Palabras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en la VIII reunión anual del MIRPS
Palabras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en la VIII reunión anual del MIRPS
Honorable Viceministro de Asuntos Multilaterales, Alejandro Solano
Honorable Viceministro de Gobernación y Policía, Omer Badilla,
Honorables viceministros de Colombia, El Salvador y Panamá
Equipo de la ONU,
Distinguidos Delegados,
Es un honor dirigirme a ustedes.
Quisiera agradecer al Gobierno de Costa Rica por su hospitalidad, por su liderazgo en la Presidencia Pro Tempore del MIRPS en 2025, y por el compromiso constante de sus sucesivos Gobiernos con la protección de las personas desplazadas, principalmente en las Américas. Ha sido un verdadero placer trabajar con ustedes, y agradezco el apoyo brindado a lo largo de los años, incluso como uno de los co-convocantes del primer Foro Mundial sobre los Refugiados.
Felicito también a El Salvador por asumir la Presidencia Pro-Témpore en 2026 y expreso mi agradecimiento a la OEA, un socio fundamental para la Secretaría Técnica del MIRPS y un aliado indispensable para ACNUR, como escuchamos en el discurso del Secretario General.
Esta reunión tiene para mí un significado especial, pues será mi última como Alto Comisionado. Mi mandato ha estado estrechamente vinculado a este proceso y a lo que representa.
En 2016, mi primer año en esta función, celebramos la aprobación histórica de la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes. En aquel entonces, reflexionando sobre la oportunidad que nos presentaba, señalamos la necesidad de “desencadenar el compromiso de un grupo más amplio de actores, a través de acuerdos de cooperación predecibles” que permitiera responder a emergencias, a crisis prolongadas y a la búsqueda de soluciones.
El MIRPS nació de nuestro compromiso común en la materialización de dicha aspiración y se consolidó como un mecanismo sólido, integrado por gobiernos, instituciones internacionales, sector privado, sociedad civil, academia, y con representación significativa de personas refugiadas y desplazadas.
Todo esto marcado por la solidaridad, la cooperación y la convicción de que nadie – ni refugiados, ni comunidades, ni países… – debe enfrentar solo los desafíos del desplazamiento forzado.
Sin embargo, vivimos un momento decisivo. Los discursos se endurecen, las crisis se multiplican – incluyendo el desplazamiento forzado causado por el incremento de la criminalidad y el impacto del cambio climático – y los principios son cada vez más puestos a prueba. Hoy, más de 117 millones de personas han huido de sus hogares en el mundo, casi 21 millones en las Américas. Ninguna otra región ha sentido de manera tan directa los cambios resultantes de las nuevas políticas migratorias y de asilo implementadas por actores clave, en particular los Estados Unidos. Al mismo tiempo, los sectores humanitario y de desarrollo enfrentan una crisis presupuestaria sin precedentes. Las prioridades políticas de muchos donantes se vuelcan hacia el interior de sus países o hacia la defensa: intereses legítimos, pero no incompatibles con el compromiso con la ayuda humanitaria y el desarrollo.
ACNUR reconoce los desafíos que plantea la movilidad humana en su escala y complejidad, y reafirma su compromiso con soluciones realistas y basadas en principios. Pero dichos retos no son un problema de principio. El derecho a solicitar asilo es una obligación moral y jurídica que fortalece – y no contradice – la soberanía de los Estados.
La pregunta que debemos plantearnos es cómo aplicar los principios existentes – en la Convención de 1951 y la Declaración de Cartagena de 1984, por ejemplo – a contextos en constante evolución. El MIRPS ha demostrado que sí es posible aplicar estos principios en contextos cambiantes y se ha convertido en un referente en la aplicación del Pacto Mundial sobre los Refugiados. Es fundamental que las políticas, prácticas y los acuerdos bilaterales que se están gestionando entre países de la región mantengan el respeto por la protección de los refugiados y el derecho internacional, y que sigan forjándose en un espíritu de cooperación entre los Estados – base también del MIRPS.
Debemos reconocer las oportunidades que la movilidad humana nos ofrece y aprovecharlas al máximo.
Año tras año, hemos analizado avances y desafíos y adaptado respuestas. Hemos visto acciones concretas que ofrecen mejor protección, asistencia y soluciones para quienes las necesitan, fomentando la inclusión y la integración, y al mismo tiempo contribuyendo a estabilizar movimientos. Costa Rica redujo en 20 por ciento la mora en asilo gracias a la transformación digital. Guatemala acercó la protección a las fronteras con las misiones de descentralización y publicó sus primeras estadísticas oficiales sobre desplazamiento interno. Honduras recopila también datos oficiales sobre desplazamiento forzado – acción crítica para formulación de políticas públicas – por tres años consecutivos. En Panamá, la inclusión estadística se hace real con los avances en la identificación de personas apátridas durante el censo nacional. En México, más de 52.000 personas refugiadas se han reubicado con empleo formal en más de 650 empresas; y más de 110.000 han recibido apoyo para integrarse localmente. Belice garantiza educación primaria universal. El Salvador ha fomentado la protección social con énfasis en la atención psicosocial de aquellos que necesitan. A través de estos y otros ejemplos, el MIRPS demuestra que el diálogo, la cooperación y la responsabilidad compartida no solo son posibles, sino indispensables.
Me enorgullece saber que ACNUR ha estado a su lado, ampliando alianzas más allá de lo que creíamos ser nuestros “socios tradicionales,” como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial, la CAF y el Banco Interamericano de integración económica.
Esta capacidad colectiva de adaptación es fundamental en un mundo en constante evolución.
Señoras y Señores:
Todo esto solo fue posible gracias a las acciones de los países de acogida y el apoyo recibido. La Plataforma de Apoyo y el Fondo MIRPS han sido piezas esenciales, movilizando recursos, compartiendo conocimientos, fortaleciendo capacidades y ampliando el impacto en miles de vidas.
Agradezco profundamente a los países e instituciones que forman parte y contribuyen a estas iniciativas. Agradezco también a Colombia por la Presidencia actual y a todos los países que han presidido la Plataforma y a la OEA por el apoyo en la administración del Fondo a lo largo de los años.
Quiero rendir homenaje, sobre todo, a las personas refugiadas y desplazadas. Su resiliencia, sus contribuciones y su liderazgo son nuestra guía.
A pocas semanas de la reunión de revisión del progreso del Foro Mundial sobre los Refugiados en Ginebra en diciembre, no perdamos de vista lo que hemos logrado juntos: millones de personas protegidas, vidas reconstruidas, comunidades fortalecidas. Historias que comenzaron en la incertidumbre, pero que hoy brillan como ejemplos de recuperación y esperanza.
Pero tampoco olvidemos el camino que nos queda por recorrer. Quisiéramos reconocer los esfuerzos realizados por Costa Rica – y en particular en su calidad también de Presidente del Proceso Quito y ahora el MIRPS – para promover la mayor articulación e integración entre procesos y mecanismos regionales. La reciente reunión conjunta de protección que involucró al MIRPS, al Proceso Quito y al Plan de Acción de Chile, constituye una buena práctica que podría ser replicada para otros ejes temáticos, como el de Inserción laboral en estrecha colaboración con la IOM. Esta articulación, permite maximizar resultados, movilizar de manera coordinada a la cooperación internacional, economizar recursos y lograr mejores resultados para los Estados, las personas desplazadas y sus comunidades. Tenemos la oportunidad de ampliar nuestro impacto.
Y en este camino que nos queda por recorrer, cuenten siempre con el apoyo del ACNUR.
A todas y todos: gracias por su compromiso, su liderazgo y su humanidad. Ha sido un honor acompañarles en esta jornada.
Muchas gracias.