ACNUR da cuenta de progresos en sus acciones en el área sanitaria para refugiados a pesar del récord de desplazamiento

El siguiente contenido corresponde a las declaraciones formuladas hoy por un portavoz de ACNUR en una rueda de prensa en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.

Las vacunas orales contra el cólera se distribuyen con la ayuda de voluntarios y ONG locales e internacionales y la ONU, en el campo de refugiados de Balukali, el 12 de octubre de 2017.  © ACNUR/Roger Arnold

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, ha presentado esta semana su Memoria Anual sobre Salud Pública de las nuevas emergencias de refugiados y otras operaciones que ya están en marcha. A pesar de las cifras récord mundiales de desplazamiento forzado, el informe señala que los servicios de salud para refugiados y otras poblaciones desplazadas en la mayoría de los casos marchan por buen camino. No obstante, siguen siendo motivo de preocupación las enfermedades transmisibles, la anemia y el retraso en el crecimiento.

El informe constata que la mejora en la vigilancia semanal de los principales indicadores en materia de salud entre las poblaciones refugiadas durante las emergencias y en el seguimiento sistemático están contribuyendo a intervenciones más tempranas y efectivas. Este informe compone una instantánea de los logros alcanzados y muestra las tendencias a partir de los principales indicadores de ACNUR en materia de salud pública, salud reproductiva y VIH, nutrición, seguridad alimentaria, y agua, así como de los programas de saneamiento e higiene en 37 operaciones clave. En 21 de estas operaciones, ACNUR y sus socios recopilan y analizan datos sobre salud pública utilizando sistemas estandarizados de información sanitaria para ofrecer una mejor protección y servicio a las personas refugiadas.

Este informe incluye, por ejemplo, conclusiones sobre tasas de mortalidad entre niños y niñas refugiados menores de 5 años, que en todo caso es un importante indicador el impacto en el ámbito de la salud en emergencias. A pesar de las importantes emergencias de refugiados y brotes de enfermedades en 2017, año en que las guerras y la persecución provocaron un nuevo récord en el desplazamiento forzado, esta tasa se mantuvo estable a nivel global en situaciones de post-emergencia, con una media de 0,4 muertes al mes por cada 1.000 niños refugiados, confirmando la tendencia a la baja observada desde 2011. Este indicador está en el rango de los países en desarrollo y de ingresos medios, según el informe de Mortalidad Mundial 2017 de Naciones Unidas.

También se han registrado avances en los servicios de salud reproductiva, dado que 9 de cada 10 partos (un total de 96.776 partos) en más del 83% de las operaciones participantes en el estudio contaron con personal sanitario cualificado, un 25% más que en 2016. Cerca de medio millón de mujeres refugiadas embarazadas recibieron asistencia prenatal en 135 centros monitoreados en 21 operaciones, un 18 más que en 2016.

En 2017, se ofrecieron más de 8 millones de consultas clínicas a personas refugiadas en centros de salud, cifra que supone un aumento del 10 por ciento con respecto a 2016. Nueve de cada 10 refugiados que fueron atendidos en los centros de salud padecían enfermedades transmisibles, lo que subraya la importancia de la inversión constante en servicios preventivos de alto impacto.

El número de consultas de salud mental para refugiados también ha ido aumentando de manera sostenida a lo largo de los años, duplicándose en 2017 en comparación con las cifras observadas hace solo tres años. Esto ha sido posible gracias a la mayor disponibilidad de estos servicios en los centros sanitarios de atención primaria.

El 65% de las operaciones de refugiados de ACNUR reportaron tasas de vacunación contra el sarampión de niños menores de un año superiores al 90%, mientras que el estándar internacional señala que debe ser superior al 95%. En total, más de 160.000 niños de este grupo de edad fueron vacunados contra el sarampión en el marco de los programas sistemáticos, un 15% más que en 2016. El acceso al tratamiento del VIH se mantuvo con más de 10.000 refugiados inscritos en programas de tratamiento del VIH, triplicando el dato de 2015.

Frente a estos resultados, ACNUR sigue muy preocupado por la persistencia de altos niveles de anemia y niveles persistentemente elevados de retraso en el crecimiento. La desnutrición aguda también sigue siendo extremadamente preocupante en un contexto de reducciones de las raciones de alimentos para refugiados y de la asistencia básica en varias operaciones. En general, en el 62% de los campamentos de refugiados encuestados se cumplían los estándares mundiales de desnutrición aguda, mostrando una ligera mejoría con respecto a 2016. Los niveles de retraso en el crecimiento entre niños menores de cinco años alcanzaron estándares aceptables en solo el 25% de los campamentos, registrándose unos niveles similares a los de 2016. Más del 50% de los campamentos encuestados mostraron niveles críticos de prevalencia de la anemia infantil (superior al 40%). Apenas el tres por ciento de los campamentos encuestados cumplía con los estándares de anemia con una prevalencia inferior al estándar aceptable del 20 por ciento.

ACNUR logró mantener el volumen medio de agua suministrada a los refugiados en 21 litros por persona por día, superando el estándar mínimo básico de 20 litros al día. Sin embargo, ACNUR no siempre ha logrado cumplir todos los estándares en situaciones de emergencia ni en situaciones de desplazamiento prolongado. El promedio de refugiados por inodoro mejoró a 22 personas, aún por encima del estándar en materia de saneamiento de un máximo de 20 personas por inodoro.

Teniendo en cuenta la cifra sin precedentes de desplazamiento forzado a nivel mundial, en 2018 las necesidades presupuestarias de ACNUR también han alcanzado la cifra récord de 8.275 millones de dólares. Sin embargo, a mediados de 2018, apenas se ha recibido el 33% de esta cantidad. Si bien ACNUR agradece el generoso y oportuno apoyo ya brindado por los donantes, y agradece especialmente a los donantes las contribuciones sin restricciones que nos han permitido mantener sin interrupciones nuestro trabajo en estas y otras actividades, resulta capital tanto para ACNUR como sus socios el contar con más recursos disponibles que permitan proporcionar servicios esenciales y mejorar las condiciones de vida de los refugiados.

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