Refugiados Rohingya lideran el inesperado resurgimiento del cricket en Irlanda

En los campamentos de refugiados de Bangladesh, muchos jóvenes Rohingya han desarrollado un amor por el cricket. Ahora reasentados en Irlanda, están emocionados de volver al terreno de juego.

Robi Alam, un refugiado Rohingya reasentado en Irlanda listo para batear.  © ACNUR/Phil Behan

CARLOW, Irlanda, 9 de agosto de 2016 (ACNUR) – Un sonido raramente escuchado vuelve al campo irlandés – el golpe seco del cuero contra el sauce.

El cricket, un juego que une a jugadores desde el Caribe hasta el Sureste Asiático y Australia, una vez más se oye en el pequeño poblado de Carlow, en el sureste del país – gracias a los refugiados Rohingya. "Jugaremos overs de cuatro bolas. Luego los bateadores pueden volver a lanzar", grita Ben Parmeter, quien realiza un voluntariado en el Club de Cricket de Carlow y domina la terminología propia del juego.

Los niños corren alrededor de Parmeter, un médico australiano de la localidad. Algunos visten con el atuendo blanco tradicional del cricket, otros en el uniforme verde y rojo de Bangladesh, donde algunos de los jugadores pasaron muchos años de sus vidas como refugiados.

Batean bolas una y otra vez, en cualquier lugar del terreno de juego. Muchos niños aprenden lo básico del juego con Jimmy Dooley, un joven empleado de los Servicios Juveniles de Carlow y a su vez, secretario del club.

"No habría ningún equipo de cricket de no ser por los Rohingya", dice Dooley. "Todo se debe a ellos".

Un grupo de refugiados Rohingya reasentados en Irlanda han revivido el interés en el cricket en el pueblo de Carlow.  © ACNUR/Phil Behan

Aunque el cricket fue jugado alguna vez en toda Irlanda, la popularidad del deporte declinó mientras que la población se fue interesando más por los juegos gaélicos, tales como el hurling y el fútbol gaélico.

Carlow llegó a tener su propio lugar privilegiado, pero el club de cricket cerró sus puestas indefinidamente a principios de la década de los 80s.

Luego, en 2009, 64 refugiados Rohingya se asentaron en el pueblo de Carlow. En los campamentos de Bangladesh, muchos niños jugaban cricket; ahora están más que dispuestos a tomar de nuevo el bate.

"Jugar en un terreno fangoso con un bate de madera sucio era una distracción de las muchas privaciones que enfrentábamos a diario", explica Robi Alam, de 15 años de edad, nacido en el campamento de refugiados de Nayapara en el sureste de Bangladesh.

Su familia abandonó su hogar en dirección al oeste de Myanmar, donde décadas de violencia han forzado a centenares de miles de personas, la mayoría Rohingya, a huir. Bangladesh era seguro, pero muchos de los Rohingya viven en condiciones casi de emergencia con elevadas tasas de pobreza.

"Espero algún día jugar en la selección nacional de cricket de Irlanda".

Ya en Carlow, Alam comenzó a jugar cerca de la zona residencial a donde se mudó junto a otros miembros de la comunidad Rohingya.

"Cuando vinimos por primera vez compramos un bate barato y jugamos en la grama justo al lado de donde vivimos", dice Mohammed Rafique, secretario asistente del club y miembro de la comunidad Rohingya del pueblo.

"Algunas personas de la localidad estaban interesadas y se unieron, y antes de que nos diéramos cuenta estábamos jugando partidos de cricket – los irlandeses de un lado y los Rohingya del otro".

Una pequeña subvención les permitió adquirir dos bates, cascos, guantes y un conjunto de tocones o stumps, los tres palos a los que el equipo contrario busca pegarles con una bola cuando es lanzada hacia éstos. El equipo local de rugby de Carlow les ofreció su terreno de juego para que lo utilizaran y pronto se unieron a la liga nacional irlandesa.

Aunque no han logrado conquistar un campeonato, ahora tienen equipos de alto nivel en diferentes divisiones. El primer equipo fue ascendido a la División 9 el año pasado, y la escuela secundaria local Academia de Santa María, jugó su primer partido en junio. Jugando contra el Hospital King, una escuela consolidada en Dublín, ganaron.

"Pienso que no era normal para ellos perder", sostiene Yunus Mohammed, otro miembro de la comunidad Rohingya. "Creo que estaban sorprendidos".

Con 13 nacionalidades presentes en el Club de Cricket de Carlow, sus jugadores anhelan seguir el éxito. Pero para mantener la racha, el entrenamiento será vital, un desafío dado que la Federación de Cricket de Irlanda, el órgano rector del deporte en el país, no ha podido proveer formación especializada para aumentar la participación en la región.

Ello supuso que los oficiales del club hayan tenido que salir adelante, con los padres de los nuevos jugadores participando en cursos de entrenamiento profesional para convertir a Carlow de nuevo, en un gran pueblo de cricket.

La esperanza es que no sólo se beneficiará el equipo local, sino también Irlanda en su conjunto.

"Confío en que algún día podré jugar en la selección nacional de cricket de Irlanda", indica Alam. "De esa forma seremos capaces de demostrar que se puede ir de un terreno miserable al más alto podio a nivel nacional".

*Giulia La Scala contribuyó con el reportaje

Gracias al Voluntario en Línea Omar Hernández por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.