Atletas refugiados buscan triunfar y ser fuente de inspiración en Tokio

El Equipo Olímpico de Atletas Refugiados cuenta con deportistas que han superado la persecución y el conflicto, y se han entrenado durante años para tener la oportunidad de competir al más alto nivel.

El jugador de bádminton sirio y miembro del Equipo Olímpico de Atletas Refugiados, Aram Mahmoud en su club en Almere, Países Bajos, en 2019.

El jugador de bádminton sirio y miembro del Equipo Olímpico de Atletas Refugiados, Aram Mahmoud en su club en Almere, Países Bajos, en 2019.  © ACNUR/Béla Szandelszky

Un jugador de bádminton de Siria, una ciclista de ruta de Afganistán y un corredor de larga distancia de Sudán se encuentran entre los 29 atletas que competirán en Tokio este verano como parte del Equipo Olímpico de Atletas Refugiados 2020. Los integrantes del equipo, anunciados el martes por el Comité Olímpico Internacional, representan a 11 países y participarán en 12 deportes diferentes.

Habiendo entrenado durante años con la esperanza de formar parte del equipo, los atletas buscarán la gloria individual en Tokio mientras llaman la atención sobre la difícil situación de los más de 80 millones de personas desplazadas por la fuerza en todo el mundo y muestran el poder del deporte para transformar vidas.

Entre los miembros del equipo se encuentra Aram Mahmoud, de 23 años, quien fue una estrella prometedora de bádminton en su Siria natal y compitió por la selección nacional antes de huir a Holanda para escapar del conflicto y poder continuar su educación y entrenamiento en condiciones de seguridad.

Aram comenta que su club de bádminton local en Almere lo ayudó a establecerse en su nueva vida en los Países Bajos, lo que le permitió conocer nuevas amistades y reavivar sus ambiciones deportivas. Posteriormente, ganó el Campeonato de Riga de 2019 como parte del Campeonato de la Federación Mundial de Bádminton y, más recientemente, alcanzó los cuartos de final del Abierto de Austria de 2021.

La ciclista de ruta Masomah Ali Zada, de 25 años, nació en Afganistán y desarrolló una pasión por el ciclismo a temprana edad. Después de pasar sus primeros años en el exilio en Irán, Masomah regresó a Kabul, donde ella y otras mujeres jóvenes comenzaron un grupo de ciclistas a pesar de la desaprobación de algunos miembros conservadores de la sociedad. Con el tiempo, llegó a formar parte del equipo nacional de ciclismo.

Equipo Olímpico de Atletas Refugiados competirá en Tokio 2020

La familia de Masomah huyó a Francia en 2017, luego de amenazas a su seguridad debido al ciclismo de Masomah y su condición como miembros de la minoría étnica Hazara. Masomah, que ahora vive en Lille, equilibra el entrenamiento con sus estudios para obtener un título en ingeniería civil. Desea inspirar a otras mujeres y niñas afganas a seguir sus sueños.

Otro atleta que espera dejar huella en los Juegos Olímpicos es Jamal Abdelmaji Eisa Mohammed, de 27 años. Cuando era adolescente, huyó de la violencia que mató a su padre en la región sudanesa de Darfur, cruzando Egipto y la península del Sinaí solo y a pie antes de llegar a Israel, donde se le concedió protección como refugiado.

Ahora vive en Tel Aviv y es miembro del Alley Runner's Club, que brinda apoyo a los atletas necesitados. Encontró una gran red de apoyo y aprendió a hablar hebreo. En 2019, compitió en el Campeonato Mundial de Rally Cross-Country de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés), en Dinamarca.

El equipo también está integrado por seis atletas que formaron parte del primer Equipo Olímpico de Atletas Refugiados en los Juegos Olímpicos de Río 2016: Anjelina Nadai Lohalith, de 26; James Chiengjiek Nyang, de 33; Paulo Amotun Lokoro, de 29; y la Colaboradora de Alto Perfil de ACNUR, Rose Lokonyen Nathike, de 28 años (todos ellos son atletas de pista de Sudán del Sur que ahora residen en Kenia); Popole Misenga, de 29 años, un judoka originario de la República Democrática del Congo que ahora vive en Brasil; y Yusra Mardini, de 23 años, una nadadora siria establecida en Alemania, quien también es Embajadora de Buena Voluntad de ACNUR.

“Tienen, de alguna manera, una responsabilidad adicional”, señaló el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi. “No solo es hacerlo bien en las competencias, que es la tarea principal que tienen en Tokio, sino también representar y enorgullecer a los millones y millones de personas refugiadas y desplazadas de todo el mundo que los estarán viendo y se sentirán orgullosas de lo que lograrán”.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 se celebrarán del 23 de julio al 8 de agosto. En las próximas semanas se anunciará un Equipo Paralímpico de Refugiados que competirá en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020.