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Restaurando la cubierta forestal de Sudán, un árbol a la vez

Historias

Restaurando la cubierta forestal de Sudán, un árbol a la vez

Los refugiados y sus comunidades de acogida plantan juntos un millón de árboles en una campaña de reforestación masiva en el estado del Nilo Blanco de Sudán.
8 Junio 2020 Disponible también en:
Una mujer cuida los árboles jóvenes en el vivero en Al Jabalain, Sudán.

Una gruesa tubería de goma serpentea desde el río Nilo Blanco de Sudán por más de dos kilómetros, bombeando su contenido a un gran embalse en la localidad de Al Jabalain, donde crecen miles de árboles jóvenes.


El vivero tiene la capacidad de producir 200.000 árboles jóvenes al año, fruto de una asociación entre el organismo forestal del país, la Corporación Nacional de Bosques (FNC) y el ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados.

El proyecto, ubicado en un área semiárida en gran parte despojada de árboles para leña y materiales de construcción, comenzó en 2017. Desde entonces, ha plantado un estimado de un millón de árboles de cuatro especies diferentes de Acacia, repartidas en 2.500 hectáreas de tierra.

Geal Deng Nyakong, una refugiada de Sudán del Sur, trabaja en el vivero. Ella ha visto de primera mano cómo la deforestación ha afectado el medio ambiente que ha llamado hogar desde que huyó de la violencia en Sudán del Sur en 2014.

"Me uní al proyecto para ganar un poco de dinero para comida y algo de ropa y para aprender nuevas habilidades sobre la plantación de árboles", dijo Nyakong, quien espera usar estas habilidades en casa o en el trabajo futuro en las plantaciones de cítricos cercanas.

Hay aproximadamente un cuarto de millón de refugiados de Sudán del Sur en el estado del Nilo Blanco, que tiene una población de más de 1,7 millones de personas.

Nyakong, y miles de mujeres como ella, frecuentemente pasan hasta ocho horas caminando a áreas forestales remotas para buscar leña, cada vez más escasa, un viaje que las hace vulnerables a la violencia sexual.

"Promueve el acceso seguro a la energía de cocina sostenible mientras se abordan los desafíos ambientales".

Además de impulsar la sostenibilidad, Imadeldin Ali, Oficial Asociado de Medios de Vida del ACNUR con sede en Kosti, espera que la campaña de reforestación cree un entorno más seguro para las personas refugiadas y locales vulnerables por igual.

"También ha acercado la producción de leña a los campamentos de refugiados, promoviendo así un acceso seguro a la energía de cocina sostenible al tiempo que aborda los desafíos ambientales a través de la gestión de los recursos naturales", dijo.

En el Nilo Blanco, la deforestación es particularmente grave. Además de la leña, los refugiados cortan madera y postes en cantidades insostenibles para construir sus alojamientos. En algunos casos, algunos venden parte de sus raciones de alimentos para comprar leña y carbón.

Para abordar estas preocupaciones, el compromiso del ACNUR con el FNC está ayudando a rehabilitar y gestionar los bosques, tanto para el suministro de combustible para cocinar como para conservar el medio ambiente a largo plazo.

"Nuestro plan este año es establecer lotes de bosques o bosques más pequeños alrededor de cada uno de los nueve campamentos en el estado para reemplazar los árboles cortados por los refugiados a lo largo de los años", explicó Ali.

Otro desafío es el clima semiárido con temperaturas de verano que alcanzan los 48 grados centígrados, lo que dificulta su cultivo. En un intento por dar a los árboles jóvenes una mejor oportunidad de echar raíces, ACNUR y FNC, en asociación con Innovation Norway, una agencia de desarrollo del Gobierno noruego, y la Dutch Land Life Company, están experimentando con cultivarlos en capullos en el vivero de árboles donde trabaja Nyakong.

Un capullo es una "incubadora" biodegradable diseñada para soportar un árbol joven durante su primer año crítico al proporcionar agua y refugio al tiempo que estimula una estructura de raíz sana y profunda, aprovechando el suministro de agua debajo de la superficie.

El capullo almacena agua durante unos tres meses, lo que permite que las plántulas lleguen a la temporada de lluvias. Esto da como resultado árboles independientes que pueden sobrevivir en condiciones difíciles. Se dice que los capullos mejoran la tasa de supervivencia de las plántulas en un 75 a 95 por ciento.

"La comunidad se beneficia mucho de este proyecto y estamos agradecidos por ello".

El proyecto de reforestación también está demostrando ser positivo para las relaciones comunitarias en un área donde la competencia por los recursos ya escasos ha resultado en tensiones y conflictos entre refugiados y comunidades locales.

En el vivero, Nyakong planta y cuida las plántulas junto a vecinos sudaneses como Hawua Ahmed, que vive cerca de los campamentos de refugiados. Mientras que las mujeres atienden las plántulas, los hombres las trasplantan a los sitios forestales.

"La comunidad se beneficia mucho de este proyecto y estamos agradecidos por ello", dijo Ahmed.