"En Cali volví a levantar la cabeza"

Cuando llegó a Cali, Julio César Meléndez, venezolano, tenía una sola meta: trabajar y rehacer su vida en un lugar en donde se sintiera protegido. Tras unos momentos difíciles, lo logró. Ahora, está en las trincheras de la batalla contra el COVID-19.

Julio César Meléndez lleva 8 meses trabajando como auxiliar de distribución de alimentos en uno de los hospitales más prestigiosos de Cali. Para él este trabajo fue la "oportunidad de su vida" en Cali.  © ACNUR/Laura Cruz Cañón

El trabajo siempre ha sido el eje de la vida de Julio César Meléndez. Tenía apenas 16 años cuando comenzó a laborar como asistente administrativo en una oficina estatal, en Caracas, Venezuela. A los 24, ya había creado su emprendimiento de alimentos congelados. Pero duraría poco.

A medida que la situación socioeconómica y política se deterioraba, Julio César tuvo no sólo que cerrar su negocio, sino que no veía otra opción que salir del país. Vendió lo poco que le quedaba, se subió a un bus que lo llevaría hasta la frontera con Colombia y desde allí caminó varias semanas hacia el occidente del país.

En su camino hacia Cali pasó hambre, fue víctima de robos y discriminación.

Durante todo el trayecto, Julio César sólo soñaba con conseguir un empleo que le permitiera cubrir sus necesidades básicas. Poco después de llegar a la ciudad en el occidente colombiano, Julio César se casó con la que fue su compañera de camino por las carreteras, y comenzó el primero de varios trabajos informales, con extensas jornadas de hasta 18 horas seguidas para poder mantener su nuevo hogar, pues para ese entonces ya esperaban su primer hijo. Pero luego llegó la pandemia del coronavirus y los dos se quedaron sin trabajo.

“Con esa oportunidad yo pude volver a levantar la cabeza”.

Fue en ese momento tan crítico que Julio César se enteró, a través de un grupo de WhatsApp, de unas capacitaciones en cocina y distribución de alimentos para refugiados y migrantes venezolanos. El proyecto* – de la ONG canadiense CUSO International e implementado en Colombia con el apoyo de ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y la Fundación Carvajal – tiene como objetivo promover el acceso al mercado laboral de la población venezolana y colombiana vulnerable en Cali.

Julio César sueña con tener un negocio propio en el que pueda aplicar todo lo que aprendió en las capacitaciones que ha recibido y así promover el desarrollo de Colombia.  © ACNUR/Laura Cruz Cañón

Julio César no lo pensó dos veces. Aplicó al programa de auxiliar de cocina y distribución de alimentos en septiembre de 2020. Unas semanas después, la empresa de alimentos Salamanca lo vinculó para que trabajara en uno de los hospitales más importantes de Cali.

“Con esa oportunidad yo pude volver a levantar la cabeza”, dijo. “Me dieron una luz de esperanza porque pensé que si no conseguía trabajo tendría que volver a dormir en una plaza”.

Para Julio César, su trabajo alistando los alimentos de los pacientes de acuerdo con sus requerimientos nutricionales y distribuyéndolos a cada habitación, ha cobrado una importancia especial durante la pandemia. Aunque no es médico, hace parte de la primera línea de atención de los pacientes con COVID-19.

“Es bonito poder ayudar a los enfermos, ellos se alegran cuando uno les lleva la comida y te lo agradecen”, dice.

El proyecto además apoya con subsidios de transporte y acompañamiento psicosocial para evitar la deserción de los participantes. Debido a las restricciones impuestas por la pandemia del COVID-19, muchas de las capacitaciones han sido virtuales y por eso el proyecto también ha apoyado con subsidios de conexión a internet y mercados.

“Quiero dejar algo de mí acá”.

Otro resultado de esta iniciativa, que ha beneficiado a 152 personas, es que ha permitido que los venezolanos y colombianos se encuentren y creen lazos de amistad. “Los índices de xenofobia son cero. Lo que más destaca la población venezolana es el ambiente de hermandad que se creó con los colombianos durante los procesos de formación”, dice Alejandro Matos, director de país de CUSO International.

Sander van Niekerk, jefe de la sub oficina de ACNUR en Cali, resalta que el programa está fomentando la autosuficiencia de personas venezolanas que han tenido que salir de su país. 5,6 millones de ellas viven en el exterior, la gran mayoría en los países de América Latina y el Caribe. 

“Promover la inclusión socioeconómica y cultural de los refugiados y migrantes venezolanos, y de la población desplazada interna, los empodera porque pueden ser autosuficientes, vivir con dignidad y pertenecer a la comunidad que los acoge”, dice van Niekerk. “Además, es una gran oportunidad para que la economía de la ciudad mejore luego de la situación generada por el COVID-19”.

Con el trabajo que ahora tiene, Julio César mantiene a su familia y también ha vuelto a soñar. “Quiero montar un negocio porque voy a apostarle al desarrollo de Colombia, quiero dejar algo de mí acá”.

*El proyecto de Inclusión socioeconómica de población venezolana y población de acogida especialmente vulnerable es posible gracias al apoyo fundamental del Gobierno de Canadá por recursos otorgados a la ONG canadiense CUSO International.