Un nuevo hogar en el camino de la memoria de Bosnia y Herzegovina

A los 73 años, la refugiada retornada Biserka Vukasinovic es orgullosa propietaria de una casa renovada por ACNUR llena de recuerdos y nuevas amistades.

Biserka Vukasinovic (de pie con gafas) ofrece una clase de costura para otras mujeres retornadas en Gorazde, Bosnia y Herzegovina.  © ACNUR/N.Medosevic

GORAZDE, Bosnia y Herzegovina, 14 de abril (ACNUR) -- Biserka Vukasinovic tiene un fuerte instinto hogareño, agudizado por su experiencia como refugiada en dos ocasiones: como retornada y como desplazada interna. Cada vez que perdía su casa, encontraba un camino de regreso.

La primera vez que se vio desplazada de su Bosnia y Herzegovina natal fue durante la Segunda Guerra Mundial, cuando era una niña. "Mi padre y mi madre prepararon un carro tirado por bueyes y cargaron nuestras pertenencias. Huimos con mis dos hermanas. Encontramos una casa sin ventanas ni puertas y buscamos refugio dentro", recuerda con claridad. "Una vez, un soldado alemán que vino a nuestra puerta, me sostuvo sobre sus rodillas y empezó a llorar. Le recordaba a la hija que había dejado atrás en Alemania".

Con el tiempo regresaron a su casa, en Bosnia. Biserka creció, se casó y vivió con su marido Aco Vukasinovic durante 30 años en Gorazde, una ciudad del este del país. Poco antes del conflicto de 1991 él murió, y cuando estalló la guerra, Biserka se convirtió en uno de los 24.000 bosnios que buscaron refugio en Serbia.

Biserka huyó cuando padecía un grave caso de neumonía y dificultades económicas. "La Cruz Roja local no me reconoció como una persona necesitada de asistencia", recuerda. "Tuve que buscar distintas formas de sobrevivir. Muchas veces iba a Rumanía, Hungría y Bulgaria, donde compraba artículos que luego revendía en Serbia".

El conflicto finalizó en 1995, y ella empezó a soñar con volver a Gorazde y reconstruir su casa destruida. Mientras estaba en Serbia, trató sin éxito de recolectar donativos para la reconstrucción de su hogar. Finalmente, su nostalgia la llevó a renunciar voluntariamente a su condición de refugiada en Serbia y a volver a Gorazde en 2009. De pie entre las ruinas de lo que un día fue su casa recuerda: "me sorprendió ver que sólo quedaban en pie las paredes".

Con la ayuda de Vasa Prava, un socio implementador de ACNUR, Biserka pidió el estatuto de desplazada interna, convirtiéndose en una de los 113.000 desplazados internos que viven en Bosnia y Herzegovina desde 2006. Las autoridades municipales le proporcionaron un alojamiento en un cuartel en Gorazde, pero una vieja amiga de Biserka, Jovanaka, también repatriada, la acogió en su casa.

Biserka fue seleccionada para un proyecto de viviendas de ACNUR que tenía como objetivo reconstruir los hogares de personas vulnerables como madres solteras, familias numerosas con niños pequeños y ancianos, y familias con dificultades socio económicas. 22 de las familias más vulnerables (80 personas en total) fueron seleccionadas para recibir asistencia y poder regresar de modo sostenible a las zonas en las que vivían antes de que estallara la guerra. Esta asistencia incluía apoyo para la adquisición de los derechos de protección social, asistencia médica, pensión y educación.

A finales del año pasado Biserka se trasladó a su nuevo hogar en su antiguo terreno. Con su modesta pensión, no podía permitirse amueblarla a su gusto. Sin embargo, las dos camas, la mesa y la estufa fueron suficientes para ella.

Para Biserka, el hecho de poder volver a casa era lo más importante, como también lo ha sido para el casi millón de repatriados que han recuperado sus casas desde 1995. Como grupo, representan una estadística de retornos. Como individuos, representan el coraje. Con un apoyo modesto o incluso nulo, los repatriados de Bosnia han recuperado sus vidas y han regresado al lugar que los vio nacer, a pesar de que en muchos casos su vuelta no era bienvenida y la situación era económica o socialmente ardua.

Biserka es un ejemplo de la audacia de las mujeres repatriadas, quienes se ofrecen una red de acogida de unas a otras, sin la cual ella misma no habría podido volver. A cambio, ella ofrece ahora ese mismo apoyo. Recientemente Biserka organizó en su casa una reunión en la que unas 15 mujeres repatriadas bebían café, bromeaban y hacían artesanías, invitando a la risa colectiva en el que ha vuelto a ser el hogar de Biserka.

Si bien estas mujeres parecen estar adaptándose de manera positiva, miles de personas y familias desplazadas internas en Bosnia y Herzegovina todavía hacen frente a grandes necesidades 16 años después de que acabara el conflicto. Las personas más vulnerables de estos desplazados necesitan alojamiento, apoyo psicosocial y proyectos de generación de ingresos.

Una pequeña ayuda permite recorrer un largo camino, tal y como Biserka puede atestiguar. Hoy, a sus 73 años, es una mujer sociable y llena de optimismo. "Realmente me siento feliz por haber podido regresar ir a mi humilde casa y por recibir a grupos de mujeres y ayudar a paliar su sensación de olvido y abandono", dice con una sonrisa.

Biserka y Aco no tuvieron hijos, y pese a que él está muerto, ella sigue manteniendo un vínculo especial con su marido, cuya tumba visita a diario. A unos dos kilómetros de su casa tiene un jardín donde ha plantado árboles ornamentales, rosas y otras flores. Esta primavera, empezará a cultivar la tierra, plantando verduras en su parcela.

En la mesa de su casa hay una vieja foto tomada en 1960 en la que Biserka y su marido se abrazan, jóvenes y sonrientes. Ella sostiene un álbum con fotografías de él, su familia y amigos. Dice que está feliz de que estos recuerdos permanezcan con ella, recuerdos que ahora le dan la fuerza que necesita para vivir en paz y con dignidad.

Por Nefisa Medosevic y Mina Jasarevic en Goradze, Bosnia y Herzegovina