Comité Ejecutivo de ACNUR: el Alto Comisionado advierte que debemos proteger a los refugiados, pero también abordar el desplazamiento indefinido
Comité Ejecutivo de ACNUR: el Alto Comisionado advierte que debemos proteger a los refugiados, pero también abordar el desplazamiento indefinido
El Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Barham Salih, se dirige a los delegados de los países miembros durante la sesión inaugural del Comité Ejecutivo de ACNUR, en el Palacio de las Naciones, en Ginebra.
GINEBRA – Los nuevos conflictos, las crisis cada vez más prolongadas y los recortes en la financiación de la ayuda humanitaria están acelerando los desplazamientos forzados a nivel mundial a un ritmo superior al que permite resolverlos, advirtió el lunes el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Barham Salih, a los Estados miembros del Comité Ejecutivo de ACNUR, y añadió que detrás de la cifra histórica de 117 millones de personas desplazadas por la fuerza se esconden “realidades humanas dolorosas y trágicas”.
En su primer discurso ante la sesión anual del Comité Ejecutivo de ACNUR, en Ginebra, el Alto Comisionado afirmó que había abordado sus primeros nueve meses en el cargo – y la responsabilidad de ayudar a las personas que se encuentran bajo el mandato de ACNUR – desde una perspectiva profundamente personal, ya que había vivido en primera persona el desplazamiento forzado y había ocupado el cargo de Jefe de Estado.
“Sé lo que significa necesitar protección. Y conozco las difíciles decisiones que deben tomar los gobiernos. Entiendo hasta qué punto esas decisiones pueden marcar la vida de las personas”, afirmó Salih. “Las presiones son reales. Y también lo son nuestras responsabilidades”.
Desde que asumió el cargo en enero, el Alto Comisionado ha visitado 15 operaciones de ACNUR en todo el mundo, desde Chad hasta Ucrania, desde Etiopía hasta Afganistán, y desde Siria hasta Venezuela.
El Alto Comisionado, Barham Salih, recorre el barrio de Petare, en Caracas (Venezuela), junto a Andriuska Bello, quien regresó en enero tras vivir durante años en el Ecuador.
Estos viajes no solo revelaron la magnitud del reto al que se enfrenta ACNUR en un momento difícil de la historia de la organización, sino que también reforzaron una convicción fundamental.
“Debemos proteger a las personas cuando se ven forzadas a huir, pero no podemos aceptar que un desplazamiento indefinido sea su futuro”, afirmó Salih. “Debemos medir nuestros resultados no solo por las vidas que salvamos, sino por las vidas que las personas son capaces de reconstruir y las soluciones duraderas que pueden encontrar”.
Ese principio constituye el núcleo de la visión “50 para 35” de ACNUR, cuyo objetivo es reducir a la mitad el número de personas refugiadas en situaciones de desplazamiento prolongado en países de renta baja y media que dependen de la ayuda humanitaria para sobrevivir, lo que actualmente supone un total de unos 14,5 millones de personas.
ACNUR perseguirá este ambicioso objetivo colaborando con socios de los gobiernos, las instituciones de desarrollo, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones dirigidas por personas refugiadas, adoptando medidas prácticas para aumentar la inclusión y la autosuficiencia de los refugiados y, en última instancia, garantizar soluciones duraderas al desplazamiento, como el retorno voluntario.
Entre las nuevas iniciativas anunciadas por el Alto Comisionado en apoyo de esta visión se encuentran una Estrategia Global para la Autosuficiencia, destinada a ampliar el acceso de los refugiados al empleo, la financiación, el emprendimiento y los mercados; un “Acelerador de la visión 50 por 35”, para proporcionar financiación flexible y plurianual con el fin de agilizar las iniciativas de autosuficiencia, inclusión y búsqueda de soluciones; y la iniciativa “Aspirar a más”, destinada a impulsar el acceso de los refugiados a la educación universitaria y a otras formas de educación superior.
Salih, quien ha hecho de la educación de las personas refugiadas una prioridad, se dirige a los alumnos de una escuela del asentamiento de refugiados de Kalobeyei, en Kakuma, Kenia, en enero de 2026.
“Quiero dejar claro que el objetivo “50 por 35” no consiste en reducir la ayuda humanitaria, sino en reducir la necesidad de la misma”, subrayó Salih. “Nuestro éxito se medirá con base en si la vida de las personas ha mejorado realmente y si estas se han convertido en miembros autosuficientes y activos de sus comunidades. Seguimos teniendo la responsabilidad de apoyar a quienes sigan necesitando ayuda humanitaria”.
Para lograrlo se necesitará movilizar recursos adicionales para los países que acogen a personas refugiadas, ya que el 80 por ciento de la población refugiada en el mundo vive actualmente en países que, en conjunto, representan apenas el 27 por ciento de la riqueza mundial. “La inclusión no puede financiarse únicamente con buena voluntad”, afirmó el Alto Comisionado. “El liderazgo debe ir acompañado del apoyo internacional”.
Si bien el Pacto Mundial sobre los Refugiados ya ofrece un marco de cooperación para hacer realidad esta visión, los datos más recientes muestran una clara brecha entre los compromisos asumidos por los países de acogida y los recursos financieros y de otro tipo aportados por la comunidad internacional. Salih señaló que el próximo Foro Mundial sobre los Refugiados, que se celebrará en 2027, constituirá una oportunidad fundamental para cerrar esa brecha.
Agenda de reformas
El Alto Comisionado también destacó las reformas emprendidas por ACNUR durante un período de “profundos cambios”. ACNUR se ha adaptado a las nuevas realidades y prioridades reforzando los controles financieros, aumentando la eficiencia, dando prioridad a la implementación operativa y llevando a cabo “uno de los ajustes de personal más significativos” de su historia.
La plantilla se ha reducido en más de un tercio, pasando de casi 20.000 funcionarios en 2024 a poco menos de 12.000 en la actualidad. El presupuesto de ACNUR para 2026 asciende actualmente a 3.000 millones de dólares estadounidenses, lo que representa alrededor del 35 por ciento del total de 8.500 millones de dólares estadounidenses que necesita.
“Nuestro objetivo no es simplemente un ACNUR más pequeño, sino un ACNUR más fuerte, centrado en aquellos ámbitos en los que aportamos un mayor valor añadido y más capaz de proporcionar protección, asistencia y soluciones a las personas refugiadas y a las comunidades de acogida”, afirmó Salih.
“Pero la eficiencia tiene sus límites”, prosiguió. “Hay una diferencia entre hacer más con menos y que se nos pida hacer lo imposible”.
El Alto Comisionado concluyó recordando a los delegados la promesa consagrada hace 75 años en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados: que las personas que huyen de la persecución deben poder buscar protección, y que las personas refugiadas no deben ser devueltas a lugares donde sus vidas o libertades se vean amenazadas.
Esa promesa, que ha salvado la vida a generaciones de personas, sigue siendo tan vital como siempre, pero se está poniendo a prueba como nunca antes, afirmó.
“Dentro de setenta y cinco años, otra generación mirará hacia atrás y analizará las decisiones que tomemos hoy. ¿Verán un mundo que dio la espalda cuando asumir responsabilidades se volvió difícil? ¿O uno que recordó las lecciones de su propia historia?”.