El coronavirus representa una grave amenaza para la educación de las personas refugiadas

El informe del ACNUR llama a la acción para ayudar a millones de jóvenes refugiados que viven en algunas de las comunidades más vulnerables del mundo.

Un estudiante refugiado de Malí desempeña el papel de profesor en una escuela del campamento de Goudoubo. Debido a la creciente inseguridad, los maestros ya no se presentan y a menudo los estudiantes se enseñan unos a otros.   © ACNUR / Sylvain Cherkaoui

GINEBRA – Según un informe contundente publicado hoy por la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, la COVID-19 representa una grave amenaza para la educación de las personas refugiadas en todo el mundo.

El informe “Uniendo fuerzas por la educación de las personas refugiadas” señala que la mitad de la niñez refugiada no asiste a la escuela y pide una acción inmediata y audaz por parte de la comunidad internacional para combatir los efectos catastróficos del coronavirus.

"No podemos robarles su futuro".

“La mitad de los niños refugiados del mundo no estaban escolarizados previamente a esta situación”, dijo Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados.

“Después de todo lo que han soportado, no podemos robarles su futuro negándoles hoy una educación. A pesar de los enormes desafíos que plantea la pandemia, si se ofrece un mayor respaldo internacional a las personas refugiadas y a sus comunidades de acogida, podremos desarrollar más medios innovadores para proteger los avances fundamentales en la educación de los refugiados obtenidos durante los últimos años”.

El informe detalla que, si bien los niños de todos los países han luchado contra el impacto de la COVID-19, los niños refugiados se han visto particularmente afectados. Las cifras de la ONU muestran que 1.600 millones de estudiantes en todo el mundo, incluidos millones de refugiados, han visto interrumpida su educación.

Antes de la pandemia, un niño refugiado tenía el doble de probabilidades de no asistir a la escuela que un niño no refugiado. Esta situación sin duda va a empeorar: muchos niños y niñas refugiados probablemente no tendrán la oportunidad de retomar sus estudios por el cierre de escuelas, las graves dificultades para pagar las tasas de matriculación, uniformes o libros, la falta de acceso a tecnologías o porque se ven obligados a trabajar para ayudar a sus familias.

Sin embargo, el informe también destaca una serie de ejemplos inspiradores de cómo los jóvenes refugiados y sus maestros han seguido atravesando la pandemia.

“Desde refugiados y comunidades de acogida hasta maestros, socios del sector privado, autoridades nacionales y locales, innovadores y agencias humanitarias… todos han encontrado numerosas formas de mantener la educación en marcha frente a la pandemia. Ha sido una demostración de colaboración, generosidad y pensamiento creativo, aliado a la pasión y determinación de millones de jóvenes”, agregó Grandi.

Durante el periodo de confinamiento, los refugiados y los maestros, los gobiernos y los socios del ACNUR, todos idearon varias formas ingeniosas de mantener la educación en marcha. Los ejemplos van desde Egipto moviendo todo su plan de estudios en línea, hasta un maestro en el campamento de refugiados de Dadaab transmitiendo lecciones en una estación de radio local.

También se incluyeron aulas móviles en Bolivia, nuevos roles para las asociaciones de padres y maestros en Chad y una plataforma de contenido de aprendizaje en Uganda que ha encontrado una forma de sortear el obstáculo de la baja o nula conectividad.

  • Isai* (de chaqueta gris), un solicitante de asilo nicaragüense de ocho años, con su maestra de tercer grado antes de que cerrara su escuela a las afueras de la ciudad de Guatemala.
    Isai* (de chaqueta gris), un solicitante de asilo nicaragüense de ocho años, con su maestra de tercer grado antes de que cerrara su escuela a las afueras de la ciudad de Guatemala.  © ACNUR / Alexis Masciarelli
  • Fadia, de 14 años, intenta hacer una prueba en línea como parte de su aprendizaje virtual en casa en Amán, Jordania.
    Fadia, de 14 años, intenta hacer una prueba en línea como parte de su aprendizaje virtual en casa en Amán, Jordania.  © ACNUR / Lilly Carlisle
  • Nadia, de 12 años, y su hermano menor, Abed, de 5, se sientan en el callejón frente a su casa en Amán. Ellos y sus otros tres hermanos se han turnado para usar el único televisor y teléfono móvil de la familia.
    Nadia, de 12 años, y su hermano menor, Abed, de 5, se sientan en el callejón frente a su casa en Amán. Ellos y sus otros tres hermanos se han turnado para usar el único televisor y teléfono móvil de la familia.  © ACNUR / Lilly Carlisle
  • Asma, de 8 años, dibuja una imagen en el Centro de Aprendizaje Rose 2 en el campamento de refugiados de Kutupalong en Cox's Bazar, Bangladesh, el 27 de enero de 2020.
    Asma, de 8 años, dibuja una imagen en el Centro de Aprendizaje Rose 2 en el campamento de refugiados de Kutupalong en Cox's Bazar, Bangladesh, el 27 de enero de 2020.  © ACNUR / Vincent Tremeau
  • Una mañana en la escuela primaria Vahdat, en Isfahan, Irán, donde niñas refugiadas e iraníes se preparan para empezar clases llenas de entusiasmo y energía.
    Una mañana en la escuela primaria Vahdat, en Isfahan, Irán, donde niñas refugiadas e iraníes se preparan para empezar clases llenas de entusiasmo y energía. © ACNUR/UNHCR/Mohammad Hossein Dehghanian

El informe establece que sin un mayor apoyo, el incremento sostenido de matriculación en escuelas, universidades y estudios técnicos y de formación profesional, que se ha ido ganando con gran esfuerzo, podría verse revertido, en algunos casos de forma permanente, poniendo en peligro los esfuerzos para alcanzar el Objetivo 4 de Desarrollo Sostenible de garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos.

 En unas contundentes palabras finales al informe, la Fundación Vodafone y el embajador del ACNUR para el programa Instant Network Schools, Mohamed Salah, dijo: “Garantizar una educación de calidad hoy significa menos pobreza y sufrimiento mañana. A menos que todos hagan su parte, generaciones de niños, millones de ellos en algunas de las regiones más pobres del mundo, enfrentarán un futuro sombrío. Pero si trabajamos en equipo, como uno, podemos darles la oportunidad que merecen de tener un futuro digno. No perdamos esta oportunidad".

La adaptación a las limitaciones impuestas por la COVID-19 ha sido especialmente dura para el 85% de las personas refugiadas que viven en países en desarrollo o menos desarrollados. Teléfonos móviles, tabletas, ordenadores portátiles, buena conectividad, o incluso los aparatos de radio, con frecuencia no se encuentran fácilmente disponibles para las comunidades desplazadas.

“Me preocupa especialmente el impacto en las niñas y jóvenes refugiadas”.

Los datos del informe de 2019 se basan en las estadísticas de doce países que acogen a más de la mitad de los niños y niñas refugiados en el mundo. Aunque la tasa bruta de matriculación en enseñanza primaria es del 77%, solo el 31% de los jóvenes está matriculado en secundaria. A nivel de educación superior, solo el 3% de los jóvenes refugiados han podido matricularse.

Estas cifras están muy por debajo de los promedios mundiales, no obstante, reflejan un avance. La matriculación en enseñanza secundaria aumentó en decenas de miles de niños refugiados, lo que supone un incremento del 2% solo en 2019. Sin embargo, la pandemia de COVID-19 amenaza ahora con malograr este y otros avances cruciales. La amenaza que pesa sobre la escolarización de las niñas refugiadas es especialmente preocupante.

Con base en los datos del ACNUR, el Fondo Malala ha estimado que como resultado de la COVID-19, la mitad de todas las niñas refugiadas en la escuela secundaria no regresarán cuando las aulas vuelvan a abrir este mes. En los países donde la tasa bruta de matriculación de las niñas refugiadas en secundaria ya era inferior al 10%, todas las niñas corren el riesgo de abandonar sus estudios definitivamente, una predicción alarmante que tendría un impacto en las generaciones venideras.

“Me preocupa especialmente el impacto en las niñas y jóvenes refugiadas. La educación no solo es un derecho humano, sino que la protección y los beneficios económicos para las niñas refugiadas, sus familias y sus comunidades educativas son evidentes. La comunidad internacional simplemente no puede permitirse el lujo de no brindarles las oportunidades que se derivan de la educación”, dijo Grandi.