Jordania abre un nuevo campamento en el desierto para los refugiados sirios en Azraq

El campamento de Azraq, que se abrió oficialmente hoy, será administrado por las autoridades de Jordania con el apoyo del ACNUR y sus socios humanitarios.

Abu Saleh y su familia se familiarizan con su nuevo entorno en el campamento de refugiados de Azraq, en Jordania.  © ACNUR/J.Kohler

CAMPAMENTO DE AZRAQ, Jordania, 30 de abril (ACNUR) – Después de un peligroso viaje de 1.000 kilómetros para escapar de la violencia en Siria, Abu Saleh y su familia cruzaron en la noche hacia la vecina Jordania sin saber dónde acabarían.

A los dos días de huir de su hogar, se encontraban entre el primer grupo de 230 refugiados sirios en llegar al recién instituido campamento de Azraq, situado en el desierto, a 100 kilómetros al este de la capital de Jordania, Amán.

El campamento de Azraq, que se abrió oficialmente hoy, será administrado por las autoridades de Jordania con el apoyo del ACNUR y sus socios humanitarios. El campamento se abrió para aliviar la presión sobre el campamento Za'atri, a unos 80 kilómetros al noroeste. Con alrededor de 100.000 residentes, Za'atri es uno de los campamentos de refugiados más grandes del mundo y se está quedando sin espacio.

Actualmente hay cerca de 5.000 refugios en Azraq, capaces de albergar hasta 25.000 refugiados. Sus construcciones de zinc y de acero están diseñadas para hacer frente a los fuertes vientos y temperaturas extremas en el desierto del este de Jordania a diferencia de las tiendas de campaña y caravanas que se encuentran en Za'atri.

Abu Saleh y su familia se han trasladado a uno de estos alojamientos. Este hombre de 47 años era un agricultor en Siria, la provincia septentrional de Al-Hassakeh, pero dos años sin agua ni electricidad lo dejaron incapaz de producir lo suficiente para alimentar a su esposa y sus cuatro hijas y tres hijos, de edades comprendidas entre 18 meses y 21 años.

Mientras los combates se acercaban s su pueblo, Abu Saleh dijo que se sintió obligado a salir de Siria y buscar la seguridad en el extranjero. Pagó cerca de 500.000 libras sirias (casi 3.400 dólares) para el transporte por carretera de su familia desde Al-Hassakeh a una localidad a seis kilómetros de la frontera con Jordania.

En este viaje de 48 horas pasaron por diferentes zonas de conflicto y varias veces tuvieron que bajarse y seguir a pie. "Nos enteramos de que 28 personas perdieron la vida en su camino a Jordania dos días antes de que nos fuéramos, así que estábamos muy preocupados", le dijo Abu Saleh al ACNUR. "Varias veces tuvimos que salir de los carros y seguir a pie para evitar el riesgo de que una bomba matara a toda mi familia".

Una vez que llegaron a la frontera, las autoridades jordanas los llevaron a un centro de registro, junto con docenas de otras familias de refugiados. Allí se enteraron de que iban a estar entre los primeros residentes del campamento de Azraq.

Sentada con las piernas cruzadas en el piso de su alojamiento de seis metros por cuatro, en el nuevo campamento, su esposa Um Saleh describe sus emociones encontradas. "Dejamos todo atrás. Dejar tu casa es una decisión emocionalmente difícil para todos", dijo ella. "Pero estamos contentos de estar aquí y me alegro de que mi familia está a salvo".

Las filas de estos alojamientos blancos se extienden en el desierto repartidas en pequeños grupos de 12, cada grupo con sus respectivos baños y letrinas. La idea es permitir que las familias extensas y los conocidos vivan juntos, proporcionándoles una mayor protección y un mayor sentido de comunidad.

Cuando los primeros grupos de refugiados son trasladados en camioneta con sus pertenencias a sus alojamientos, pasan por filas alojamientos aún en construcción. El asentamiento de Azraq, de 15 kilómetros cuadrados, tendrá capacidad para albergar hasta 130.000 residentes.

Si bien de un lado el nuevo campamento ayudará a gestionar el flujo de refugiados de Siria – un promedio de 600 personas por día, en la actualidad – por otro lado también pone de relieve el carácter prolongado de la crisis humanitaria en el país, dijo Bernadette Castel-Hollingsworth, directora de la oficina de terreno del ACNUR en Azraq.

"El campamento es un testimonio del continuo deterioro de la situación en Siria, pero también es prueba del compromiso continuo de las autoridades y del pueblo de Jordania de recibir a los refugiados aquí", agregó. Las condiciones no serán fáciles para los refugiados que viven allí, pero ella espera que se adapten rápidamente a su nuevo entorno y se apropien del campamento.

Por ahora los nuevos residentes en Azraq están contentos de haber llegado a un lugar seguro, pero no saben qué les depara el futuro. Abu Ahmed, de 46 años, huyó con su esposa, una hija y dos hijos de Ghouta, cerca de Damasco, después de más de un año y medio viviendo como desplazados internos, cuando su casa fue destruida. Él contó que tuvieron que comer hierba y setas para sobrevivir, porque no podían encontrar comida.

Al llegar a Azraq, su primera prioridad fue descansar un poco. "No puedo volver a Siria y no tengo ni idea de lo que voy a hacer aquí en Jordania", dice. "Primero tengo muchas ganas de acostarme con un techo sobre mi cabeza y dormir sin escuchar el sonido de las explosiones".

Por Charlie Dunmore, en el campamento de Azraq, Jordania.