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Personas refugiadas encuentran esperanza en Tijuana

José posa por una foto en Tijuana, México.
Historias

Personas refugiadas encuentran esperanza en Tijuana

José y Cecilia han encontrado la estabilidad necesaria para reconstruir sus vidas en la ciudad fronteriza de Tijuana, en el noroeste de México, donde la naturalización como ciudadanos mexicanos les ofrece una perspectiva duradera de integración.
7 Noviembre 2023
Lo primero que hizo José cuando recibió su carta de naturalización fue trasladarse al Ángel de la Independencia en la Ciudad de México para cumplir la promesa que había hecho a su madre: tomarse una fotografía mostrando el documento que acreditaba su nueva nacionalidad y el monumento a sus espaldas.

“Dicen que un mexicano nace donde quiere y es cierto. Yo estoy orgulloso de ser mexicano”, comentó el originario de El Salvador, de 32 años.

Viajó de Tijuana a la capital porque cuando realizó el trámite, aún no estaba habilitado el módulo de la Secretaría de Relaciones Exteriores en Tijuana.

“Se fue con zapatos de vestir, yo tenía entendido que el Ángel estaba cerca, me cuenta que caminó muchas cuadras, pero llegó y se tomó la foto”, dijo Norma, mamá de José, quien llegó a México por reunificación familiar.

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Desde que salió de El Salvador huyendo de las pandillas, José tenía claro que su destino era México. Distinto a muchas de las personas que llegan a la frontera norte, José nunca tuvo la intención de ir a Estados Unidos. Desde niño tenía la ilusión de conocer México y en Tijuana vivía un amigo.

José es una de las casi 13.000 personas que han solicitado asilo en el estado de Baja California desde 2019. Alrededor de 15.000 personas solicitantes de asilo y refugiadas residen en el estado, donde la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados y ACNUR tienen presencia desde 2019.

Con parques industriales, fábricas, compañías de alta tecnología y de telecomercialización, Tijuana ofrece oportunidades de empleo y salarios competitivos a nacionales y extranjeros. En 2021 fue la ciudad mexicana con menor índice de desempleo. Es la segunda ciudad más poblada de México y la frontera más transitada del mundo.

José reconoció haber pasado momentos muy difíciles a su llegada, desde rentar vivienda en malas condiciones, donde pasaba frío y cucarachas caían del techo, hasta aceptar trabajos que demandaban fuerza física extrema. Su experiencia como repartidor en una empresa de mensajería en El Salvador le dio confianza para pedir empleo en una empresa multinacional de mensajería, donde hoy trabaja en atención a clientes.

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Ulises es supervisor de José. Aunque dudó en contratarlo, pensando que se iría a EE. UU., decidió darle una oportunidad, quizás por identificarse con su historia: hace 10 años, Ulises y su familia huyeron de la violencia.

“Tengo coincidencias con José, yo también me vine a Tijuana por temas de la delincuencia organizada. Hace 10 años, Morelia estaba ardiendo por los grupos delictivos y yo no quería eso para mis hijos”, contó. 

Ulises describe a José como una persona entregada y transparente, que busca ayudar y cuidar a los demás, un enamorado de su familia y de su entorno, conocido por todos en la empresa.

“Hace poco, una señora de edad avanzada se cayó y se lastimó las rodillas. José le acercó una silla, sacó el botiquín, la asistió. La señora, agradecidísima, tres días después le llevó un café y le dijo, ‘hijo, eres un amor, tú me curaste’. Esos detalles te pueden decir quién es José”.

José reconoció que no ha sido fácil estar donde está ahora, con trabajo y su familia cerca. Está listo para emprender nuevos proyectos.

“Tijuana es un lugar de oportunidades, aquí trabaja el que quiere trabajar. Soy de las personas que, para atrás, ni para agarrar impulso”, dijo.

Quiere estudiar derecho para asesorar gratuitamente a personas en movilidad, a quienes ya ayuda con alojamiento por una o dos semanas.

“Dicen que un mexicano nace donde quiere y es cierto. Yo estoy orgulloso de ser mexicano”.

Cecilia después de su ceremonia de titulación en la Universidad Autónoma de Baja California.

Cecilia después de su ceremonia de titulación en la Universidad Autónoma de Baja California.

Cecilia, venezolana de 25 años, también encontró cobijo en Tijuana. Sus padres, ya mayores, estaban muy preocupados por la seguridad de su hija universitaria, y se organizaron para que llegara a Tijuana, donde vive su madrina.

Cecilia voló de Caracas a Miami y de Miami a San Diego, donde cruzó la frontera para llegar a Tijuana.

“Elegí México porque había venido antes e investigado sobre cómo continuar mi educación, era una prioridad para mí”, señaló.  

Cursó la Licenciatura en Informática en la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) con apoyo de una beca DAFI, otorgada por ACNUR y financiada por Alemania. Recién graduada, hoy es practicante en una empresa de tecnología.

“Son seis horas de trabajo diario y el pago es bueno”, señaló.

Cecilia está en proceso de naturalización, y como José, busca volver a vivir con sus padres, quienes están orgullosos de ella.

Desde 2019, tres personas refugiadas se han naturalizado en Baja California, 35 están en espera de su carta de naturalización y 41 están en acompañamiento por parte de ACNUR para ingresar su solicitud.

Estoy orgulloso de ser mexicano

Dagmara Mejía, jefa de Oficina de ACNUR en Baja California, aseguró que, si bien un número elevado de las personas que llegan a Tijuana tienen la intención de llegar a EE. UU., muchas tienen necesidades de protección internacional y optan por solicitar asilo en México.

“Es importante seguir brindando información sobre el derecho a solicitar asilo en México, incluso en frontera norte. Historias como la de José o de Cecilia reafirman que Tijuana y México son destino para personas refugiadas. Seguiremos trabajando para que las personas accedan a COMAR y tengan opciones de integración”, comentó.

“Tijuana es un lugar de oportunidades”.