"Mi miedo es fracasar en la asistencia de las personas con verdaderas necesidades"

On World Humanitarian Day, UNHCR staff in Iraq, Yemen, Syria and elsewhere discuss their challenges and what keeps them going every day. [for translation]

Una funcionaria del ACNUR conversa con una mujer desplazada por los enfrentamientos en Yemen.  © ACNUR/R.A.Knight

BAGDAD, Irak, 19 de agosto (ACNUR) – Para Wafa, una funcionaria del ACNUR iraquí, el sólo hecho de ir a trabajar y volver a casa al final del día significa un riesgo para su vida. Elias Shalhoub, un psicólogo y oficial de protección en Líbano, dice que el desafío para él yace en las discusiones acerca de las necesidades de las personas refugiadas y no saber si podrá ayudar a cubrirlas. Martha Kow-Donkor, una oficial de terreno del ACNUR en Yemen, atraviesa puntos de control tribales y campos minados para ayudar o llevar asistencia a los desplazados internos. Su mayor preocupación es fracasar en llegar a las personas a tiempo.

Los tres luchan para equilibrar las dificultades, los peligros y las frustraciones del trabajo dentro de la Agencia de la ONU para los Refugiados, con el objetivo de ayudar a algunas de las personas con más necesidades en el mundo. En el día Internacional del Trabajo Humanitario comparten algunas de sus historias.

Hassan, de 42 años, es un nacional iraquí de Bagdad. Comienza su día antes del amanecer y cada día hace un camino diferente al trabajo, lo que significa muchas veces un largo y arduo trayecto. Esconde sus distintivos de la ONU y oculta la naturaleza de su trabajo aún con sus mejores amigos y familiares. "Nadie sabe que trabajo para las Naciones Unidas porque para muchas personas, la ONU es sinónimo de Estados Unidos. Sólo mi hermano y mi mujer saben para quién trabajo", explica Hassan.

Wafa, una iraquí de 39 años y empleada del ACNUR en ese país, cuenta que su trayecto hasta el trabajo es largo y tenso: "Un día un coche bomba detonó en frente de mí", cuenta. Muchas personas que hacen el mismo camino han sido secuestradas y otras asesinadas. "Cuando camino por las calles, siempre miro a mi alrededor; se ha vuelto algo natural ", admite. Tanto Hassan como Wafa dicen estar comprometidos con la asistencia a aquellas personas con necesidades, a pesar de los riesgos constantes.

La violencia que prosiguió al atentado en el Canal Hotel en Bagdad en 2003, el cual terminó con la vida de 22 funcionarios de las ONU y dejó más de 150 heridos, ha llevado a muchas agencias humanitarias, incluyendo al ACNUR, a retirar a su personal de Irak e implementar sus programas desde Jordania o la región del Kurdistán. ACNUR había tenido una presencia en Irak desde principios de los años '80, pero se ha apoyado principalmente en su personal nacional para la ejecución de sus programas. En 2008, el personal de alto rango retornó a Irak. Los riesgos a los que se expone el personal del ACNUR en ese país – y la mayoría de los trabajadores humanitarios locales e internacionales que operan allí – se han incrementado en los últimos años debido a que los trabajadores humanitarios se han convertido en blanco de los grupos militantes por ser considerados una extensión de las fuerzas dirigidas por los Estados Unidos.

En el país vecino de Jordania, Gamal Yacout, jefe de la unidad de terreno y empleado del ACNUR de larga data, cuenta que ha escuchado miles de historias de dolor, horror, muerte y tortura. Jordania es hogar de unos 33.000 refugiados, en su mayoría iraquíes. "Trabajando de sol a sol, especialmente en situaciones de emergencia, confrontando tragedias, tomando decisiones críticas y delicadas sobre quiénes serán los beneficiarios y quiénes no: éstas son mis preocupaciones", afirma.

Elias Shalhoub, un psicólogo de 28 años, trabaja de cerca con los refugiados y solicitantes de asilo en centros de detención en el Líbano. Él orienta a los detenidos, registra a los solicitantes de asilo y a aquellos con necesidad de protección internacional, además los ayuda a aplicar para el programa de reasentamiento en terceros países.

"Llego al punto de pegarme la cabeza contra la pared cuando veo a personas enfermas con necesidades de protección detrás de las rejas y cuando fracasan nuestros esfuerzos para liberarlos", dice Shalhoub, quien trabaja con un pequeño equipo de "detención" en ACNUR. Pero en otras ocasiones se ve colmado de alegría al haber ayudado en la liberación de los detenidos y asegurar su traslado a un lugar seguro en un nuevo país.

Anas al-Qaed, de 25 años, es un trabajador comunitario en la oficina del ACNUR en Damasco. Recuerda el caso de un niño afgano de 14 años que lo dejó emocionalmente destrozado. El niño estaba traumatizado por la pérdida de su familia y por haber sido violado reiteradamente. Le llevó cuatro meses de trabajo diligente a Anas ganarse la confianza del niño que fue físicamente abusado y acosado sexualmente.

"Uno de los aspectos más difíciles de este trabajo es tratar de mantener una distancia con los horrores cotidianos a los que estamos expuestos", dice al-Qaed. "Pero disfruto este trabajo porque me permite hacer una diferencia en la vida de las personas." Y agrega: "También creo en la importancia del mandato del ACNUR, en la necesidad de proteger y asistir a las personas refugiadas, porque si no lo hacemos, tal vez nadie más lo haga".

En Yemen, los conflictos recientes en el norte han provocado un enorme desplazamiento de la población, la pérdida de vidas, y la destrucción masiva de hogares e infraestructura. El acceso humanitario es limitado debido a la presencia de grupos armados, puntos de control tribales y campos minados. El país también está padeciendo la piratería y el terrorismo.

Martha Kow-Donkor, oficial de terreno asociada en ACNUR Yemen, se enfrenta con las situaciones de alto riesgo para llevar asistencia a los desplazados internos en la Gobernación de Sa'ada. "Mi miedo es fracasar en la asistencia de las personas con verdaderas necesidades", admite.

Por Wafa Amr en Beirut y Hélène Caux en Bagdad. Informe adicional de Farah Dakhlallah, Nabil Toman y Sireen Khalifeh