Conferencia sobre el apoyo sostenido a la respuesta para los refugiados rohingyas - 22 de octubre de 2020

Transcripción de las observaciones inaugurales.

Muchas gracias, Subsecretaria; gracias, Carol, y gracias a todos los oradores anfitriones por sus excelentes declaraciones, integrales y generosas.

Quisiera empezar recordado una visita que realicé a Kutupalong, donde se encuentran los campamentos de refugiados en Bangladesh. Fue hace tres años, justo después de que cientos de miles de personas refugiadas rohingyas huyeran del cercano Estado de Rakhine. Recuerdo observar una desesperación y un trauma sin precedentes como consecuencia de la violencia soportada en unas condiciones de vida que honestamente eran terribles.

Y desde entonces he vuelto a visitar los campamentos varias veces, en ocasiones junto con algunos de mis colegas de las Naciones Unidas, incluido el Secretario General. He podido ver la evolución. Y aquí quiero sumarme a otros para destacar y agradecer el refugio que –literalmente– Bangladesh sigue ofreciendo a casi un millón de rohingyas.

No debemos olvidar, y es algo que recuerdo haber visto en aquella ocasión, que los primeros intervinientes en esta crisis fueron miembros de la comunidad local. Y es esa misma comunidad local bangladeshí la que sigue acogiendo a casi un millón de personas.

Por eso me uno a otras personas al decir que hay que dar las gracias en primer lugar a Bangladesh y a otros países de acogida como Malasia, la India, Indonesia y otros que acogen a 150.000 personas refugiadas más.

También quiero dar las gracias a los donantes. Desde ese terrible período en 2017 se han aportado 2.200 millones USD. Hasta el año pasado, hasta 2019, la aportación media, el nivel medio de las aportaciones comparado con las necesidades se situó entre el 70% y el 75%. Esto permitió que los gobiernos, en especial el Gobierno de Bangladesh, pero también agencias humanitarias, el ACNUR y sus socios, la OIM, UNICEF, el PMA, muchas ONG locales e internacionales… nos permitió a todos trabajar para proteger a la población refugiada de monzones o ciclones y para prevenir una gran propagación de la COVID-19, entre otras muchas mejoras humanitarias.

Quiero dar las gracias a los organizadores de esta Conferencia, en concreto a los Estados Unidos, porque nos va a permitir centrarnos en las lagunas y los desafíos que tenemos por delante y en la necesidad de seguir buscando soluciones.

Tengo que decirles que la financiación ha descendido este año en comparación con años anteriores. Estamos a mediados de octubre y todavía no hemos cubierto el 50% de las necesidades. Por eso me alegré y me animé al escuchar los importantes compromisos que los anfitriones han expresado ya, y espero seguir escuchando más compromisos importantes por parte de los Estados.

Los necesitamos para no ceder terreno ante los logros que hemos conseguido y para seguir progresando tanto para la población refugiada como para las comunidades de acogida. Por supuesto, las necesidades físicas y humanitarias son urgentes. Pero también me gustaría realizar un llamado para mantener la atención sobre la dignidad y el futuro de las personas refugiadas. En este punto me gustaría resaltar la buena cooperación que los humanitarios, y en concreto el ACNUR, tenemos con el Banco Mundial a la hora de emplear fondos de la “ventana para refugiados” de la AIF18.

Quisiera hacer una súplica especial por la educación de niñas y niños refugiados. Agradezco las decisiones adoptadas recientemente por el gobierno de Bangladesh en relación con los programas escolares y los centros educativos. Ahora deben ser implementadas y hay que seguir trabajando para permitir que niñas y niños refugiados tengan acceso a una educación formal y a una formación de competencias. Es su derecho, pero también es una buena inversión para su futuro ya que tenemos la esperanza de que un día puedan regresar a sus hogares.

Y por eso deben ser correspondidas con un marco suficientemente fuerte que permita el acceso a educación de las personas rohingyas que se encuentran en el Estado de Rakhine, incluido en su caso el reconocimiento de la educación recibida en campamentos de refugiados.

Pero existe un riesgo muy alto de desánimo en la comunidad refugiada, de desánimo por el futuro, y esto es algo que ya se ha mencionado. Lo vemos reflejado en el número de personas refugiadas que pretenden huir –se estima que 2.400 este año– para lo que emprenden peligrosos viajes y acaban a la deriva en el mar, a veces durante meses.  Estimamos que hasta 200 perdieron la vida este año. Quiero unirme a Janez Lenarcic al solicitar a los Estados de la región que utilicen mecanismos regionales: se han mencionado el Proceso de Bali, el Fondo Fiduciario de la ASEAN para tratar el rescate en el mar, el desembarco y otras cuestiones.

Por último pero no por ello menos importante, no debemos perder de vista las soluciones. Y la solución más importante sigue siendo el regreso. El regreso a casa, claro está. Un regreso voluntario, digno y seguro; eso es también lo que las personas refugiadas quieren.

La responsabilidad de que esto se produzca recae fundamentalmente en Myanmar, y el ACNUR y el PNUD seguirán brindando su apoyo al Gobierno Federal y a las autoridades locales a través del Memorando de Entendimiento que hemos renovado recientemente por un año para crear condiciones propicias en el Estado de Rakhine a través de proyectos de impacto rápido en áreas de origen y potencial retorno. Se están completando más de 40 proyectos y se está trabajando en otros 30, pero hay que hacer más para abordar la cuestión de la pobreza, y aquí quisiera hacer un llamamiento para que la ASEAN y los Estados y organizaciones para el desarrollo en la región den su apoyo a este esfuerzo.

Esto es algo que debe considerarse en un contexto amplio, lo hemos dicho muchas veces.

En primer lugar, para asegurar la paz y la seguridad, pues sabemos que el conflicto con el Ejército de Arakán está suponiendo un obstáculo adicional. Pero también queremos suplicar nuevamente al Gobierno de Myanmar para que acelere la adopción de medidas que creen confianza en el proceso de retorno: de lo contrario, no sucederá.

Necesitamos garantías de que las personas refugiadas puedan regresar a sus lugares de origen.

Necesitamos avances para resolver el desplazamiento interno de los rohingyas.

Necesitamos libertad de circulación para los rohingyas en Rakhine.

Necesitamos que se establezcan canales claros hacia la nacionalidad.

Y, en general, un avance claro en la implementación de las recomendaciones de la Comisión Asesora sobre el Estado de Rakhine.

Y todo esto se debe comunicar de manera más regular y con mayor claridad a las personas refugiadas, para que comprendan, pregunten y puedan en última instancia tomar una decisión informada sobre todas estas cuestiones.

Resulta indispensable crear un marco adecuado que permita que un día se produzca el retorno, así como encontrar una solución y traer la esperanza a cientos de miles de personas que la esperan con ansia. Muchas gracias.