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Cómo el cambio climático multiplica los riesgos de desplazamiento

Historias

Cómo el cambio climático multiplica los riesgos de desplazamiento

El calentamiento global agrava las amenazas para personas que ya viven en una situación de conflicto e inseguridad, empujando a más personas en todo el mundo a desplazarse.
2 Diciembre 2020 Disponible también en:
Un hombre pasea por tierras áridas cerca de Kaya, Burkina Faso.

Hasta hace dos años, David Cruz* tenía su propia parcela de tierra en Nicaragua donde criaba pollos y reses y cultivaba tomates verdes y chiles. Pero esa forma de vida se vio amenazada antes incluso de que su papel en las protestas lo convirtiera en blanco de persecuciones.


Con el paso de los años, el clima en esta región de Nicaragua se había vuelto cada vez más seco e impredecible. Cuando llovía a menudo era de forma torrencial, dañando los cultivos de David.

“Mis cosechas no salieron adelante”, dice. “Y como las autoridades me habían declarado enemigo, hicieron imposible que consiguiera ningún préstamo para poder volver a plantar”.

El cambio climático no fue lo único que obligó a David a abandonar su granja y huir a Costa Rica, pero fue un factor importante que impulsó su desplazamiento, al igual que le sucede a cada vez más gente en todo el mundo.

El impacto del calentamiento de nuestro planeta es desigual. Pero las personas vulnerables que viven en algunos de lo países más frágiles y afectados por conflictos están experimentando algunos de los efectos más graves, desde el agravamiento de las sequías hasta inundaciones.

Desde Nicaragua hasta Níger, las personas que habitan zonas rurales luchan por sacar adelante las cosechas que antes mantenían a sus familias, o para encontrar pastos para sus animales. La búsqueda de pastos más verdes los expone a nuevos riesgos cuando se dirigen a zonas urbanas, creando incluso conflictos con otros.

Tras más de una década contemplando cómo su rebaño de reses se diezmaba como consecuencia de las precipitaciones erráticas en el sudoeste de Níger, Djouba Fedou, de 60 años, comenzó a alejarlo de su aldea en la frontera con Malí hacia otras zonas en las que pudiera pastar. Pero los animales tenían que atravesar tierras de labranza y en ocasiones aplastaban cosechas, despertando la ira de los agricultores.

“Nuestros padres nunca se enfrentaron a situaciones así”.

“Las autoridades locales me llamaban todas las semanas porque encontraban mis reses en campos de agricultores y tenía que pagar para compensar los daños”, dice. “A veces tuve incluso que vender vacas para pagar las multas y liberare a mí y a mis hijos”.

“Nuestros padres nunca se enfrentaron a situaciones así”.

Para cuando la insurgencia violenta, que había entrado en Níger desde las vecinas Malí y Burkina Faso, alcanzó la aldea de Djouba, él ya había desistido de la idea de criar su ganado. Huyó junto con sus dos mujeres y sus 10 hijos hasta un asentamiento en la región de Tahoua en la que desplazados internos nigerinos conviven con refugiados procedentes de Malí. En el asentamiento les dieron alojamiento y comida, pero sin su ganado Djouba tiene pocas esperanzas de poder volver a ser autosuficiente.

HURACANES, SEQUÍAS Y CONFLICTO

En 2019, las condiciones meteorológicas peligrosas provocaron cerca de 24,9 millones de desplazamientos en 140 países de todo el mundo.

La mayoría de desplazamientos relacionados con el cambio climático se producen dentro de las fronteras nacionales. Las personas que huyen de sucesos climatológicos extremos tales como huracanes, ciclones e inundaciones tienden a quedarse lo más cerca que pueden de sus casas y regresar en cuanto las aguas retroceden. En los casos en los que se producen desplazamientos más prolongados y movimientos a través de fronteras internacionales es probable que concurran factores adicionales.

En el llamado “corredor seco” de América Central –una franja de tierras cultivables montañosas cada vez más agostadas que va desde Guatemala hasta el norte de Costa Rica– el primer paso para muchos agricultores de pequeña escala que huyen de la sequía y las devastadoras tormentas es trasladarse a una ciudad cercana. Pero las ciudades de la región pueden ser lugares inhóspitos para recién llegados procedentes del medio rural. La escasez de empleo y de vivienda los fuerza a menudo a vivir en barrios marginales en los que son vulnerables a la violencia y la extorsión de pandillas callejeras, así como a inundaciones cuando se producen tormentas.

Se prevéque los dos huracanes sucesivos que arrasaron la región en noviembre de 2020 seguirán aumentando las dificultades para personas cuya supervivencia ya era precaria, en especial tras la pandemia del coronavirus.

“Ahora es más probable que aumenten los desplazamientos a través de las fronteras, incluso de personas que huyen de la violencia y la persecución”, expresó tras el paso del Huracán Eta Giovanni Bassau, Representante Regional para América Central de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

El cambio climático en sí mismo está multiplicando los efectos de otras amenazas que provocan desplazamiento: agrava la pobreza e intensifica la presión sobre recursos y gobernanza de un modo que puede alimentar conflictos y violencia.

La región del Sahel, donde se encuentra Níger, es una de las zonas más afectadas por el cambio climático de todo el mundo. Las temperaturas en la región suben 1,5 veces por encima de la media mundial.

A la par que las temporadas de lluvias son cada vez más cortas y las estaciones secas cada vez más largas, la población crece rápidamente y cada vez se dedica más tierra a la agricultura, lo cual reduce más aún la tierra disponible para pastores como Djouba.

Las disputas por la tierra y el agua entre agricultores y pastores han sido explotadas por los extremistas que buscan asegurar su posición en la región. Níger, Malí y Burkina Faso, países del Sahel Central, se encuentran ahora en el epicentro de una de las crisis de desplazamiento de más rápido crecimiento del mundo, con cerca de 1,6 millones de personas desplazadas internas y 365.000 personas refugiadas que han huido de la violencia, de las cuales 640.000 solo en este año.

DISMINUYE EL DESHIELO, AUMENTA LA INSEGURIDAD

La confluencia de cambio climático e inseguridad también resulta aparente en Afganistán, donde la subida constante de las temperaturas trae consigo cambios en las precipitaciones, los patrones de deshielo y un mayor riesgo de crecidas repentinas.

En 2018 una sequía diezmó los medios de vida de decenas de miles de hogares en la zona rural del noroeste del país.

Ghulam Sakhi, de 45 años, vivía junto a los 10 miembros de su familia en la zona montañosa de la provincia de Ghor, donde dependían de las lluvias y las nieves del invierno para llenar su pozo, trabajar la tierra y cultivar pastos para sus animales. Cuando hace tres años las lluvias y las nieves no llegaron “lo perdimos todo”, dice.

“Vendimos nuestros animales por un tercio o una cuarta parte de su valor real”.

“Vendimos nuestros animales por un tercio o una cuarta parte de su valor real. Cuando se nos acabó ese dinero, no nos quedó más remedio que irnos a algún sitio en el que pudiéramos ganarnos la vida”.

Durante los últimos dos años y medio, Ghulam y su familia han vivido en un refugio endeble en un asentamiento para personas desplazadas internas al sur de Herat, donde dependen de una asistencia humanitaria que cada vez es menor.

Mientras tanto, la inseguridad en su región de origen es cada vez mayor, lo cual reduce sus perspectivas de regresar.

“Cuando vivía allí la seguridad no era buena; había sequía y estaban los talibán. Pero ahora hay más talibán y tienen mejores armas”, dice Ghulam.

“Ruego a Dios para que nos traiga paz, para que mis hijos e hijas puedan estudiar y sentirse seguros y cómodos”.

URGEN ACCIONES RÁPIDAS

Las personas no alcanzan necesariamente la seguridad al huir de sus hogares, ni siquiera cuando cruzan la frontera, con independencia de que escapen de los efectos del cambio climático o de otros factores.

En Afganistán la familia de Ghulam vive en un asentamiento que se anega en invierno, de modo que su refugio se viene abajo. Este invierno será especialmente duro, puesto que la pandemia de COVID-19 ha privado a la familia del pequeño ingreso que recibían sus hijos mayores como trabajadores ocasionales.

En Níger, entretanto, el asentamiento de Intikane, en el que se refugiaron Djouba y su familia en busca de seguridad, fue atacado por 50 hombres armados a bordo de motocicletas a principios de año. Tres personas fueron asesinadas y Djouba fue una de los miles de personas refugiadas y desplazadas que otra vez se vieron obligadas a huir.

La organización pretende también mejorar la resiliencia de las personas desplazadas ante los riesgos climáticos y otros riesgos ambientales, entre otros asegurando que los asentamientos de refugiados se ubiquen en emplazamientos seguros y sostenibles y mitigando la degradación ambiental con labores de reforestación y otros esfuerzos.

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, se esfuerza también en reducir sus propias emisiones de gases de efecto invernadero y en minimizar todo impacto negativo en el terreno de sus operaciones. Un punto de especial atención será la transición hacia fuentes de energía sostenibles y, preferentemente, renovables.

Andrew Harper, asesor especial de ACNUR sobre acción climática, dijo que si bien la pandemia de COVID-19 añade una capa más de vulnerabilidad a personas que ya vivían bajo los efectos del cambio climático, la inseguridad y el desplazamiento, la respuesta mundial concertada puede ofrecer algunas lecciones importantes sobre cómo enfrentar estos desafíos emergentes.

“Nos indica que, si queremos mitigar el impacto de un desastre, tenemos que estar preparados para actuar rápido y de manera integral. Si lo ignoramos, enfrentaremos graves consecuencias”.

*Su nombre fue modificado para proteger su identidad.

Redactado por Kristy Siegfried con información adicional de Austin Ramírez Reyes en San José (Costa Rica), Naik Mohammad Azamy en Herat (Afganistán) y Boubacar Younoussa Siddo en Niamey (Níger).