El Ramadán pone de manifiesto la desesperación de millones de sirios

La espiral de pobreza y deudas en que se encuentran los refugiados hace que sea más difícil que nunca poner comida en la mesa durante el mes sagrado.

Un grupo de refugiados sirios acuden al iftar organizado por ACNUR en colaboración con la organización regional sin ánimo de lucro International Relief & Development (IRD Jordan).  © ACNUR/Christopher Herwig

AMMAN, 7 de junio de 2016 (ACNUR) – Para Abu Ahmad, este año el Ramadán ha tenido un comienzo agitado. Cuando este hombre de 44 años, natural de Homs, y su familia esperaban con ganas romper su primer día de ayuno con el tradicional iftar en su pequeño piso en Amman, la capital jordana, se acabó el gas de la cocina. "Este mes estoy lleno de deudas, y no tenía ni siquiera los siete dinares (10$ estadounidenses) para una botella de gas nueva. Tuve que acudir a nuestros vecinos jordanos y pedir prestado el dinero para poder comer", explicó a ACNUR, la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados.

Cuando se encontraba en Siria, Abu Ahmad describía el Ramadán como una ocasión especial en la que su familia ampliada se reunía para realizar la oración del atardecer y, tras romper el ayuno, pasar largas noches en los parques que salpicaban su barrio en Homs, en las que compraban dulces y otros caprichos para sus hijos.

Este año marca el tercer Ramadán de la familia en el exilio, y el contraste con sus recuerdos felices de cuando estaban en su hogar es profundo. "Aquí nunca tenemos dinero suficiente para comprar comida, incluso en un día normal, pero especialmente durante el Ramadán. Mis hijos anhelan cosas que sé que no puedo permitirme, como manzanas y zumo. Por eso aquí pasamos el Ramadán dentro de casa, porque no podemos permitirnos el gasto".

En el sexto año de crisis, la experiencia de Abu Ahmad resulta familiar a millones de personas en Siria y en el exilio en países vecinos. Los últimos datos de ACNUR sobre dos de los mayores países de acogida – Jordania y Líbano – muestra un aumento alarmante en las deudas personales y en el empobrecimiento, asegurando que este Ramadán será aún más difícil para los sirios poner comida en la mesa al acabar el día.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, recalcó la difícil situación en la que se encuentran millones de hombres, mujeres y niños para guardar el mes sagrado, en medio de un conflicto violento o lejos de sus hogares, en el comienzo del Ramadán, el 6 de junio.

En Jordania, el 85 por ciento de los 655.000 refugiados sirios registrados están viviendo una existencia precaria en pueblos y ciudades de todo el país, con el 93 por ciento por debajo de la línea de pobreza nacional que en encuentra en 88 dólares (USD) por persona y por mes. Las últimas cifras de enero de 2016 muestran que por lo menos tres cuartos de las familias que viven fuera del campo de refugiados principal del país se encuentran endeudados, debiendo 1.038 dólares (USD) de alquileres impagados de media.

Cerca de la mitad de todos los hogares sirios se ven forzados a pedir dinero o utilizar crédito para comprar comida, mientras que más de una cuarta parte redujo los gastos en otros productos esenciales, incluyendo la educación y la salud, para poder cubrir sus necesidades alimentarias básicas.

Atrapados en una espiral de pobreza y deudas, los refugiados en Jordania están tomando medidas aún más extremas para subsistir. Solo el 20 por ciento de los hogares dijeron comer fruta al menos una vez a la semana, mientras que el 40 por ciento de las familias tienen miembros que han aceptado trabajos de alto riesgo, ilegales, degradantes o abusivos para ayudar a pagar la comida y el alquiler.

En Líbano, que aloja 1,05 millones de refugiados sirios registrados, las cifras de finales de marzo muestran que la proporción de las familiar viviendo con deudas se ha incrementado drásticamente hasta alcanzar el 91 por ciento, siendo la media de deuda familiar 940 dólares (USD). Del total de la población de refugiados, el 70 por ciento vive por debajo de la línea de la pobreza de 3,84 dólares (USD) por persona por día, en un país donde casi el 80 por ciento de refugiados sirios son mujeres y niños.

El número de comidas cocinadas diarias consumidas por los refugiados en Líbano disminuye continuamente. En 2015 – el año más reciente del que existe información disponible – uno de cada tres miembros familiares informaron que sólo consumían una o ninguna comida cocinada al día, siendo uno de cada cuatro el año anterior. El aumento de la pobreza tiene como consecuencia unos hábitos alimenticios menos nutritivos, con el 60 por ciento de los hogares declarando que no pudieron consumir frutas o vegetales diariamente el año pasado.

Dentro de Siria, mientras tanto, dos tercios del total de la población vive en pobreza extrema y no pueden permitirse los alimentos mínimos necesarios para la supervivencia. La situación se ha agravado por los precios exorbitantes, habiéndose doblado el precio de muchos alimentos básicos como el pan en el último año.

En las regiones de difícil acceso o asediadas, donde el acceso a los alimentos está frecuentemente limitado, algunos residentes han recurrido a medidas extremas para sobrevivir, incluyendo beber agua no apta para el consumo y comer hierba.

Gracias a la Voluntaria en Línea Nahikari Ajubita Rubio por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.