Mensaje del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados para conmemorar el Día Mundial del Refugiado 2021

Samuel, un médico venezolano de 27 años, se trasladó a Ecuador en 2018. Durante la pandemia, ha estado proporcionando atención médica a la comunidad local y a las personas refugiadas de Colombia.

Samuel, un médico venezolano de 27 años, se trasladó a Ecuador en 2018. Durante la pandemia, ha estado proporcionando atención médica a la comunidad local y a las personas refugiadas de Colombia.  © ACNUR/Jaime Giménez

Hace dos días informamos que un número nunca antes visto de personas han sido obligadas a abandonar sus hogares. La guerra, la violencia y las persecuciones han alterado la vida de más de 82,4 millones de mujeres, hombres, niñas y niños. Si bien el resto pasó buena parte del año anterior en casa para mantenerse a salvo, las personas desplazadas tuvieron que huir para seguir con vida.

En vista de que la paz parece no ser de interés o estar fuera del alcance del liderazgo mundial, son cada vez más las personas desplazadas quienes pagan el precio. Tan solo en los últimos tres años, cerca de un millón de niñas y niños nacieron en el exilio. ¿Qué les depara el futuro? ¿Qué oportunidades tendrán para desarrollar su potencial?

Hoy, el Día Mundial del Refugiado, es un recordatorio para que las clases políticas no olviden que es necesario hacer mucho más para prevenir los conflictos y las crisis. Asimismo, este día nos recuerda que resulta imperativo proteger a todas las personas, sin importar su origen étnico, nacionalidad, creencias y demás características. El Día Mundial del Refugiado nos recuerda también de la necesidad de denunciar las injusticias, en lugar de alimentar la división y fomentar el odio. De igual forma, esta fecha nos exhorta a encontrar soluciones prácticas y duraderas a las crisis, en lugar de responsabilizar a otras personas o de vilipendiar a las víctimas.

En resumen, quienes ocupan posiciones de liderazgo deben emprender acciones y trabajar de manera conjunta para superar los retos que el mundo enfrenta actualmente.

Al mismo tiempo, el Día Mundial del Refugiado nos ofrece la oportunidad de celebrar la fortaleza de las personas refugiadas. Estas personas han perdido todo y, sin embargo, han seguido adelante a pesar de la ansiedad del exilio, y a pesar de las heridas visibles e invisibles que dejan las guerras y las persecuciones.

En el transcurso de los últimos meses, en pleno dominio de la pandemia, hemos visto que, al tiempo que requieren, merecen y tienen derecho a recibir protección internacional, las personas refugiadas pueden retribuirse entre ellas y retribuir también a sus comunidades de acogida. 

Si se les da la oportunidad, se dirigen inmediatamente a la primera línea de respuesta a la COVID-19, como personal sanitario, personal de enfermería, personal de limpieza, personal humanitario, cuidadores, dependientes en los comercios, docentes y demás roles que prestan servicios esenciales en la batalla contra el virus. Hemos visto que las personas refugiadas y las comunidades de acogida comparten, sin ningún reparo, los pocos recursos con los que cuentan y le tienden una mano a quienes más la necesitan.

El mes próximo, veremos a estas personas en un contexto distinto, demostrando qué puede lograrse cuando se les incluye en la sociedad y se les ofrecen las mismas oportunidades de las que goza el resto: los atletas refugiados se acercarán a la línea de partida mientras compiten en las grandes ligas en los Juegos Olímpicos de Tokio.

Por lo anterior, deseo que, en el Día Mundial del Refugiado, además de mostrar solidaridad hacia las personas refugiadas y desplazadas en nuestras comunidades y en el resto del mundo, reconozcamos y admiremos su empuje, determinación y contribuciones. Día con día, mis colegas y yo tenemos el privilegio de presenciar la tenacidad y los logros de las personas refugiadas, que, sobre todo hoy, deben convertirse en fuente de inspiración en cada rincón del planeta.