La vida de una viuda afgana tejedora da un giro con la ayuda de ACNUR

Un programa de refugio y ayuda de ACNUR, que incluye una lámpara de energía solar, ayuda a Mama Gul a ser autosuficiente y superar años de tragedia.

Mama Gul teje una alfombra con su nieta por la noche gracias a una lámpara solar donada por la Fundación IKEA, socia de ACNUR.  © ACNUR/N.Bose

CHOBASH KALAN, Afganistán, 15 de mayo de 2014 (ACNUR) – Durante el último cuarto de siglo, Mama Gul, de 57 años, ha sufrido una tragedia tras otra. Primero su marido fue asesinado de un disparo en un puesto de control y horas después mataron su hijo de siete años delante de ella.

"No sé por qué mi marido y mi hijo fueron asesinados" dice esta matriarca al ACNUR, explicando que huyó de su aldea, Chobash Kalan, para regresar unos años después. Pero estas no fueron las únicas desgracias de esta mujer con deficiencia visual: su único hijo varón superviviente murió de sarampión con tres años y el hermano de Mama Gul hace 13 años de una enfermedad. Desde entonces, ella cuida de sus cuatro hijos porque su cuñada fue obligada a volver a casarse y abandonar a sus niños. Ellos han crecido junto a las dos hijas de Mama Gul.

Mantener a seis niños durante tanto tiempo fue una gran lucha pero ella consiguió algo de dinero tejiendo alfombras y trabajando en el servicio doméstico después de regresar a Chobash Kalan. Mama Gul también aceptaba con gratitud la comida, la ropa y zapatos de segunda mano que recibía de sus vecinos.

"No tenía nada en la vida, nada. No tenía ganado ni tierra. Era muy difícil y a menudo pasamos hambre" dice antes de explicar cómo su vida cambió a mejor hace un año, cuando la Agencia de la ONU para los Refugiados la identificó como beneficiaria de un programa de refugio en la comunidad. Fue elegida como antigua desplazada con necesidades especiales por ser viuda, discapacitada y carecer de un refugio adecuado para ella y sus dependientes.

"El año 2013 siempre será un año especial para mí. Me dieron ayuda para construir una casa" dice a los visitantes que entran en su casa de adobe en el norte de Afganistán, añadiendo que "ni los animales podrían vivir en el lugar donde me alojaba antes". La casa fue construida en un terreno que su sobrino de 17 años, Aberdeen, le regaló en agradecimiento por haberle criado a él y sus hermanos.

Para ayudarla a pasar el invierno en su nueva casa, ACNUR le dio dinero para combustible y utensilios para el hogar, entre ellos una lámpara solar que ha demostrado ser una bendición.

Mama Gul está fascinada con la lámpara. "Nunca he visto algo como esto. Imagínate, ¡el sol carga la lámpara!" dice admirada. Y lo que es más, le ha ayudado a tener un ingreso regular, ya que le ha permitido a ella, a sus hijas y sobrinas a tejer alfombras turcomanas por la noche. "Sin la lámpara no podría ver ni tejer" subraya Mama Gul.

Ella solía tejer para las tiendas pero ahora vende sus alfombras a comerciantes que las exportan a Pakistán y que le traen nuevos diseños para que los reproduzca. "Nos dan el material en bruto y nosotras tejemos para ellos" dice con orgullo. Tarda unos siete meses en tejer una alfombra y por ahora esta es su única fuente de ingresos.

La ayuda que ha recibido de ACNUR y otras organizaciones y el cambio que ha dado su vida parece que ha devuelto la energía a esta mujer luchadora de 57 años. Mira su casa y parece feliz.

Está contenta con las mantas y utensilios de cocina de ACNUR que guarda en una caja, así como con las lonas plásticas y la bombona de gas que usa cada día. No puede creerse lo mucho que ha cambiado su vida. "No necesito nada más. ¿Cómo podría comprar nada de esto en el mercado, y dónde podría encontrar jamás una lámpara como esta?" pregunta.

Por Nayana Bose en Chobash Kalan, Afganistán