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Una mujer congoleña víctima de violación encuentra la paz en Burundi

Historias

Una mujer congoleña víctima de violación encuentra la paz en Burundi

La vida de mamá Monique ha cambiado drásticamente. Ella solía dirigir un negocio exitoso de venta de joyas. Ahora es viuda y vive en el exilio en Burundi.
27 de agosto de 2014 Disponible también en:
Mana Monique en el Centro de Tránsito de Cishemere, en Burundi. Ella huyó a Burundi después de que su marido fue asesinado y ella fue violada en la vecina República Democrática del Congo.

BUJUMBURA, Burundi, 27 de agosto de 2014 (ACNUR) – Hace cuatro meses, Mama Monique* fue arrastrada fuera de su casa en el este de la República Democrática del Congo y fue violada por cuatro hombres armados, que acababan de asesinar a su marido.

El crimen no se llevó a cabo en algún lugar apartado, sino en Goma, una ciudad de varios cientos de miles de personas y capital de la provincia de Kivu Norte. Sin embargo, nadie acudió a ayudarla ni a darle el pésame, en cambio los vecinos evitaban a la empresaria congoleña de 49 años y actuaban como si ella fuera la culpable de la violación.

Al principio, para escapar del desdén de sus vecinos, Mama Monique, abatida y en duelo, se trasladó a otra zona de la ciudad a orillas del lago, con su familia, incluyendo a seis hijos y dos nietos.

Incluso después, no pudo encontrar la paz, perseguida por la gente que mató a su marido por una discusión vinculada a su trabajo como jefe de la oficina del catastro. Estas personas querían ahora el título de propiedad de su casa.

Ella decidió trasladarse de nuevo, terminando finalmente en el vecino Burundi a través de Bukavu y Uvira en la provincia de Kivu Sur. "Créanme que no sabía a dónde iba; yo sólo quería estar lo más lejos posible de Goma y de la gente que nos conocía", le dijo al personal de ACNUR en el centro de tránsito de Cishemere para solicitantes de asilo.

Pero el calvario de Mama Monique no es un caso aislado, a pesar del lanzamiento de campañas mundiales para prevenir la violencia sexual en zonas de conflicto por parte de la enviada especial del ACNUR Angelina Jolie y otras personalidades. Estas tardarán tiempo en dar resultados; mientras tanto, la violación sigue extendida y los supervivientes de la violencia sexual siguen estando estigmatizados.

La vida de Mama Monique ha cambiado drásticamente. Ella solía regentar un exitoso negocio vendiendo joyas a otras mujeres en Goma, y la familia era autosuficiente y feliz a pesar de vivir en una zona volátil de la RDC. Le resulta doloroso pensar en aquel tiempo feliz.

Sus hijos también han salido perdiendo. "Estaba muy disgustado por irme", dijo su hija de 18 años, Mika* que echa de menos su colegio y a sus amigos – fue muy difícil para ella irse sin decir adiós. Ella estaba a punto de empezar su último año en la escuela secundaria y esperaba ir a la universidad y convertirse, con el tiempo, en profesora.

A su llegada a Burundi, Mama Monique y su familia contactaron la Oficina Nacional para la Protección de los Refugiados y Solicitantes de Asilo en Bujumbura y fueron llevados al centro de Cishemere, donde fueron registrados como solicitantes de asilo. Con el tiempo serán trasladados al campamento de refugiados Kavumu al este de Burundi.

ACNUR y sus socios ayudan a los refugiados recién llegados con alimentos, agua, alojamiento y asistencia médica. Mama Monique ha estado recibiendo atención médica y terapia para superar el trauma. Sus hijos tienen la esperanza de que, incluso en el exilio que puedan reanudar sus estudios y prepararse para el futuro. Para su madre, será más difícil adaptarse a una nueva vida después de perder tanto.

Burundi actualmente acoge a alrededor de 50.000 refugiados, en su mayoría procedentes de la República Democrática del Congo (47.800). A unos 9.200 solicitantes de asilo de la República Democrática del Congo se les han concedido el estatuto de refugiados en Burundi desde el inicio del 2013.

* Se han cambiado los nombres por motivos de protección.

Por Alix Nijimbere en Bujumbura, Burundi

Gracias a la Voluntaria en Línea Ana Isabel Domínguez por el apoyo ofrecido con la traducción del inglés de este texto.