Papiros y papel: una bendición mensual para las mujeres refugiadas en Uganda

El ACNUR y la compañía ugandesa MakaPad lanzan un innovador proyecto piloto para emplear a los refugiados en su fábrica para productos de higiene hechos a mano.

Una mujer trabajando en la fábrica MakaPad, en Kawempe.  © ACNUR/K.Mahoney

KAWEMPE, Uganda, 14 de marzo de 2013 (ACNUR) – Rosette Akaliybo, una refugiada congoleña de 37 años, está sentada tranquilamente frente a una mesa de madera con tres hombres, cada uno de ellos lo bastante joven como para ser su hijo. Está realizando lo que muchos considerarían un trabajo poco habitual.

"Este es mi primer trabajo oficial en Kampala" dice esta madre soltera con dos hijos mientras mete 10 compresas en un paquete con etiqueta verde de MakaPad, en una planta de la compañía en Kawempe. Es el mayor centro de producción de la compañía, que fabrica el principal producto de higiene femenina hecho con materiales locales y manufacturado en África.

Rosette es una de las 150 empleadas de la fábrica que MakaPad tiene en Kawempe, a unos pocos kilómetros al sur de la capital de Uganda. También es una de las cuatro personas refugiadas, y la primera mujer, seleccionadas para participar en un nuevo proyecto piloto que da formación y empleo a refugiados urbanos.

"Camino dos horas cada mañana para venir a trabajar y dos horas para llegar a casa" dice. "No es fácil pero no me puedo permitir pagar el transporte".

Seis miembros de su amplia familia dependen de su sueldo. Ella forma parte de los casi 70.000 refugiados urbanos de Kampala y valora la oportunidad que se le ha dado.

El trabajo de Rosette es el resultado de una alianza innovadora entre dos compañeros aparentemente dispares: un profesor de ingeniería y la Agencia de la ONU para los Refugiados.

"Como hombre, nunca había visto ni siquiera una compresa" confiesa el ingeniero fundador de MakaPad, Moses Musaazi, mientras observa la atareada línea de producción, en la que se utiliza papiro cultivado localmente. "Hasta que un día en una reunión, una mujer sacó una compresa de su bolso y me la pasó. Pensé que era una broma". Pero no lo era.

Ocurrió hace 12 años cuando los investigadores de la Universidad de Makerere, en Kampala, y la Fundación Rockefeller, con sede en Estados Unidos, explicaron a Musaazi que las chicas estaban perdiendo hasta tres días de colegio al mes e incluso abandonando la escuela porque no podían permitirse pagar el alto precio de las compresas.

Musaazi aceptó el desalentador reto de inventar una compresa barata y biodegradable hecha con materiales locales. Utilizando a su mujer y a su hija como conejillos de indias para estos prototipos de diseños absorbentes, Musaazi descubrió el ratio perfecto de papiro y papel triturado, que había recogido gratuitamente de agencias de Naciones Unidas y embajadas en Kampala.

Desde 2013 la compañía produce cerca de 4 millones de MakaPads al año en tres centros de producción en Uganda, entre ellos uno ubicado dentro de un asentamiento de refugiados en el sureste. El nombre de MakaPad es un acrónimo de "menstruación", "administración", "conocimiento" y "asequibilidad".

El mayor fan de la compañía llegaría casi por sorpresa. "ACNUR es el mayor cliente de MakaPad" dice Musaazi. Compra el 90% de la producción para unas 55.000 mujeres y niñas refugiadas y en edad reproductiva de los 190.000 refugiados que hay en Uganda.

ACNUR empezó a comprar a MakaPad por la oportunidad laboral que suponía para los refugiados y porque ofrecía productos respetuosos con el medio ambiente que ayudaban además a que las niñas siguieran yendo al colegio.

Hace siete años, la compañía abrió un centro de producción en el asentamiento para refugiados de Kyaka II, en el sureste de Uganda, que a día de hoy emplea a más de 50 refugiados y es gestionado por uno de ellos.

En febrero, MakaPad y ACNUR lanzaron un nuevo proyecto piloto para formar y emplear a refugiados de Kampala en el asentamiento de Kawempe. Y para la directora general de MakaPad, Juliette Nakibuule, los refugiados son más que bienvenidos.

"Aquí en MakaPad los refugiados adquieren habilidades y ganan un salario" explica Nakibuule. "Esperamos formar a más refugiados cada mes y queremos que al menos 20 ó 30 trabajen aquí".

Nakibuule quiere que el principal producto de su compañía sea un gran éxito entre el público en Uganda, no sólo dentro de ACNUR. "Queremos ser la primera marca de compresas, de las 35 que hay disponibles en las tiendas. Nuestro producto es un 90% biodegradable y sin aditivos químicos" dice. Con el tiempo le gustaría ampliarlo más allá de las fronteras de Uganda también.

Y tras una semana de trabajo, ¿qué opina Rosette?

"Llevará tiempo adquirir la experiencia que necesito para trabajar deprisa y ganar más dinero" dice. "Pero lo conseguiré porque estoy esforzándome y estoy motivada".