugio temporario ofrecía un lugar para dormir y aguardar su turno.

Luego de semanas de viaje, Amer, un fabricante de letreros de Damasco, finalmente se acercó al frente. Con él se encontraba su esposa, una maestra de arte, y dos niños. Sharm, de cuatro años vestida de rosa desde la cabeza a los pies, se apoyaba en la baranda. "¡Quiero ser una maestra!" dijo en respuesta a una pregunta sobre qué quiere hacer en Alemania. Su madre sonrió con orgullo. "Ella nació en el medio de una guerra", dijo Amer con tristeza.

Amer y su familia planean reconstruir sus vidas destrozadas en Europa. Pero aunque los momentos más duros de su viaje ahora se encuentran atrás, todavía hay mucho por qué preocuparse. ¿Qué les deparará el destino?

De vuelta en la estación de tren, Floss y Haybäck se hacían la misma pregunta. Todo lo que ellos pueden hacer es ayudar un día a la vez. "Parece ser una historia de nunca acabar", dijo Floss, y suspirando añadió: "nadie sabe cuánto tiempo va a durar." Pero para él, Haybäck y todo el personal en la estación de Salzburgo, hubo un punto crucial para recordar: "Nadie deja su hogar sin una razón".

Por Kate Bond, en Salzburgo.

Gracias a la Voluntaria en Línea Ebelyn Mariel Mateo por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.