Viudas de guerra de Mosul se enfrentan a nuevos desafíos en desplazamiento

Los hogares con mujeres cabeza de hogar ahora representan un cuarto de las 4.463 familias en un campamento del ACNUR que alberga a residentes desplazados de la segunda ciudad más grande de Irak.

Sahar Amar, de 22 años, y sus hijos Hamood, 6 años, Amar, de 3, y Zahra, de 10 meses.  © ACNUR/Cengiz Yar

HAMMAM AL-ALIL, Irak, 04 de julio de 2017 (ACNUR) – Cuando huían de su vecindario en el oeste de Mosul, Asmaa Mahmood de 25 años, su esposo y sus dos jóvenes hijas quedaron atrapados por el fuego de los extremistas. Ellos fueron capturados y los hombres y las mujeres fueron separados.

"Se llevaron a mi esposo y nosotras tuvimos que seguir adelante", dijo ella. "Nosotras escapamos y nos ocultamos en casas abandonadas hasta que llegamos al campamento".

Dos semanas después de lograr llegar a la seguridad del campamento Hammam Al-Alil, otras personas desplazadas de Mosul le dijeron que su esposo había sido asesinado. Ellos encontraron su cuerpo y lo enterraron.

"Yo estaba en estado de shock, y sufrí de trauma psicológico y duelo", dijo ella.

"Sufrí de trauma psicológico y duelo"

Las viudas como Asmaa son parte de las más de 900.000 personas que han huido desde que iniciaron las operaciones militares para retomar la segunda ciudad más grande de Irak de las milicias, hace 9 meses.

Son miles de personas. Muchos de sus esposos fueron asesinados por extremistas armados que mantenían un control brutal sobre la ciudad. Otros fueron asesinados en ataques aéreos, o fueron disparados por la artillería mientras huían a través de las líneas de frente.

A menudo sus esposos eran los únicos que proveían en el hogar. Sin un ingreso y a menudo con hijos que mantener, las viudas de la guerra de Mosul son de las personas más vulnerables que se han desplazado durante los meses de combates en la ciudad que solía prosperar. Partes de la ciudad han quedado arrasadas.

En el campamento Hammam al-Alil 2, el cual es administrado por ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, y sus socios, los hogares encabezados por mujeres representan más de un cuarto del total, 1.250 de 4.463 familias, o sea, 21.462 personas.

Desde su llegada al campamento en abril/mayo, Asmaa ha recibido colchones, una tienda y artículos que incluyen utensilios de cocina del ACNUR, como parte de la distribución que se le da a los recién llegados. Otros tipos de ayuda incluyen asistencia legal y la renovación de documentos perdidos, incluyendo identificaciones gubernamentales, que resultan vitales para recibir beneficios y moverse libremente.

Como muchas de las viudas, Asmaa se preocupa por el futuro de sus hijos. A pesar de ser analfabeta, ella quiere conseguir un empleo para mantener a su familia.

Ella habla en su tienda junto con sus dos hijas, Rimah, de cuatro años, y Bedoor, de dos, quienes llevan vestidos iguales verde con blanco. Asmaa explica que las viste igual para evitar discusiones.

  • Shamsa Ali Bello, de 46 años, y su hijo Mishan Salih, de 6, en su tienda.
    Shamsa Ali Bello, de 46 años, y su hijo Mishan Salih, de 6, en su tienda. © ACNUR/Cengiz Yar
  • El padre de Mishan fue asesinado, dejando a su madre a cargo de su crianza y la de sus cinco hermanos.
    El padre de Mishan fue asesinado, dejando a su madre a cargo de su crianza y la de sus cinco hermanos. © ACNUR/Cengiz Yar
  • Un joven camina al lado de la carretera principal en el campamento Hammam Al-Alil.
    Un joven camina al lado de la carretera principal en el campamento Hammam Al-Alil. © ACNUR/Cengiz Yar
  • Asmaa Mahmood, 27, and her two children Rimah, 4, and Bedoor, 2. [for translation]
    Asmaa Mahmood, 27, and her two children Rimah, 4, and Bedoor, 2. [for translation] © ACNUR/Cengiz Yar
  • El esposo de Asmaa fue asesinado recientemente, y ahora ella cría a sus hijos en el campamento.
    El esposo de Asmaa fue asesinado recientemente, y ahora ella cría a sus hijos en el campamento. © ACNUR/Cengiz Yar
  • Bedoor, de 2 años, juega en su tienda en el campamento Hammam Al-Alil .
    Bedoor, de 2 años, juega en su tienda en el campamento Hammam Al-Alil . © ACNUR/Cengiz Yar
  • El padre de Hamood fue asesinado recientemente.
    El padre de Hamood fue asesinado recientemente. © ACNUR/Cengiz Yar

Se avecina un problema mucho más grande para ella: todavía no les ha dicho que su padre ha muerto, evasivamente diciendo que estaba trabajando y pronto estaría en casa.

"Estoy agotada preocupándome por el futuro de mis hijas. Ahora no tengo de quien depender", dice ella. "Lo único que quiero es darles una buena vida a mis hijas. No me preocupo por mí misma. Lo único que quiero es que mis hijas no se sientan diferentes a cualquier otra niña que tiene un padre".

A inicios de marzo, Sahar Amar, una viuda de 22 años, escuchó que su vecindario en Mosul oeste estaba a punto de ser retomado por las fuerzas iraquíes. Ella reunió a sus tres hijos y corrió hacia las tropas iraquíes, mientras los rebeldes les disparaban.

Sus padres le ayudaron a cargar a sus tres hijos: Zahra, de 10 meses, Amar, de 3 años y Hammod, de seis. Juntos, corrieron por una calle que estaba repleta de cadáveres de los residentes de la ciudad, quienes habían sido asesinados por el grupo armado cuando huían.

"Sobrevivimos por un milagro. Podíamos ver y escuchar las balas que pasaban cerca de nuestros cuerpos", dijo ella. Cuando llegó al campamento Hammam al-Alil 2, recibió una tienda y colchones, mantas y un kit de cocina del ACNUR.

"Estoy agotada preocupándome por el futuro de mis hijas"

Sahar explicó que su esposo murió el año anterior en un choque con un vehículo que llevaba a un grupo armado. Anteriormente, él había tenido problemas con los extremistas por vender cigarrillos que eran prohibidos. Ella cree que el choque no fue un accidente. Cuando supo de la muerte de su esposo, ella estaba a solo días de dar a luz a Zahra.

Durante el desplazamiento, su tarjeta de identificación se perdió. Sus hijos aún necesitan identificaciones del Gobierno y certificados de nacimiento, ya que los que los grupos armados les emitieron ya no son válidos. ACNUR está asistiendo a las viudas, así como a los desplazados internos que vivían bajo el dominio de los extremistas, para que obtengan la documentación correcta.

Sahar no pudo comprar regalos a sus hijos para el Eid de este año porque no tenía recursos. "Yo solo quiero sobrevivir y criar a mis hijos", dijo ella.

Por Cathy Otten