Cuando la vida nos pone ante una encrucijada
¿Por qué preocuparnos por el medio ambiente?
Los problemas ambientales vistos en perspectiva
La respuesta del ACNUR

Cuando la vida nos pone ante una encrucijada
Imagínese que usted se encuentra ante una frontera, ante una línea invisible que separa las leyes de un país de las de otro, una línea que al cruzarla le puede cambiar la vida, tal vez para siempre. Sin embargo, no tiene más remedio que cruzarla. Cada año cientos de miles, si no millones, de personas, se ven forzados a tomar esa ruta.
Y ésa es apenas una pequeña fracción de los 22 millones de refugiados que hay en el planeta, multitud que agrupada en un solo lugar equivaldría casi a la población de Canadá o de Kenia.
El movimiento y desplazamiento voluntario de un gran número de personas puede tener un impacto significativo en el medio ambiente. En efecto, cuando los refugiados llegan a un lugar desconocido, deben hacer frente a la fatiga, el hambre y el sufrimiento. Su primera preocupación es protegerse a sí mismos, buscar techo, obtener alimentos. Y así empiezan a cortar árboles, para sentar las bases de un refugio rudimentario. Después viene la recolección de leña para cocinar y para calentarse.
Si el número de familias refugiadas es pequeño, el impacto ambiental difícilmente será grave o de efectos duraderos; pero si la cifras de personas desesperadas suma los miles, el resultado puede ser desastroso para el medio ambiente, y lo que es malo para el medio ambiente es malo para el bienestar del ser humano.
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¿Por qué preocuparnos por el medio ambiente?
Sin duda en todo el mundo hay problemas ambientales, pero la magnitud de éstos se agiganta al reunir un gran número de personas desesperadas por sobrevivir.
Entre los principales problemas asociados a un área afectada por refugiados figuran: la deforestación, la erosión de suelos, y la contaminación e incluso el agotamiento del agua disponible. Y no hay que dejar de lado los cambios en el bienestar socioeconómico que sufre una comunidad con el arribo o la estadía prolongada de refugiados. Cambios como éstos también perjudican el medio ambiente, pues alteran la calidad y la cobertura de los servicios de que disponen (y van a disponer en el futuro) los habitantes locales.
El ACNUR está consciente del impacto que pueden causar los refugiados en el medio ambiente. La competencia por recursos naturales, tales como leña, materiales para construcción, agua dulce y alimentos silvestres constituye una preocupación inmediata para el ACNUR. Y es que, si no se aborda con rapidez, problemas tales como el deterioro ambiental y las rivalidades entre los refugiados y la población local pueden socavar la eficacia de los programas del ACNUR. Es más, dificultades de ese tipo podrían hacer que los gobiernos reconsideraran su decisión de ofrecer asilo a los refugiados en el futuro.
Por otra parte, no se puede esperar que los refugiados antepongan las consideraciones medioambientales a su propia seguridad y bienestar. Precisamente es aquí donde el ACNUR y otras organizaciones pueden tender una mano y ayudar a mantener el impacto de los refugiados en el nivel más bajo posible, y apoyar a los países de acogida con actividades de limpieza y rehabilitación.
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Los problemas ambientales vistos en perspectiva
El deterioro medioambiental es un fenómeno de proporciones mundiales: en casi todas las naciones de la Tierra hay un hábitat en proceso de deterioro o de desaparición.

Ahora bien, el impacto de los refugiados en el medio ambiente no es significativo a escala mundial. En Tanzanía en el punto más álgido de la crisis de refugiados (entre 1994 y 1996), se ocuparon 570 kilómetros cuadrados de bosques, de los cuales 167 kilómetros cuadrados resultaron gravemente deforestados. Una evaluación de impacto ambiental realizada en Zimbabwe en 1994, cuando los refugiados mozambiqueños ya habían regresado a sus casas, mostró una reducción de un 58% en la cobertura boscosa alrededor de los campamentos. Aún así, países como Costa de Marfil y la República Democrática del Congo muestran una pérdida anual de hábitat mucho mayor, producto de la extracción no regulada de madera y de la deforestación para la agricultura. En efecto, esos países pierden, respectivamente, entre 2.900 y 1.800 kilómetros cuadrados de bosque al año.
La intención de esas cifras no es negar el hecho de que un alto número de desplazados perjudica el medio ambiente. Se trata tan sólo de poner las cosas en perspectiva. En la mayoría de los países, la pérdida de cobertura boscosa es un tema de importancia capital por las consecuencias que suele tener: hábitats deteriorados, ecosistemas que dejan de prestar servicios y, con frecuencia, una merma en los ingresos y en la calidad de vida. Revertir el daño causado al ambiente es, la mayoría de las veces, costoso y poco práctico; de ahí que el ACNUR considere fundamental limitar los daños ambientales, y conservar y promover las opciones para el desarrollo sostenible.
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La respuesta del ACNUREl ACNUR se preocupa cada vez más por la situación y el bienestar del medio ambiente que rodea los campamentos de los refugiados y las áreas de reasentamiento. La experiencia ha demostrado que el bienestar de la gente, sean refugiados o habitantes locales, se encuentra estrechamente relacionado con el bienestar del medio ambiente. De hecho, estos dos aspectos no se pueden separar.
Hay que recordar, además, que no hay dos situaciones de refugiados iguales: algunas emergencias se desatan de la noche a la mañana; otras van ganando impulso en forma gradual, durante semanas o meses. El desenlace, sin embargo, suele ser el mismo: un gran número de personas que se ven forzadas a abandonar su hogar, su vida, sus bienes, e incluso su familia y sus amigos.
Tampoco existe una respuesta única para estas emergencias: cada operación de refugiados debe ser abordada de una manera distinta, amoldarse a las condiciones y necesidades específicas del momento. Los requisitos para proteger el ambiente varían de un país a otro, y de una situación a otra, según sean las condiciones sociales, culturales y ambientales del lugar, y según sean las oportunidades y limitaciones existentes.
El mandato del ACNUR es proteger los derechos y la dignidad de los refugiados, tarea que ha llevado a cabo por casi medio siglo. En los últimos años, sin embargo, también se han adoptado medidas para salvaguardar el medio ambiente en el que se asientan los refugiados, y para fomentar el manejo de los recursos naturales con una visión de sostenibilidad a largo plazo. En esta labor, el ACNUR desempeña un papel de coordinación importante, y para ello recurre a los conocimientos especializados y al apoyo de otras organizaciones. Con el fin coordinar mejor la implementación de sus actividades en el terreno, en 1996 el ACNUR preparó el documento titulado Directrices Ambientales, en el que plantea sus políticas y principios operativos.
Al igual que los refugiados, el ACNUR necesita del apoyo continuo de otras personas. Si usted desea recibir información sobre cómo ayudar, no dude en comunicarse.
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