Colombia: Sin familia, sin tierra, sin identidad

Thousands of Colombia's indigenous people have been forced by violence to flee to urban areas. They must balance preserving their identity with starting a new life. [for translation]

Hilda recuenta su historia de desplazamiento, que inició cuando tenía tan solo 21 años.  © ACNUR/D.Diaz

MEDELLÍN, Colombia, 14 de septiembre de 2012 (ACNUR) – "Soy de la selva del Urabá Antioqueño y estoy aquí en la ciudad de Medellín en búsqueda de resolver mis sueños y también acompañando a mujeres indígenas para poder fortalecerlas y poderlas organizar como nos soñamos", cuenta entre la nostalgia y la esperanza Hilda, mujer desplazada indígena de 36 años de la comunidad Emberá Katío que vive en un barrio de Medellín, departamento de Antioquia, Colombia.

Hilda o Ponutuma (olor de flor silvestre), fue desplazada por primera vez con apenas 21 años. A comienzos de los años 90, el conflicto en el Urabá Antioqueño se intensifica debido a la predominancia de varios grupos armados en el territorio, teniendo bajo constante persecución los indígenas de los 18 cabildos de la zona de Mutatá. Esta zona ha sido desde varios años un territorio habitado por grupos armados ilegales debido a sus recursos naturales y a sus condiciones geográficas que facilitan acciones de retaguardia de estos grupos, además de otras actividades ilegales como los cultivos ilícitos, tráfico de droga, plantación de minas antipersonales, entre otras.

En 1997, luego de constantes amenazas y de haber recibido consejos de sus compañeros de abandonar la comunidad, Hilda junto con otros compañeros indígenas llegaron a Mutatá. Aquí los indígenas empezaron a ser estigmatizados y a ser vulnerados de sus derechos, "los habitantes del pueblo decían cosas como que los indígenas están ensuciando el pueblo" resalta Hilda.

"Después de la muerte de mi familia, la persecución seguía porque yo tenía mucha información. Yo era una amenaza para ellos porque sabía exactamente cuáles eran los grupos armados que estaban en los territorios, quiénes estaban buscando a los compañeros, porque yo era la única mujer que hablaba castellano", relata esta líder que desde los 14 años estuvo involucrada en procesos de participación comunitaria.

Hilda trabajaba como educadora en la cabecera municipal de Mutatá con niños pequeños durante varios años. En el entierro de su padre, Hilda recibió una carta de la guerrilla en la cual le comunicaban que debía presentarse en la escuela porque la estaban buscando. En ese momento, Hilda se percató de que debía irse del pueblo, y se desplazó por segunda vez hacia Medellín.

Medellín es la segunda ciudad de mayor recepción de población desplazada después de Bogotá. A diciembre de 2011, según cifras oficiales del Registro Único de Población Desplazada, casi 233.000 desplazados internos llegaron a la capital del departamento de Antioquia huyendo del conflicto y de la persecución. De ellos, el 0,5% son de origen indígena.

Después de tres meses de haber llegado a Medellín, Hilda intentó regresar a su tierra, "pero nunca pude llegar a mi pueblo". La persecución en contra de ella sumada a la grave situación de orden público en la región del Urabá Antioqueño, con instalación de retenes ilegales en las carreteras, impidieron a Hilda acercarse a Mutatá en busca de información sobre sus compañeros.

Desde su estadía en Medellín hasta hoy, Hilda ha podido acceder a distintas oportunidades que se le han presentado gracias a su profesión como educadora, entre ellas la adjudicación de una beca de estudios en toda la región Andina en base a cursos teórico-prácticos enfocados en el tema de liderazgo de mujeres jóvenes. Sin embargo, ella jamás dejó de preocuparse ni de sentir un dolor inmenso por la vida de sus compañeros y familia, ni ha dejado de luchar por la inclusión y empoderamiento de las mujeres indígenas. La Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Medellín actualmente apoya al Cabildo Indígena Chibcariwak fomentando la apertura de espacios de diálogo en los cuales, entre otros beneficiarios, las mujeres pueden dar a conocer los riesgos y problemáticas enfrentadas en un contexto urbano, al igual que encontrar soluciones concertadas y participativas.

"Al perder el territorio estamos vulnerables a perder nuestra identidad", por ello Hilda lidera actualmente un grupo de mujeres que tiene como objetivo fortalecer saberes relacionados con la cultura: el canto, música, arte, tejidos; cada mujer fortalece su potencialidad dentro de esos conocimientos tradicionales. "Las mujeres indígenas nos sentamos a reflexionar en las madrugadas Eso nos permite conectarnos con la naturaleza y de acuerdo a eso, nosotras tejemos para tener presente lo que somos como mujer indígena frente a las preocupaciones de las exigencias de la ciudad. Tejer nos revitaliza y nos ayuda a fortalecer física y mentalmente, y nos ayuda a subsistir económicamente en la ciudad", resalta Hilda.

Por Diana Díaz Rodríguez con el apoyo de Lívia Mota, en Medellín, Colombia