Anabel y su voluntad firme la han llevado a hacer trabajo intensivo en mano de obra, solo para que su familia pueda sobrevivir

Anabel en su nueva y humilde casa en Curazao.

Anabel en su nueva y humilde casa en Curazao.  © Berber van Beek | Studiorootz - Photography

Papiamento

Primero intenté venir en avión, pero cuando llegué al aeropuerto, mostré mi pasaporte en la aduana y me enviaron de regreso inmediatamente. Todavía no sé por qué. Mi hermano me contó sus planes de hacer un viaje en bote, cuando llegué de regreso a Venezuela. Mis hijas y yo habíamos vivido bien antes, pero de un día para otro, todo cambió, estábamos desesperadas. Cuando mi hermano me dijo que podía llevarme con él en el bote, lo vi como la única oportunidad para ayudar a mi familia.

Fue una circunstancia de "hazlo o muere en el intento" para mí. No lo voy a negar, yo también tenía miedo, porque no sé nadar.

Cuando llegamos a la costa esa noche, fuimos capturados por la policía. Estuve en la cárcel dos días, pero parecieron dos años. Lloré todo el tiempo y no podía dormir, porque nunca antes había estado en la cárcel. Luego nos dejaron ir y tuvimos que presentarnos en la comisaría para firmar un formulario cada vez, para demostrar que todavía estábamos aquí.

Trabajo y envío dinero a mis hijas y mi tía. Mi madrastra se ocupa de mis hijas ahora. Tiene más de 50 años.

Actualmente trabajo en una finca. Es un trabajo muy duro, la mayoría de las mujeres no hacen este tipo de trabajo. Antes del virus trabajaba 5 días a la semana, pero ahora solo 2 días a la semana por 120 florines (66 USD, aproximadamente). No es suficiente para apoyar a mis hijas y costear mi vida aquí. Tengo que pagar la habitación que alquilo [ANG 250, unos 139 USD aproximadamente], agua, luz, comida. Este es un cambio importante para nosotros. Pido prestado dinero para enviárselo a mis hijas.

Cuando vine aquí, no sabía que estaba embarazada. Una mañana, aproximadamente 2 meses después de llegar aquí, me levanto por la mañana para ir a trabajar y siento la humedad. Mi hijo tenía 36 semanas. Siempre había querido un niño, que cuidara de sus hermanas. Pero había estado trabajando, cargando cajas pesadas todo el día, de 6 a.m. a 6 p.m. No sabía que estaba embarazada. No había tenido síntomas ni antojos.

He soñado con Curazao desde que tenía 12 años. ¡Todo lo que escuché es que Curazao es hermoso! Me gustaría que las personas en Curazao nos trataran como personas normales. Me preocupa que mis hijas ya no me conozcan, ¡ya que me he perdido de mucho! Dejé a mis tres niñas llorando. Es muy difícil. Por la noche lloro, pero no quiero que sepan por lo que estoy pasando para cuidarlas.

Debemos estar más unidos. Ser más conscientes de los demás y ayudarse cuando lo necesiten. Somos seres humanos y no deberíamos ser discriminados. Todos los que vinimos aquí, no estamos aquí gratis. Todos pagamos un precio.