Después de seis años, una niña está marcada pero no destruida por el conflicto en Siria

La joven Wafa es ejemplo de lo mejor y lo peor de su país destrozado por la guerra. Quedó seriamente quemada cuando una bomba golpeó su hogar en Alepo, y siempre encanta a los demás con su optimismo.

Wafaa, de ocho años, mira desde el albergue temporal donde ella y su familia están viviendo.
© ACNUR

A las afueras de Alepo, se ecuchan los gritos y las risas de los niños pequeños en un parque de juegos fuera de una escuela, que está detrás de la larga fila de unidades de almacenes de concreto que sirven como albergues para los sirios desplazados por el duradero conflicto.


Wafaa Keyari, una niña de ocho años del destruido distrito de Sakhour, al este de Alepo, se hace a un lado y mira a los otros niños. Wafaa no pasa mucho tiempo con los otros niños debido a su aspecto. Hace dos años, una explosión destruyó su hogar y quemó severamente su cuerpo y su rostro.

"Teníamos un cilindro de gas en nuestro hogar", explicó ella. "Cuando la casa fue bombardeada, el cilindro de gas explotó. Yo estaba justo al lado. Mi padre y yo resultamos quemados y un hombre murió".

"Cuando la casa fue bombardeada, el cilindro de gas explotó. Yo estaba justo al lado"

Desde entonces, Wafaa ha sobrevivido a la brutal guerra en Siria, la cual está llegando a su sexto trágico aniversario. Junto con los cientos de miles de personas que han sido asesinadas o mutiladas por los combates, 4,9 millones de personas han buscado asilo en países vecinos y otras 6,3 millones se han desplazado dentro de las fronteras de Siria.

Con una bufanda morada y brillante, y un gorro de lana color verde que esconde las cicatrices en su cuero cabelludo, Wafaa sonríe tímidamente mientras se inclina hacia arriba y hacia abajo, y describe los efectos inmediatos de la explosión.

https://youtu.be/Ns4_s7zz0-M "Sigo siendo la misma niña buena"

"Me llevaron al hospital. Estaba despierta y me hicieron los tratamientos", recordó ella. "Yo estaba usando ropa de lana, como las que estoy usando ahora, así que se me pegó al cuerpo. Cuando me llevaron al hospital, me la estaban separando de la piel. Dolía muchísimo, no usaron anestesia, solo me la arrancaron".

Sin hogar, Wafaa, sus padres y sus siete hermanos mayores fueron a vivir cerca con parientes, en el este de Alepo. Pero a medida que los cuatro años de batalla por Siria llegaron a la segunda ciudad más importante del país durante su destructivo clímax a finales del año anterior, la familia huyó buscando seguridad, y así llegaron al albergue en el oeste de Alepo, donde vivieron por los últimos cuatro meses.

Esta histórica ciudad tiene algo de calma por ahora, después de una tregua que vio la evacuación de grupos armados y residentes que estaban en las áreas de conflicto. Pero los años de conflicto la han dejado irreconocible.

De los 4 millones de residentes que se estima que vivían en la ciudad, quedan menos de 1,5 millones. Miles han muerto y muchos más son refugiados en el extranjero. Wafaa y su familia son parte de las 400.000 personas desplazadas dentro de la ciudad.

  • Wafaa habla con su padre fuera del albergue temporal que comparten con otros sirios desplazados. Las quemaduras en su cara y cuerpo resultaron de una explosión que destruyó su hogar.
    Wafaa habla con su padre fuera del albergue temporal que comparten con otros sirios desplazados. Las quemaduras en su cara y cuerpo resultaron de una explosión que destruyó su hogar. © ACNUR
  • Wafaa toca música en un aula en el albergue temporal, donde finalmente ha podido comenzar su educación y asistir a la escuela por primera vez.
    Wafaa toca música en un aula en el albergue temporal, donde finalmente ha podido comenzar su educación y asistir a la escuela por primera vez. © ACNUR
  • Wafaa, en azul, se sienta con sus compañeros de clase, que han sido desplazados por los seis años de guerra en Siria.
    Wafaa, en azul, se sienta con sus compañeros de clase, que han sido desplazados por los seis años de guerra en Siria. © ACNUR

En una reciente visita allí, Filippo Grandi, Alto Comisionado para los Refugiados, quedó impresionado por el nivel de destrucción.

"Se puede decir muy poco, estas ruinas hablan por sí solas", dijo él. "Cuando ves la ropa de los niños colgando en la ventana, las cocinas partidas en la mitad por las bombas y los cohetes, las vidas reales de las personas se ven interrumpidas por la guerra. Creo que esto pesará muy fuertemente en la conciencia del mundo por generaciones".

Cerca del 40 por ciento de la ciudad está destruida, al igual que otras ciudades de Siria que han sufrido un destino similar. Doce de los 18 vecindarios en la ciudad de Homs tienen ahora un escenario apocalíptico, con edificios y casas agujereados por las balas. Están desprovistos de cualquier signo de vida más allá de los sonidos de los pájaros y los brotes verdes de las plantas que comienzan a crecer fuera de los escombros.

"Creo que esto pesará muy fuertemente en la conciencia del mundo por generaciones"

"Debemos pensar que hay gente aquí, algunos están regresando a estas ruinas que necesitan ayuda, ayuda inmediata", dijo Grandi. "Ellos tienen frío, tienen hambre, necesitan trabajar para ganar algo de dinero. Necesitan las cosas elementales de la vida".

Sin hogar a donde regresar, la familia de Wafaa debe permanecer en su albergue temporal por ahora, sobreviviendo con la ayuda que reciben del ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados y las ONG socias. A pesar de todo, hay un punto brillante para Wafaa. Los combates en Alepo le impidieron empezar la escuela, pero ahora está matriculada en clases organizadas por ONGs en el albergue.

En el último mes, Wafaa también ha visitado a médicos en Damasco, que están considerando una cirugía plástica para reparar algunas de las cicatrices. Lo que pueden hacer es incierto, pero Wafaa está emocionado por la mera posibilidad. "Quiero mejorar, ser feliz en la vida y no necesitar nada", dice.

Wafaa dice que todavía recuerda cómo se veía antes de la explosión. Cuando se le preguntó si el incidente la había cambiado, se detuvo un momento antes de responder con una sonrisa: "No. Todavía soy la misma chica agradable".

Por Warda Al-Jawahiry