El coronavirus amenaza con mantener a millones de niñas refugiadas fuera de las aulas

En el Día Internacional de la Niña, comprometámonos a proteger el espacio seguro que ofrece la escuela a las niñas en la región de África Oriental y del Cuerno y los Grandes Lagos, y en todo el mundo.

Asma, estudiante refugiada somalí en Etiopía.   © ACNUR / Ariadne Kypriadi

El 11 de octubre se celebra el Día Internacional de la Niña, un día con un gran significado para mí. Por más de dos décadas he trabajado con personas refugiadas en África. He presenciado cómo el verse desarraigadas de sus hogares debido a la violencia y la persecución afecta a las mujeres jóvenes. Para muchas, conlleva el fin de su viaje educativo. Con pocos recursos y sin acceso universal a la educación, las familias toman decisiones difíciles sobre qué niños pueden asistir a la escuela. Muchas niñas se ven obligadas a quedarse en casa para ocuparse de las tareas del hogar y de sus hermanos, o se casan demasiado jóvenes. Las niñas refugiadas corren el riesgo de sufrir violencia sexual y de género, embarazos precoces y más. La pandemia de coronavirus ha exacerbado los riesgos.

Estos resultados son evitables. La mejor manera de garantizar un futuro mejor para las niñas refugiadas es invertir en su educación. La educación mantiene a las niñas saludables, las ayuda a reconstruir sus vidas y fortalece a comunidades enteras. Es esencial para lograr la igualdad para todas las niñas, mi objetivo como Defensora Internacional de Género y madre de una hija pequeña.

Tenemos mucho trabajo por hacer. La niñez refugiada tiene muchas menos probabilidades de ir a la escuela que otros niños. El número disminuye a medida que los refugiados alcanzan la edad de la escuela secundaria y más allá, especialmente para las niñas. Menos del 3% de todos los refugiados asisten a la universidad u otra institución de educación superior.

Clementine Nkweta-Salami del ACNUR con mujeres refugiadas somalíes en un centro de bienestar en el campamento de refugiados de Melkadida en Etiopía.   © ACNUR / Georgina Goodwin

En la región de África Oriental y del Cuerno y los Grandes Lagos, donde trabajo, la situación es terrible. Con más de 1,8 millones de niños y niñas refugiados en edad escolar en la región, según datos recopilados principalmente en campamentos de refugiados, encontramos que solo alrededor del 58% de la niñez y la juventud refugiada estaban matriculados en una institución educativa. Solo el 34% de todos la niñez refugiada matriculada en el nivel secundario y un tercio del pequeño número de los matriculados en escuelas terciarias y profesionales eran niñas.

Eso fue antes de la pandemia.

 Estoy profundamente preocupada. La pandemia y sus consecuencias socioeconómicas amenazan con deshacer los pequeños pero significativos avances que el mundo ha logrado para que más niñas vayan a la escuela. Especialmente preocupante: se estima que una de cada cinco niñas refugiadas nunca regresará a la escuela como resultado de esta pandemia. En Tanzania, descubrimos que solo aproximadamente la mitad de las niñas refugiadas regresaron a la escuela secundaria cuando reabrió en junio.

A medida que el virus amenaza con hundir más a las familias en la pobreza, muchos padres deciden enviar a trabajar a sus hijas en edad escolar. Otros obligan a sus hijas pequeñas a casarse con la esperanza de mejorar las finanzas de su familia. En el este y el Cuerno de África y la región de los Grandes Lagos, estamos viendo un aumento en los embarazos de adolescentes, el matrimonio precoz y la violencia doméstica ahora que muchas niñas ya no se encuentran en el entorno escolar protector.

Niñas de camino a la escuela en el campamento de refugiados de Um Gargour, el este de Sudán, hogar de refugiados eritreos durante generaciones.   © ACNUR / Roland Schönbauer

Cuando escuché el tema del Día Internacional de la Niña de este año fue “Mi voz, nuestro futuro en común”, inmediatamente pensé en Alix Marie Himbaza y Joelle Hangi, dos mujeres jóvenes que huyeron de la guerra y la persecución, pero lograron vencer las probabilidades. Estas dos mujeres inspiradoras pudieron compartir sus historias con líderes del gobierno, la sociedad civil, el sector privado y las comunidades de refugiados el año pasado: Joelle en el Foro Mundial de Refugiados en Ginebra, y Alix cuando fue elegida para ser miembro del jurado de los Premios a la Innovación para ONG. Tanto Alix como Joelle ganaron becas para asistir a la universidad, estudiaron mucho y encontraron un nuevo mundo que se les abrió.

Estaba tan impresionada con la tenacidad de Alix. Cuando era una joven refugiada que estudiaba en la universidad en Ruanda, vio un anuncio de una pasantía en comunicaciones en ACNUR en Kigali y presentó su solicitud a tiempo a pesar de que su conexión a Internet seguía fallando y su computadora portátil fallaba. Después de completar su pasantía con ACNUR, Alix ahora trabaja como mánager de un centro comunitario para refugiados, cumpliendo su sueño de trabajar con jóvenes.

El primer año de universidad de Joelle en 2014 terminó abruptamente cuando ella y su familia se vieron obligadas a huir de la violencia en el este del Congo para buscar seguridad en Kenia. Aprendió inglés y recibió becas para completar su título. Pero Joelle necesitaba una pasantía para ir más allá. Una y otra vez, llegó a la ronda final del proceso de selección, solo para ser rechazada debido a su condición de refugiada. Finalmente, solicitó una pasantía con ACNUR en Nairobi y, después de un proceso competitivo similar al que enfrentó Alix, consiguió el puesto. Ella será la primera en su familia en obtener una licenciatura.

Joelle Hangi habla en una sesión de presentación del Desafío de Energía Limpia del ACNUR durante el Foro Mundial de Refugiados en Ginebra el año pasado.   © ACNUR / Pierre Albouy

Invertir en la educación de las niñas refugiadas les permite alcanzar su máximo potencial y contribuir a la sociedad, muchas podrían algún día traer sus habilidades y confianza a sus países de origen para reconstruir. Alix y Joelle ofrecen un claro mensaje de esperanza a las jóvenes refugiadas que están decididas a no dejar que su condición de refugiadas las defina. Sé por mi propia experiencia que hay miles de otras niñas refugiadas motivadas que solo necesitan apoyo y la oportunidad de brillar.

Las mujeres jóvenes que llegan a la universidad crían familias más saludables y se aseguran de que sus hijos vayan a la escuela. Si todas las mujeres pudieran acceder a la educación secundaria y superior, las tasas de matrimonio infantil y de mortalidad infantil y materna disminuirían, y las enfermedades y muertes infantiles prevenibles se reducirían a la mitad. La escuela ofrece un espacio seguro donde las niñas pueden crecer y aprender con el apoyo de sólidas redes sociales, lo que es aún más importante cuando la transición de una mujer joven a la edad adulta se ve interrumpida por la inestabilidad y la violencia.

Démosle sentido al Día Internacional de la Niña. Hago un llamado a mis compañeros humanitarios, defensores de género, socios y comunidades de refugiados para asegurarse de que todas las niñas vayan a la escuela. Debemos amplificar las voces de mujeres jóvenes como Alix y Joelle para que los líderes gubernamentales y los encargados de formular políticas vean lo que sucede cuando las niñas obtienen las herramientas que necesitan para prosperar. Los gobiernos deben incluir a la niñez refugiada en los sistemas educativos nacionales y abrir oportunidades de educación terciaria para que las familias no sientan que deben sacrificar la educación de sus hijas para poner comida en la mesa. Las corporaciones, fundaciones e individuos deben crear o donar becas para niñas refugiadas que quieran asistir a la universidad o escuela vocacional. El dinero para el cuidado de los niños, los materiales escolares, el transporte e incluso las toallas sanitarias puede dar a estas jóvenes la libertad que necesitan para estudiar.

Debemos trabajar juntos para garantizar la igualdad para todo el mundo, incluidas las niñas refugiadas.

Clementine Nkweta-Salami se desempeña como Directora del ACNUR para la Región de África Oriental, del Cuerno y de los Grandes Lagos y fue nombrada Defensora Internacional de Género a principios de este año, uniéndose a una red de más de 250 líderes de organizaciones internacionales, misiones permanentes, embajadas, sociedad civil y el sector privado que se ha comprometido a derribar las barreras de género.

Este artículo se publicó en su versión original en inglés en Medium.