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Los sueños de una solicitante de asilo en Venezuela se hacen realidad

Historias

Los sueños de una solicitante de asilo en Venezuela se hacen realidad

Gracias al programa "Rancho por casa" del Gobierno venezolano, una solicitante de asilo de 66 años puede realizar su sueño de integración en el país al tener vivienda propia.
18 Julio 2012
El sueño de tener una casa se hizo realidad para Celina, una solicitante de asilo de 66 años, gracias al programa "Rancho por casa" del Gobierno venezolano.

GUASDUALITO, Venezuela, 18 de julio de 2012 (ACNUR) – Había ambiente de fiesta en Samaria, una comunidad en las afueras de Guasdualito. Se iniciaba un sueño: esa mañana sería distinta para Celina, una solicitante de asilo de 66 años quien llegó a Venezuela sólo con la esperanza como maleta. Después de enfrentar una dura historia de persecución en su país de origen, Colombia, que la obligara a dejar atrás su tierra, ahora celebra junto a amigos, vecinos y trabajadores del ACNUR el inicio de una nueva etapa. Esta valiente mujer obtuvo una casa de manera gratuita gracias al programa del Gobierno venezolano que lleva por nombre "Rancho por casa".

Celina nació en un pueblo del departamento del Cesar. Su vida estuvo marcada por varios desplazamientos internos debido a la persecución de diferentes grupos armados irregulares. "La situación se volvió insoportable, yo no tuve más opción, tomé a mis 2 hijos y huí a otro país. Nosotros dejamos nuestras posesiones y hogar. Llegamos a Venezuela con las manos vacías", afirmó.

Ella es cabeza de hogar y desde que vive en Venezuela ha tenido que ocuparse de sus dos hijos, uno de ellos con discapacidad mental. Encontrar una vivienda digna era uno de sus grandes retos: con poca estabilidad laboral y en un país desconocido ello se hacía casi imposible. Sin embargo, no dejó de fabricar sueños bajo el refugio de su antigua choza de zinc en una zona rural en Guasdualito. En ese lugar cargado de necesidades, imaginó muchas veces cómo sería la vida en un hogar más confortable y seguro. "Yo siempre soñé con tener un hogar mejor para mis hijos", expresa con emoción esta solicitante de asilo.

Luchadora por naturaleza ganó el respeto de su comunidad. Pese a los numerosos desaciertos que enfrentó en el pasado, Celina refleja con su sonrisa una actitud de esperanza y es ejemplo de perseverancia ante los obstáculos que han surgido en su camino. En Venezuela, ella, como otros solicitantes de asilo y refugiados, ha participado en numerosos proyectos culturales y deportivos organizados por CARITAS y el consejo comunal de su barrio, lo que contribuyó a su integración en el país de acogida. Es así como ha conocido a sus amigos, entre ellos los líderes comunales de la población de Samaria, quienes al observar la situación de precariedad que padecía la incluyeron en el programa "Rancho por casa", proyecto desarrollado por el Gobierno venezolano para otorgar viviendas gratuitas a personas que se encuentran en situación de pobreza extrema.

A esta noble mujer, la suerte le había cambiado. Por un giro del destino su vida se carga ahora de esperanza y colorido. Es la primera solicitante de asilo que recibe una vivienda gratuita en el estado Apure. Su historia demuestra una vez más el esfuerzo del Gobierno por incluir a la población refugiada dentro de sus políticas públicas.

La nueva casa estaba repleta de amigos y de todos los compañeros de camino que han tendido la mano a Celina en su proceso de integración en Venezuela. Este evento digno de celebración se inició con el párroco de la Catedral de Guasdualito, quien con emotividad y cargado de alegría dio la bendición al nuevo hogar de Celina, el cual se conforma de tres cuartos que abrigarán con comodidad a su núcleo familiar. La casa cuenta con un patio, con exuberante vegetación y con suficiente espacio para criar sus patos y gallinas.

Entre comida, música y alegría celebró Celina el primer día en su nueva casa. Al caer la noche descansaría en un techo seguro junto a sus hijos. Esta historia logrará renovar sentimientos de ilusión y esperanza para la población refugiada en Venezuela.

Por Tatiana Font, en Guasdualito, Venezuela