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Panamá inaugura exposición ‘Hasta que cada persona esté a salvo’

Día Mundial del Refugiado

Panamá inaugura exposición ‘Hasta que cada persona esté a salvo’

Foto en blanco y negro de familias haciendo fila

Para los millones de personas que se han visto forzadas a huir de sus hogares a causa de la guerra, el conflicto o la persecución, el derecho a buscar protección puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte.

Setenta y cinco años después de la firma de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, seguimos creyendo en la promesa de un mundo más seguro. Un mundo en el que las personas refugiadas puedan reconstruir sus vidas con dignidad, contribuir a sus comunidades y ver hacia el futuro con esperanza.

La exposición 'Hasta que cada persona esté a salvo' es un recorrido visual y humano a lo largo de los 75 años de la Convención y del compromiso de Panamá con la protección, la inclusión y la búsqueda de soluciones para las personas refugiadas y solicitantes de asilo.

Una mujer con una tela roja en la cabeza y camiseta rosa, sostiene en brazos a una niña con vestimenta amarilla

De las cenizas de la Segunda Guerra Mundial surgió una promesa: que las personas forzadas a huir de la guerra, la violencia y la persecución no quedarían desprotegidas.

Setenta y cinco años después de la adopción de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, esa promesa sigue siendo tan urgente y necesaria como siempre.

El derecho a buscar protección se creó para personas como tú y como yo, para toda la humanidad.

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Forto en blanco negro de 20 hombres y dos mujeres firmando un documento

1951

En Ginebra, Suiza, los Estados adoptaron la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados, piedra angular de la protección internacional de los refugiados y uno de los instrumentos jurídicos más importantes en el ámbito de los derechos humanos.

La Convención establece la definición internacionalmente reconocida de quién es un refugiado y describe los derechos, la protección y la asistencia a los que tiene derecho toda persona que se ha visto forzada a huir de su país.

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Foto a blanco y negro de decenas de personas que esperan recibir alimentos

1964

En la década de 1960, mientras el continente africano atravesaba el final de la era colonial, numerosos conflictos forzaron a miles de personas a huir de sus hogares en busca de protección.

Esta imagen muestra a un grupo de personas refugiadas ruandesas esperando el reparto de alimentos en un asentamiento de refugiados del valle de Oruchinga, en Uganda.

Unas 22.000 personas refugiadas dependían de la asistencia de la comunidad internacional mientras esperaban su reasentamiento en el norte de Uganda, donde podrían reconstruir sus vidas.

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Foto en blanco y negro de dos hombres que sostienen un documento

1977

Panamá reafirmó su compromiso con la protección internacional de los refugiados al adherirse a la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951 y a su Protocolo de 1967. En esta fotografía, el Embajador Jorge E. Illueca, representante permanente de Panamá ante las Naciones Unidas, entrega el instrumento de adhesión a Erik Suy, Subsecretario general de Asuntos Jurídicos de las Naciones Unidas.

La adhesión a estos instrumentos internacionales representó un paso clave para reforzar la protección de las personas forzadas a huir de la persecución, la violencia y el conflicto, alineando a Panamá con los principios internacionales en materia de asilo, derechos humanos y solidaridad internacional.

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Diez mujeres y cuatro hombres de pie con uniforme en una oficina

1998

El procedimiento para el reconocimiento de la condición de refugiado en Panamá quedó establecido mediante el Decreto Ejecutivo n.º 23, de 10 de febrero de 1998, que sentó las bases del sistema nacional de asilo y del marco de protección de los refugiados.

Este marco se reforzó posteriormente con la adopción del Decreto Ejecutivo n.º 5, de 16 de enero de 2018, que creó la Comisión Nacional para la Protección de los Refugiados (CONARE) y la Oficina Nacional de Atención a los Refugiados (ONPAR), así como los procedimientos para el reconocimiento, la protección y la asistencia a las personas refugiadas en el país.

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Una mujer vestida de rosa sostiene en su mano izquierda a un niño que viste de verde y en su mano derecha un documento de identidad

La provincia del Darién, situada en la frontera entre Panamá y Colombia, ha sido históricamente un territorio de tránsito, acogida y protección para las personas desplazadas por la violencia y el conflicto armado. Entre finales de la década de 1990 y principios de la de 2000, cientos de familias colombianas huyeron del conflicto armado en el departamento del Chocó y cruzaron la frontera hacia comunidades panameñas como Jaqué, El Real, Puerto Obaldía, Boca de Cupe, Yape, Yaviza y La Palma en busca de protección.

Como respuesta a esta situación, el Estado panameño concedió el Estatus de Protección Humanitaria Temporal (PTH) a más de 800 colombianos, un mecanismo especial establecido para proporcionar protección temporal a quienes se vieron forzados a huir de la violencia.

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De espaldas un hombre de gorra morada y camiseta amarilla, junto a una mujer de cabello rubio que porta gorra y chaleco azul de ACNUR

ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, protege a las personas que se ven forzadas a huir debido al conflicto y a la persecución, y colabora con gobiernos y socios en más de 130 países para brindar ayuda vital y salvaguardar sus derechos.

Desde 2004, ACNUR trabaja en Panamá en coordinación con el Estado, la sociedad civil, el sector privado y las comunidades de acogida para reforzar la protección y la integración de los refugiados, los solicitantes de asilo y los apátridas.

Gracias a estos esfuerzos conjuntos, Panamá ha impulsado medidas para reforzar el sistema nacional de asilo, promover la integración local y garantizar el acceso efectivo a los derechos fundamentales.

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Una mujer detrás de una tienda de comida

Las personas refugiadas no solo buscan protección y seguridad, sino que también desean aportar sus conocimientos y experiencia a las comunidades que las acogen. En Panamá, muchas personas refugiadas participan activamente en iniciativas sociales, culturales y comunitarias que fortalecen el tejido social y crean oportunidades para los demás.

Shirley Mosquera, una refugiada colombiana, es un ejemplo de este compromiso. Tras huir de la violencia y reconstruir su vida en Panamá, fundó "Mi Primera Cremita", un comedor comunitario que, desde hace varios años, proporciona comidas y apoyo a niñas y niños en situaciones vulnerables, independientemente de su nacionalidad.

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Una mujer detrás de una máquina de coser

Desde 2019, 'Hecho x Refugiados' ha promovido oportunidades de integración y generación de ingresos para personas refugiadas en Panamá mediante la creación de productos sostenibles elaborados por los propios refugiados. Dirigida por refugiados y la sociedad civil, la iniciativa fomenta el empoderamiento económico, el desarrollo de competencias y la inclusión social a través del emprendimiento.

En 2025, 'Hecho x Refugiados' se convirtió en la primera organización no gubernamental dirigida por personas refugiadas en registrarse legalmente en Panamá. A lo largo de los años, la iniciativa ha demostrado cómo la población refugiada puede contribuir activamente a la economía local cuando se le brindan oportunidades para reconstruir sus vidas con dignidad.

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