Discurso del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, en el Evento de Ciudades Solidarias en Antigua Guatemala

Gobernadores y alcaldes, señoras y señores, miembros del MIRPS, invitados especiales y, a todos, buenas tardes.

Es para mí un gusto inmenso estar de vuelta en Guatemala después de 4 años y poder estar aquí con todos ustedes en el marco de la Reunión Anual del MIRPS.

Acabo de cumplir una muy buena visita a este maravilloso país, después de estar en México y El Salvador. Esta gira me ha permitido constatar muchos avances en esta región, prácticas y políticas innovadoras e integrales para la protección y la inclusión de las personas en situación de movilidad humana. He visto el verdadero impacto del MIRPS y como, después de estos 4 años, la plataforma ha promovido la protección e impulsado el desarrollo de soluciones concretas y prácticas para las personas desplazadas forzosamente en Centroamérica y México.

He apreciado como el MIRPS es necesario hoy más que nunca. Es preocupante la magnitud y la complejidad de los movimientos de personas atravesando esta región. Existen diversas necesidades de protección, ya que muchas de ellas vienen huyendo de la violencia de las pandillas y grupos del crimen organizado. Encontré familias durante mi viaje que tienen mucho miedo. Algunos viven situaciones de verdadero terror. La situación está aún más complicada por el impacto de la COVID y, desafortunadamente, ha servido de excusa para restringir las políticas migratorias permitiendo expulsiones masivas. Por cierto, me impresionó, por ejemplo, la cantidad de personas retornadas que vi en el avión que me llevó desde México a El Salvador.

Aquí en Guatemala, he podido ver pasos importantes que reflejan un alto compromiso que coincide con la generosidad y la hospitalidad del pueblo guatemalteco. Y de sus ciudades. Esto, lo pude apreciar hace unos días en el departamento del Petén, un lugar donde confluyen dinámicas de salida, de tránsito, de cruce y de recepción.

La alcaldesa de Flores, como también el alcalde de Villanueva, donde fui ayer, tienen una visión muy clara y muy definida de cómo integrar a las personas que llegan a su municipio. Ellos, al frente de la municipalidad, buscan darles oportunidades para reconstruir sus vidas. Creen en una niñez distinta, desarrollada en la base de principios y derechos. Gracias a Mayra, Javier y muchos otros y sus equipos, los refugiados han encontrado oportunidades laborales y con ello también contribuyen a la economía local. Mayra, aprovecho de esta ocasión para darle las gracias una vez más, para la llave de su ciudad.

El alcalde Carlos Kuylen me habló de la larga tradición de acogida de San Benito y de su deseo por ofrecerles un alojamiento digno para todos en su comunidad y hacerles sentirse en su casa. Se habla mucho de flujos y de movilidad humana, pero Mayra, Javier, Carlos y todos ustedes, nos hablan de personas, y de sus necesidades como seres humanos. No siempre escuchamos un discurso tan humano como el de ellos, donde el enfoque se centra en las personas y no en los números.

Quiero agradecerles a las autoridades municipales y de las gobernaciones la implementación de programas y proyectos que favorecen directamente y sin distinción, a las personas refugiadas generando oportunidades para su inserción laboral; el acceso a la educación de sus hijos e hijas; la capacitación y certificación técnica; la asesoría para el emprendimiento; la atención médica y la salud; entre otras buenas prácticas que hacen vivo este modelo de “Ciudades Solidarias”.

Reina me compartió su experiencia en San Benito. Después de dos meses, ella ha aprendido a coser y ahora forma parte de un emprendimiento de mujeres vendiendo mascarillas. También participa a actividades de la comunidad para combatir la violencia contra la mujer. Su energía es contagiosa y debe ser una motivación para nosotros.

Pese a la adversidad, los retos constantes de la pandemia, los desastres naturales y todos aquellos problemas que aquejan a las comunidades, estamos convencidos que la colaboración intersectorial, el liderazgo de las instituciones del Estado y la participación de las personas es crucial para generar esperanza y ofrecer respuestas específicas, creativas y exitosas desde la responsabilidad compartida y el respeto a la dignidad humana. Solamente al trabajar juntos y unidos podemos generar las respuestas necesarias que garanticen la inclusión como una ruta certera para la protección.

Muchas gracias.