Sin la solidaridad internacional, la crisis del desplazamiento de Ucrania podría convertirse en una catástrofe

Declaración de Filippo Grandi, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados

Una madre espera con su familia antes de subir a un tren desde Leópolis, al oeste de Ucrania, hacia Polonia el 10 de marzo. Huyeron de su casa en Járkov dos días antes, después de que les cortaran los servicios de agua y electricidad.

Una madre espera con su familia antes de subir a un tren desde Leópolis, al oeste de Ucrania, hacia Polonia el 10 de marzo. Huyeron de su casa en Járkov dos días antes, después de que les cortaran los servicios de agua y electricidad.  © ACNUR/Valerio Muscella

Desde el 24 de febrero, millones de personas viven el horror de la guerra en Ucrania. En un mes, muchas personas han perdido la vida, y otros miles han resultado heridas. Las familias han quedado destrozadas. Si no se pone un fin inmediato a los combates, este sufrimiento indescriptible y los desplazamientos humanos masivos no harán más que empeorar.

Casi una cuarta parte de la población de Ucrania – más de 10 millones de personas – se ha visto forzada a abandonar sus hogares. Unos 3,7 millones de personas refugiadas se han visto obligadas a huir del país, lo que supone la crisis de refugiados de más rápido crecimiento desde la Segunda Guerra Mundial. Otros 6,5 millones de personas se han visto desplazadas dentro de las fronteras de Ucrania, y se calcula que al menos 13 millones están varadas en las zonas afectadas o no pueden salir debido al aumento de los riesgos de seguridad, la destrucción de puentes y carreteras, así como la falta de recursos o información sobre dónde encontrar seguridad y alojamiento.

Detrás de estas cifras se esconde un sufrimiento inimaginable que no hace más que crecer a medida que aumentan las necesidades humanitarias. Los intensos combates siguen provocando desplazamientos a gran escala, al tiempo que agravan la situación de las personas desplazadas internas o de quienes no pueden huir de las zonas más afectadas.

Viviendas, escuelas, hospitales, servicios básicos y otras infraestructuras civiles han sido arrasadas, lo que ha hecho que algunas personas tengan que beber agua de lluvia y de deshielo, y cortar el suministro de alimentos y medicinas. Dentro de Ucrania, sigue siendo urgente establecer corredores seguros y garantías de seguridad satisfactorias para la evacuación de personas. Y la entrega de ayuda vital sigue siendo peligrosa y desafiante.

ACNUR lleva 30 años en Ucrania y no se irá. Cuando y donde sea posible, junto y en coordinación con otras organizaciones de la ONU, el CICR y las ONG, seguimos apoyando los esfuerzos de las autoridades ucranianas brindando alojamiento de emergencia, asistencia en efectivo, artículos de socorro básicos – desde mantas y kits de higiene, hasta camas plegables y sacos de dormir – y otros servicios esenciales para quienes han huido. Estamos apoyando a los convoyes humanitarios destinados a la población de zonas de difícil acceso, y seguiremos haciéndolo.

Fuera de Ucrania, hemos reforzado todos nuestros equipos y ampliado nuestra respuesta humanitaria para reforzar a los gobiernos de los países que reciben a las personas refugiadas de Ucrania en brindar asistencia humanitaria y protección crítica, y en el apoyo a las autoridades para que aumenten su capacidad de acoger a las personas recién llegadas. La cálida acogida y la bien organizada recepción de las personas refugiadas ucranianas ha sido excepcional, y merece reconocimiento y gratitud.

Sin embargo, ACNUR ha señalado riesgos de protección para grupos entre los que huyen de Ucrania que nos preocupan enormemente. Es fundamental que se establezcan medidas para identificar, mitigar y responder rápidamente a los riesgos de violencia de género, explotación, abuso, y tráfico de mujeres y niñas. También reconocemos que la niñez no acompañada y separada, y las personas refugiadas de la comunidad LGBTIQ+, personas adultas mayores o personas con discapacidad, tienen necesidades particulares y podrían ser vulnerables a mayores riesgos de protección. Miles de personas de terceros países huyeron de la guerra junto a la población de Ucrania, algunas de las cuales necesitan protección internacional o se encuentran en riesgo de apatridia. Muchas de ellas se han puesto a salvo o han regresado a sus países de origen; sin embargo, hay informes persistentes de trato desigual o discriminatorio.

Incluso un solo caso de racismo o discriminación que impida a alguien huir de la violencia o acceder al asilo y a la seguridad, es demasiado. Seguiremos trabajando con las autoridades de Ucrania y de los países vecinos para garantizar que todas las personas que huyen de la violencia y la tragedia de la guerra en Ucrania reciban la misma seguridad y protección.

Agradezco que los países vecinos hayan mantenido sus fronteras abiertas y celebro la decisión sin precedentes de la Unión Europea de ofrecer protección temporal. También me siento conmovido por la extraordinaria generosidad mostrada por la población local y personas de todo el mundo al ayudar a quienes huyen del conflicto, mediante alojamiento, transporte, alimentos, y donaciones en dinero y en especie. El apoyo y la solidaridad demostrados por los Estados y las personas de toda Europa y del mundo han sido increíblemente alentadores.

Este nivel de solidaridad debería servir de ejemplo para todas las crisis de personas refugiadas. Aunque la crisis de Ucrania se intensifique, no debemos olvidar a los millones de niñas, niños, mujeres y hombres desplazados por el conflicto, la persecución, la violencia y las violaciones de los derechos humanos. En muchas otras regiones del mundo – demasiadas – la devastación infligida a millones de inocentes no es menos real ni menos cruel. El derecho a solicitar y recibir asilo es universal. No está condicionado por el color de piel, la edad, el género, las creencias o el lugar de nacimiento. El respeto de los derechos de las personas refugiadas no está abierto a la interpretación ni a la negociación.

Esta crisis nos pondrá a prueba. La capacidad de los países vecinos para acoger a las personas refugiadas ya está en peligro. Un conflicto prolongado caracterizado por la brutal falta de respeto al derecho internacional humanitario que hemos observado en el último mes puede matar, aterrorizar y desplazar a millones de personas más. La única manera de resolver esta crisis es que la guerra termine. Pero mientras el número de personas que huyen sigue aumentando, tanto ellas como las personas que los acogen necesitan y merecen nuestro apoyo. Se necesitará más – para los Estados, para las personas refugiadas, para las comunidades locales – e insto a la comunidad internacional a que se asegure de que se realice.

La guerra en Ucrania ha generado un enorme sufrimiento, pero también ha inspirado actos de gran valor, generosidad y compasión. Garantizar el apoyo continuo a sus víctimas inocentes es vital si queremos evitar que esta crisis se convierta en una catástrofe.

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